08 de junio de 2020
08.06.2020
La Opinión de A Coruña
Crisis del coronavirus

Covid-19: ¿Problema médico o logístico?

El teniente general Alfredo Cardona Torres analiza aspectos de la expansión de Covid-19 en España

08.06.2020 | 18:54
Autoridades revisan un avión con material sanitario.

Intentaré en este análisis acercarme a algunos aspectos del problema específico de la expansión del Covid-19, en España, tratando de ser lo más aséptico y objetivo posible porque lo que no busco, en absoluto, es hacer crítica política, sino proporcionar información para que sean ustedes quienes saquen sus propias conclusiones.

Quiero también reivindicar el derecho que tenemos como ciudadanos a recibir la adecuada información, tanto en cantidad como en calidad –referente en este caso a la trágica pandemia que nos afecta– procedente de las autoridades que en cada nivel administrativo tienen como responsabilidad evitar este tipo de catástrofes o por lo menos disminuir al máximo sus dramáticos efectos mediante la adecuada anticipación.

Los ciudadanos tenemos derecho, también, a exigir a nuestros políticos, cualquiera que sea su nivel en la Administración, y sin importar el color de los partidos, que nos garanticen que van a dedicar todo su esfuerzo a identificar cuántos aspectos negativos se vayan detectando, tanto en la fase previa al inicio de la pandemia, como durante su lucha contra la misma una vez desencadenada. Todos los niveles políticos están absolutamente obligados a extraer, una por una, cuantas lecciones deban aprenderse del proceso actual para adaptarlas a los indispensables planes futuros que se elaboren para hacer frente a situaciones similares logrando resultados menos demoledores.

Y, como no puede ser de otra manera, tenemos también el derecho de acudir a los tribunales, si llegamos a la conclusión de que ha habido algún tipo de negligencia, en la gestión de la crisis, que pueda dar lugar a responsabilidades administrativas o penales.

Datos objetivos

Creo que es importante, antes de continuar, fijar una serie de datos objetivos, que, en mi opinión, son difíciles de cuestionar. Son los siguientes:

a) Es un hecho que las competencias en materia de Sanidad, en España, desde hace años, están totalmente transferidas a las comunidades autónomas, las cuales se muestran, además, muy celosas de las atribuciones que se derivan de ello. Son, por tanto, las comunidades autónomas, todas ellas, las primeras responsables de garantizar la seguridad sanitaria de sus ciudadanos. Disponen para ello de los necesarios presupuestos, plantillas de personal, e infraestructuras. Partidas que casi siempre se consideran insuficientes, lo cual es explicable, pero no exime a cada nivel administrativo de la responsabilidad adquirida, para con sus ciudadanos.

b) Cuando una catástrofe, del tipo que sea, trasciende el nivel autonómico, la responsabilidad de su control recae en el Gobierno central, que deberá hacerse cargo de su gestión y coordinarla a nivel nacional.

c) Para cubrir con eficacia las situaciones que se derivan de los dos puntos anteriores, tanto el Gobierno central como las comunidades autónomas están obligados a elaborar y mantener al día los oportunos planes de contingencia. No hacerlo sería una gravísima imprudencia, susceptible de responsabilidad civil o penal.

d) La posibilidad de que nuestro mundo sufra epidemias o pandemias no es una quimera edificada por insensatos o visionarios, sino una amenaza absolutamente real, de la que, desde hace mucho tiempo, vienen advirtiendo numerosos científicos y expertos en diferentes foros y publicaciones.

