18 de octubre de 2019
18.10.2019
inventario de perplejidades

Provocar a las bestias feroces

18.10.2019 | 00:18

Curioso personaje este Quim Torra, que ha llegado de rebote a presidente de la Generalitat (como su antecesor Carles Puigdemont). No iba de primero en la lista (ocupaba el puesto número 11 por Barcelona) pero la acumulación de ilegalidades en quienes le precedían, y su posterior renuncia, propiciaron el nombramiento. Para la política nacional, y aún para la regional catalana, era un perfecto desconocido y todo lo más un hombre de paja del huido a Bruselas. No obstante, la concienzuda indagatoria sobre su vida profesional encontró muy pronto premio al descubrirse unas opiniones suyas sobre los españoles como "bestias con forma humana que destilan odio", entre otras lindezas de corte indubitadamente racista. "En el norte en cambio (se refiere solo a Cataluña) la gente es limpia, noble, libre, culta y feliz". En fin, la Arcadia soñada. Todas estas memeces, y algunas más, fueron extensamente difundidas en debates parlamentarios, y foros periodísticos, sin que el aludido se diera por enterado y menos todavía pidiera perdón por los excesos. La circunstancia de que el máximo representante del Estado español en Cataluña (el Estado de las "bestias con forma humana", no lo olvidemos) opinase de esa forma sobre sus representados debería haber servido para que presentase inmediatamente su dimisión, pero no lo hizo y desde entonces cobra una importante nómina y viaja en coche oficial sin que le caiga la cara de vergüenza. Es más, tal parece que le ha cogido gusto al cargo y desde ese alto sitial se permite todo tipo de insensateces. Como cuando alentó públicamente a los Comités de Defensa de la República non nata (CDR) a apretarle las tuercas a la Administración española así como a cortar carreteras y ocupar vías de ferrocarril en sus acciones de protesta. O como cuando anuncia la convocatoria de un nuevo referéndum de autodeterminación y hasta de una nueva declaración unilateral de independencia. La persistencia de Torra en desafiar a las "bestias con forma humana" raya en la temeridad porque ya se sabe cómo se las gastan esa clase de fieras cuando se las provoca demasiado y desde demasiado cerca. Y su última comparecencia pública para pedir el cese de una violencia callejera que él contribuyó no poco a alentar no abandona esa línea argumental. Según dijo Torra, el pacifismo independentista supo derrotar a la violencia del Estado español en octubre de 2017 y volverá a hacerlo muy pronto en cuanto esté redactada la Constitución de la futura República catalana, un texto que no tardará mucho en ver la luz. En cualquier caso, la idea de un supremacismo catalán dentro del reino de las "bestias con forma humana", no es exclusiva de Torra, ni tampoco del huido Puigdemont. En un canal de televisión que dedica amplio espacio al procés y a su deriva, le he oído decir a un veterano periodista adscrito al independentismo que Cataluña no podía conformarse con un Estatuto como el que rige en otras comunidades autónomas porque desde un punto de vista cívico va muy por delante de ellas. Un sentimiento que ya afloraba durante el franquismo cuando se decía que el Barça era algo más que un club de fútbol y quizás un proyecto encubierto de Estado.

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