18 de abril de 2020
18.04.2020
La Opinión de A Coruña

Futuro

18.04.2020 | 00:04
Futuro

Dado que los entretenimientos en estado de prisión domiciliaria tienen un límite, en especial si lo único que te interesa de la televisión son las películas y te has hartado ya de consultar las cifras del coronavirus cada media hora, a quienes se conocen como los intelectuales les ha dado por imaginarse cómo va a ser el futuro.

No deja de ser paradójico que nos pongamos a pensar en el mañana cuando el ayer inmediato nos acaba de enseñar que ninguna de las previsiones que teníamos en mente respecto de los problemas que llamaban a la puerta -desde la contaminación de las grandes ciudades al dispendio de los combustibles fósiles- ha resultado tener ni la menor importancia al cabo. El apocalipsis venía a caballo de una montura muy distinta. De hecho, nadie tiene ni la más remota idea de lo que nos espera en los próximos meses salvo la convicción de que puede ser peor de lo que damos por supuesto. Pero, ya digo, los futurólogos abundan y, a falta de mayores ocupaciones, nos da por leer lo que sostienen.

Como no podía ser de otra forma, los consultores de la esfera mágica se dividen en roussonianos y hobbesianos, igual que viene sucediendo desde hace siglos. Los seguidores de Rousseau invocan la naturaleza benéfica de la humanidad para predecir que de esta catástrofe saldrá un mundo más justo y solidario. Quienes creen, de la mano de Hobbes, que somos lobos para con nosotros mismos, se aterran ante el abandono aún mayor de los más desfavorecidos. Pero todos temen que, en el fondo, el futuro se nos dé una higa porque no vaya a tener mucho recorrido. Que la sociedad que conocemos, con sus claves, se haya ido al carajo. Y entonces llegan no ya las lecturas futuristas sino la provisión de remedios, las advertencias acerca de lo que debemos hacer para salir de ese vacío hacia el que nos precipitamos. De nuevo, un entretenimiento inútil porque ninguna solución sirve de nada si no existen quienes deberían ponerla en marcha. El virus nos ha atrapado con lo que llamábamos liderazgo que no está de vacaciones, si no en el paro. Pero entre todas las admoniciones propias de un catecismo que he podido leer, la más curiosa llega de la mano de un paleontólogo de mucha fama que habla todo el tiempo en términos de especie de nuestro pasado -claro es- y también de nuestro futuro. Como si la pertenencia a Homo sapiens no tuviese ni la más mínima capacidad de proporcionarnos reglas para nada. Por definición, una especie es un conjunto de organismos que forman una comunidad reproductivamente aislada de los demás grupos. Estamos como para pensar en una sola especie cuando entre la Europa del norte y la del sur comienza a haber la misma diferencia que había entre Nueva York y la Amazonia. Si el futuro llega, que ya veremos, no es nuestra especie la que debe preocuparnos. Es el Covid-20. Con la esperanza de que nos coja confesados.

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