25 de mayo de 2019
25.05.2019
La Opinión de A Coruña

Lo que se decide en Europa

24.05.2019 | 21:19

Los medios germanos hablan de Schicksalswahl: de unas elecciones, las europeas, en las que los ciudadanos nos jugamos el destino del continente, amenazado por el nacionalpopulismo.

¿Triunfarán, se preguntan, quienes apuestan por una Europa progresista y abierta al mundo o se impondrán las fuerzas oscuras del nacionalismo xenófobo que vemos con preocupación avanzar en muchas partes?

El francés Emmanuel Macron, acosado como está en su propio país por el movimiento de los chalecos amarillos, que le consideran "el presidente de los ricos", pretende liderar en el próximo Parlamento a las fuerzas más claramente europeístas.

Frente a él, el hombre fuerte de la derecha italiana, Matteo Salvini, aspira a encabezar una alianza de los "pueblos y las naciones" de Europa, en la que estarían la mayor parte de las ultraderechas: desde la Agrupación Nacional de la francesa Marine Le Pen hasta nuestro Vox.

Es en cualquier caso exagerado plantear los comicios de este fin de semana en términos casi apocalípticos, como una batalla entre las fuerzas del bien y del mal: todo es en el fondo mucho más prosaico.

Entre otras razones porque quienes los que gobiernan nuestros países han logrado poco a poco que la UE funcione casi exclusivamente en términos mercantiles, de puros intercambios económicos, de Producto Interior Bruto.

Pero hay con todo diferencias: el candidato del Partido Popular Europeo, el alemán Manfred Weber, de la CSU bávara, parece considerar un éxito la política económica de los últimos años -¡sin duda que lo ha sido para su país!- e insiste en la necesidad de que los demás sigan reduciendo su endeudamiento.

El cabeza de lista de los socialdemócratas europeos, el holandés Frans Timmermann, cree, por el contrario, que la política de austeridad impuesta por Alemania y todos sus socios, sin tener en cuenta la coyuntura de cada país, ha contribuido a reforzar en todas partes a la extrema derecha.

Y exige, al igual que los Verdes y los partidos a la izquierda de la socialdemocracia, que se concrete finalmente el "pilar europeo" de los derechos sociales, anunciado en su día por la Comisión, pero que dista aún mucho de ser realidad.

Una de las muchas razones por las que la idea de Europa no ha conseguido hasta ahora entusiasmar a los ciudadanos es que no ha prosperado, sobre todo por resistencias de Berlín, la idea de presentar listas europeas al Parlamento de Estrasburgo.

Las elecciones europeas siguen siendo sobre todo un asunto de cada país, que manda muchas veces a Estrasburgo a políticos ya amortizados o que no encajan bien en las listas a las elecciones nacionales y a los que hay que colocar en algún puesto.

Otro déficit democrático tiene que ver con la elección del presidente de la Comisión Europea, algo que decidirán los jefes de Estado y de Gobierno de los veintiocho (o veintisiete sin el Reino Unido) en principio de acuerdo con la mayoría obtenida en las urnas pero sin que el Parlamento tenga la última palabra.

¿Será el sucesor del luxemburgués Jean-Claude Juncker uno de los cabezas de lista que se presentan a las elecciones -como favorito se perfila el del grupo popular, Manfred Weber- o, por el contrario algún otro político cuyo nombre consigan acordar finalmente los dirigentes europeos, salga lo que salga del Parlamento, como quiere al parecer Macron?

La candidata ideal para muchos eurodiputados habría sido la comisaria saliente de la Competencia, la social-liberal danesa Margrethe Vestager, avalada sobre todo por su valiente lucha contra la evasión fiscal de las multinacionales estadounidenses.

Vestager no solo no se amilanó frente a Google o Apple, sino que plantó también cara a gobiernos como los de Irlanda y Holanda, los que más han ayudado a las grandes empresas a eludir impuestos en perjuicio de los ciudadanos europeos, o a los de Alemania y Francia, al vetar la proyectada fusión de Alstom y Siemens.

Pero el actual primer ministro danés, el conservador Lars Lokke Rasmussen, no quiere siquiera que su resuelta compatriota siga siendo la responsable de Competencia en la próxima Comisión, con lo que su nombramiento está de antemano descartado.

¡Es todavía mucho lo que hay que hacer para convencer a los ciudadanos de que la UE no es un simple mercado, una zona de libre intercambio de mercancías y servicios y de que merece la pena acudir a las urnas para rescatar los valores democráticos y sociales que deberían siempre inspirarla!

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