22 de agosto de 2019
22.08.2019

Rituales

21.08.2019 | 21:08

Entre las muchas diferencias (tampoco tantas) que separan a los seres humanos de sus parientes primates más próximos se encuentran rasgos físicos, como el del gran cerebro, rasgos funcionales como la locomoción bípeda o el lenguaje y rasgos mentales. Ni qué decir tiene que son estos últimos los que suelen invocarse como clave de la "verdadera humanidad" por mucho que los antropólogos prefieran centrarse en características menos dadas a la fabulación. Pero, además de especialistas en el estudio de nuestra especie, los antropólogos son también humanos y, por ende, caen a menudo en la tentación bien común de seguir hipótesis arriesgadas.

La discusión del momento en que aparecerían las ideas trascendentes, religiosas si se quiere, dentro de la evolución humana ha sido recurrente en el terreno de los estudios antropológicos. Pero, claro es, detectar pensamientos en el registro fósil o incluso en el arqueológico no es sencillo. Sin embargo, existen indicios relacionados con el tratamiento que se da a los difuntos que permiten apuntar hacia la idea del más allá. Las tumbas se llevan la palma: enterrar a los muertos parece una costumbre ligada al respeto hacia el fallecido pero también puede sugerir que, mediante tales prácticas, se está indicando la creencia religiosa de que haya algo que trascienda a la descomposición del cuerpo tras la muerte.

Solo dos especies entre las muchas que se han sucedido en la evolución humana enterraron a sus muertos: la nuestra, claro es „aunque no en todas las culturas existentes„ y la de nuestros primos más cercanos, los neandertales. No obstante, la presencia de tumbas se da por insuficiente: es necesario que en el enterramiento aparezcan signos del uso de rituales para que se piense que, además de ser una práctica higiénica, la tumba expresa algo de índole trascendente. Los neandertales no parece que decorasen sus tumbas „aunque durante un cierto tiempo se creyó detectar en ellas restos de flores„ pero, en ocasiones, la manipulación post mortem del cuerpo permite pensar en que se trata de un ritual.

Lo malo es que la misma manipulación podría entenderse de otra manera: como una práctica ligada al canibalismo. Por ejemplo, la reinterpretación hecha por María Dolores Garralda „una de las más reconocidas especialistas de todo el mundo en los neandertales„ sobre la mandíbula infantil de la Cueva del Castillo (Cantabria) indica que la lengua le fue extraída tras la muerte. ¿Práctica caníbal o ritual funerario? Los restos fueron vistos a principios del siglo XX como propios de los neandertales, tenidos entonces por monstruos brutales, pero el trabajo de Garralda atribuye al fósil, de 27.000 años, la pertenencia a nuestra especie. Somos más propicios a aceptar la presencia de rituales en tumbas de nuestros propios ancestros aunque tampoco habría que olvidar que el canibalismo es una costumbre bien extendida en la historia de nuestra especie.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook