12 de septiembre de 2019
12.09.2019
inventario de perplejidades

Enseñanzas de Lou Carnesecca

11.09.2019 | 23:53

Los éxitos deportivos de la juventud española (triunfo de Rafael Nadal en el abierto de Estados Unidos, rachas ganadoras de las selecciones de baloncesto y de fútbol...) dieron pie a que, quienes las protagonizaron como jugadores o entrenadores, hayan hecho algunas reflexiones muy interesantes sobre la forma de alcanzarlos. Por ejemplo, las del fabuloso atleta manacorí, que interrogado sobre la ambición, que los medios le atribuyen, de superar los logros de Federer y Djokovic, dos de sus rivales en la disputa del título oficioso de mejor tenista de la historia, contestó esto: "La ambición es buena, pero la ambición desmesurada es mala; cuando la ambición deja de ser sana creo que corres el peligro de dejar de ver el mundo de manera positiva". El empeño de los medios en especular sobre comparaciones históricas imposibles quizás se merecía una respuesta menos educada (entre otras cosas porque la historia no se detuvo cuando el señor Fukuyama tuvo el atrevimiento de afirmarlo) pero Nadal parece un chico bien educado y supo contenerse. Otra reflexión digna de subrayado fue la del seleccionador español de baloncesto, el italiano Sergio Scariolo, La crítica deportiva no auguraba nada bueno al combinado nacional en los campeonatos del Mundo a celebrar en China, dada la inevitable renovación por edad de jugadores importantes y la obligada ausencia, por lesión, de Pau Gasol que fue durante años el jugados sobre el que giraba todo el esquema táctico. Afortunadamente, Scariolo supo dar con la receta del cambio de personal sobre la base de lo que él llama "identidad ganadora". Una fuerza psíquica que permite que jugadores de menos consistencia física se conviertan en "pequeños supermanes" aptos para hacer frente a escuadras teóricamente más potentes. "El corazón te dice que pase lo que pase, competimos siempre „reconoce el italiano„ pero es el cerebro el que tiene que identificar lo que puedes y no puedes hacer. Todo cambia cada año. No estamos utilizando un solo sistema de juego. Por otra parte „concluye„ eso es lo que la sociedad demanda, la innovación constante manteniendo la identidad", Un planteamiento, digamos filosófico, que también resulta aplicable a la selección nacional de fútbol y a su joven seleccionador, inmersos también en un proceso de innovación sin merma de identidad. Justamente una identidad (el tiqui-taca famoso) que nos hizo conquistar un campeonato del mundo y dos campeonatos europeos. De aquella gloriosa escuadra ya apenas quedan en activo unos pocos supervivientes y, para más dificultad en la transición, el seleccionador es un joven ayudante de Luis Enrique que hereda el cargo ante la dimisión por dolorosas cuestiones familiares de su mentor, Un técnico que además nunca jugó al fútbol como profesional, una circunstancia que le equipara a Mourinho y Arrigo Sacci, dos entrenadores de éxito. Estas reflexiones sobre técnica, táctica y motivación me traen a la memoria el tiempo, ya lejano, en que mi amigo Pepe Auseré fue entrenador del Bosco coruñés cuando debutaba en la Primera División. Pepe estuvo ligado profesionalmente al Real Madrid y luego fue seleccionador nacional de juveniles. Era un estudioso del baloncesto y había participado en las enseñanzas técnicas ( clinics le llaman ahora) que impartió en España el legendario entrenador norteamericano Lou Carnesecca. Guardaba sus apuntes como oro en paño, sobre todo los referidos a tácticas defensivas. A partir de ahí se construye el resto.

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