Ningún político ni ningún técnico serio deberían refugiarse, para eludir su responsabilidad, en el triste, pueril y poco elegante argumento de que «nadie se esperaba en España una cosa así». Hacerlo, en mi opinión, es un pobre recurso, que en muchos casos solo busca eludir responsabilidades, adoptando una postura de «balones fuera» que dice muy poco de la gallardía de quien la emplea a la hora de reconocer sus propios fallos. En España hemos tenido varios avisos muy serios de que la aparición de una pandemia era una amenaza absolutamente real. Entre ellos, recordemos:

-La 'gripe española', en el año 1918, que causó más de 200.000 muertos en España (unos cuarenta millones en todo el mundo).
–La amenaza del SARS, en el año 2003.
–El conato de la gripe aviar, en el año 2006.
–La amenaza del ébola, en el año 2014.

Los errores ajenos no consuelan

Todos ellos, y quizás algunos más que pueda dejarme en el tintero, junto con otros que, afortunadamente, no afectaron a España, pero sí a otras zonas del nuestro planeta, son suficientes llamadas de atención para que nadie se dé por sorprendido.

Para el Gobierno central, para los gobiernos autonómicos y para los expertos, el Covid 19, jamás debió ser una sorpresa.

Tampoco me sirve la excusa de que algo parecido haya ocurrido en otros países: sus errores ni me consuelan ni me hacen entender ni perdonar nuestros fallos. Unamuno decía, con acierto, que: «Quien lo comprende todo, no comprende nada y quien lo perdona todo, no perdona nada». En esto, estoy con él.

e) En España, la posibilidad de una emergencia nuclear en cualquiera de nuestras centrales está perfectamente estudiada y existen planes muy detallados para hacerles frente, tanto a nivel nacional como local. Dichos planes se encuentran a disposición de cualquier ciudadano, en Internet, con solo poner en el buscador «planes de emergencia nuclear».

La posibilidad de un accidente nuclear de envergadura se considera absolutamente remota y de muy improbable materialización en nuestro país, y, sin embargo, ello no ha sido obstáculo para desarrollar un importante número de planes de prevención. Lo cual demuestra palpablemente que el hecho de que una amenaza sea una hipótesis lejana no es excusa para dejar de elaborar de manera anticipada los correspondientes planes de contingencia o emergencia.

¿Se ha hecho lo mismo con los planes para contrarrestar una expansión vírica explosiva?

f) Eventos como la masiva manifestación independentista en Perpignan, a finales del mes de febrero; las mascletàs y demás actos falleros de masas, celebrados en Valencia, a lo largo de los primeros días de marzo; la reunión de Vox en Vistalegre; los viajes de jugadores e hinchas deportivos entre Italia y España y, sobre todo, las manifestaciones feministas del 8 de marzo celebradas a lo largo y ancho de nuestra geografía, sin duda y en opinión de muchos expertos, contribuyeron a un dramático incremento de contagios en unos momentos en que el virus ya estaba firmemente presente en España.

g) Otro aspecto que ofrece poco margen para la discusión es el del carácter de la crisis del coronavirus en España.

Gravísimo problema de logística

La realidad de la secuencia de su expansión demuestra que no ha sido un problema de índole exclusivamente sanitaria. Si exceptuamos la carencia de una vacuna, estamos ante un virus, para cuyo tratamiento nuestro personal sanitario ha demostrado estar bien preparado y conocer lo suficiente sobre las pautas a seguir con las personas contagiadas. La causa de la tragedia del coronavirus en España, en mi opinión, más que un problema médico –o además de él– ha sido un gravísimo problema de logística.

Las consabidas carencias de material individual de protección de todo tipo; las carencias de materiales vitales como los respiradores; las carencias de plazas hospitalarias de atención intensiva y el largo período de tiempo que se ha tardado en resolver todo ello, constituyen, insisto, un problema más logístico que médico.

