16 de mayo de 2018
16.05.2018

Darse cuando no te miran, y sin esperar nada a cambio

16.05.2018 | 01:32
Darse cuando no te miran, y sin esperar nada a cambio

Hoy les saludo de nuevo esperando estén ustedes fenomenal. Algo que, no cabe duda, es un muy importante paso para dedicarnos a otros temas. Y es que si no estamos bien, tanto en lo tocante a la salud física y psíquica, como a los elementos de contexto que nos rodean, a veces es difícil poder centrarse en mucho más. Por eso, reitero, un primer deseo para todos ustedes, en línea de que se encuentren bien. Y, fíjense, de lo que quiero hablarles hoy tiene bastante que ver con esto. Con cómo nos encontramos. Con estar bien con uno mismo, en el sentido más general. Algo que está relacionado con sentirse en paz con uno mismo y con los demás. E incluso, si me apuran, con el sentido de nuestra propia vida. Y es que, ¿qué podemos hacer con este regalo que nos dan?

Saco a esto a colación a raíz de un par de conversaciones que tuve ayer, antes de escribir estas líneas, sobre organizaciones que realmente aprenden, y que de forma consciente y más allá del envoltorio buscan la excelencia en lo que hacen, independientemente de los intereses particulares de quienes las forman y -esto todavía suele ser más sorprendente- de los de quienes ostentan su titularidad. Hablábamos de esas organizaciones, que verdaderamente tienen la capacidad de conformarse a sí mismas y estar continuamente cuestionándose y reinventándose, comandadas por líderes visionarios que buscan rodearse de los mejores, aunque les enmienden la plana y les cuestionen. Y esto, claro está, de forma muy disruptiva respecto a lo que se ve muchas veces en otro tipo de entornos, absolutamente más planos y grises. Reflexionábamos sobre todo ello y, en particular, sobre el "darse" en el trabajo y, por extensión, en la vida personal.

Alguien, entonces, sacó una frase atribuida a Bob Cousy, uno de los pioneros del basket norteamericano y considerado como uno de los mejores jugadores en su puesto . Cousy, hablando de la capacidad de esfuerzo y sacrificio de un jugador de baloncesto, aconsejaba: "Da lo mejor cuando nadie esté mirando. Si haces eso, puedes ser exitoso en cualquier cosa que te propongas".

Y les confieso que la apunté, porque me gustó. Fue entonces cuando me di cuenta de que, aunque quizá no lo había escuchado antes verbalizado de esa forma, este es un elemento que para mi distingue a personas que verdaderamente acometen proyectos exitosos, desde su propio entendimiento, y que no alzan constantemente la vista para intentar brillar en su desempeño, sino que focalizan sus esfuerzos en su propia dedicación, método y, casi lo más importante, criterio.

Y es que para tener tal éxito, uno de los factores clave es no distraerse. El halago, para empezar, debilita. Y la crítica muchas veces puede estar basada en el desconocimiento o, aún peor, en intereses particulares. Por eso si basas tu trabajo en tu propio entrenamiento, en el aprendizaje y en la mejora de tu propio desempeño, quizá tengas más boletos para que te vaya bien cuando verdaderamente llegue el momento de demostrarlo. Cousy lo tenía muy claro en la cancha. Y la reflexión que en mi suscita es que tal cuadrilátero, en sentido figurado, puede llevarse a muchas más facetas del desempeño profesional o personal.

Darse es importante. Poner lo mejor de uno. Empeñarse en los resultados, sin perder de vista los objetivos. Y, a la vez, permear paz y amor, tratando al otro con el cariño que merece todo ser humano, mucho más allá de los odios profundos a los que nos acostumbra una actualidad trepidante y trufada de puñaladas traperas. Miren, no se engañen... En cien años, todos calvos. Y, o tratamos de hacer las cosas lo mejor que podamos y sepamos, de forma inclusiva, o nos estaremos complicando innecesariamente la vida. Si, además, procuramos que a los demás también les vaya bien, y somos estrictos en los valores irrenunciables que nos hacen verdaderamente personas, mucho mejor. Esas son para mí las claves de cualquier triunfo personal, más allá de lo basado únicamente en lo crematístico -pobre éxito- o del siempre efímero y traicionero reconocimiento social.

Si nos damos debajo de los focos, estaremos dispersándonos. No nos centraremos, y seguramente lo que hagamos tenga otros fines, diferentes a los que decimos perseguir. Esto es claro en el deporte, sí, y ejemplos hay muchos y algunos a alto nivel muy cerca de nosotros. Pero sirve para mucho más. Si nos lo creemos, podremos construir algo grande. ¿Aplicamos esto a la política, por ejemplo? Fíjense que tal planteamiento tendría muy importantes consecuencias inmediatas en ese ámbito, hoy de papel cuché -la RAE prefiere este término que "couché"-, basado fundamentalmente en la imagen y en los focos, los focos y, también, a veces, en los focos...

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