15 de agosto de 2019
15.08.2019
Un millón

Sánchez y el baloncesto

14.08.2019 | 23:42

No es que Pedro Sánchez refleje sus emociones, es que las amplifica. No estábamos acostumbrados a eso.

Felipe González contradecía su sentir. La primera vez que ganó las elecciones puso cara de haberlas perdido para contener las celebraciones en la calle y que no mosquearan al ejército y a las fuerzas de seguridad del Estado (en cuyos actos aún se abuchea a los socialistas). Ahí pudimos habernos dado cuenta de su capacidad para engañar, antes del referéndum de la OTAN. Aznar es inexpresivo o, más bien, uniexpresivo. Su rictus es malhumorado, pero „como político polarizado„ es capaz de irse al otro extremo en algo interpretable como risa. Zapatero tiene una gestualidad extranjera porque sus cejas de acento circunflejo le afrancesan la mirada. Rajoy se expresaba de cara para dentro: no moverse fue su acción de gobierno y no expresarse, su política de comunicación.

Sánchez expresa todo más porque viene del deporte de contacto, en el que se siente en propia carne y se amplifican las capacidades expresivas para que las vean los árbitros y el público. Hace años, en los diferentes deportes se practicaba una disciplina represora de dolores y emociones. Los deportistas, como héroes, eran estoicos y fajadores, pero ahora el deporte es la coartada y el espacio para la expresión más exagerada de las emociones y eso ha pasado del público al campo o a la cancha. Gracias a los futbolistas sabemos que los hombrones lloran (incluso de mentira) por "los colores". A un futbolista le duelen el blanco o el granate como a un político le duelen España o Cataluña y las entradas fuertes en el área duelen como una acción inesperada de la oposición. El futuro de la pantomima política es un combate por el título mundial de los pesos pesados en Las Vegas.

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