La Logística es una ciencia que hasta hace relativamente poco tiempo estaba relacionada, de forma casi exclusiva, con las operaciones militares, pero que, actualmente y como consecuencia de la globalización del comercio de un gran número de empresas civiles de todos los países, ha tenido un desarrollo exponencial, convirtiéndose en una actividad vital para las mismas. Se divide en varias funciones, una de las cuales es la relativa al abastecimiento, que trata del conjunto de acciones necesarias para que determinado producto sea movido desde los lugares donde es fabricado hasta dejarlo en manos del usuario final, dentro de los plazos requeridos en cada momento. Incluye el estudio de los medios de transporte necesarios para establecer el volumen de los flujos que en cada momento se requieran, así como del establecimiento de una adecuada acumulación previa, cuando se prevé que el ritmo de fabricación o de transporte no serán suficientes para atender una demanda puntualmente disparada –en otras palabras, se trata de la creación de los stocks necesarios, con la debida anticipación–.

h) El 24 de febrero pasado viajé a Madrid, con ida y vuelta el mismo día, e intenté aprovechar el tiempo libre para adquirir mascarillas protectoras y un gel desinfectante para mi uso personal. En todas las farmacias que visité, los dependientes que me atendieron coincidieron en citar dos cosas: que los productos que les requería estaban totalmente agotados y que no pensaban que se les suministraran en un breve plazo, debido a que tenían la percepción de que los fabricantes en España los estaban vendiendo a países extranjeros. De tal posible venta no puedo dar fe, pero lo que sí es indiscutible es que aquel día –recuerdo: 24 de febrero pasado– ya no había, en Madrid, existencias de mascarillas ni desinfectante, lo cual indica que los madrileños en tal fecha ya tenían una conciencia perfectamente clara sobre la necesidad de protegerse ante algo terrible que les venía encima. Parece demostrable, además, que simultáneamente se daba el mismo desabastecimiento a lo largo y a lo ancho de nuestra geografía.

Dejo constancia de ello porque es una prueba clara de que, en fecha tan temprana los ciudadanos de a pie, el pueblo llano, ya teníamos una preocupación perfectamente definida sobre la amenaza que se cernía sobre nosotros.

¿Qué debemos hacer, los ciudadanos ante la situación actual?

En mi opinión, tanto para llegar al fondo de lo que ha ocurrido hasta ahora, como para poner las primeras piedras del edificio preventivo que nos proteja de futuras situaciones similares, los ciudadanos comprometidos con nuestra sociedad debemos exigir tanto a los gobiernos de nuestras comunidades autónomas como al Gobierno central que nos muestren los planes de contingencia o emergencia que tenían preparados para enfrentar una pandemia similar a la que está atacando la salud de los españoles y destruyendo su economía. Supongo que también este será uno de los primeros requerimientos que harán los jueces encargados de seguir los procedimientos legales consecuencia de las numerosas denuncias y querellas que los afectados por el Covid-19, o sus familiares, están presentando.

Plan de contingencia

El aspecto logístico es una de las partes más importantes, que todo plan de contingencia debe incluir. Habitualmente, se adjunta al cuerpo del plan como un anexo extraordinariamente detallado que comprende todas las facetas logísticas, que son muchas y que deben estar previstas y estudiadas en el mismo. Sin logística, no hay plan.

Los problemas de abastecimiento que he mencionado antes son relativamente fáciles de anticipar y tampoco es difícil hacer las oportunas previsiones, para que antes de que se materialice la crisis, se hayan creado las reservas estratégicas oportunas. Luego, puede ocurrir que, a pesar de todo, la entidad de la pandemia supere lo previsto; pero aun así, si tenemos una base de partida sólida, será mucho más fácil reaccionar y controlar con mayor eficacia sus efectos.

En todo este proceso, no por elemental, es menos vital, por ejemplo, tener perfectamente identificadas las empresas que fabrican material de protección sanitaria a nivel nacional y/o internacional y tener previsto, que tras un corto preaviso –en el caso de las empresas nacionales– sean capaces de incrementar su producción y dirigirla en apoyo al esfuerzo que la sanidad española esté realizando.

¿Estaban identificadas?, ¿contamos con las herramientas legales necesarias para obligar a determinadas empresas a reorientar su producción en caso necesario? Si todo ello no estaba escrito y previsto, mal asunto y si lo estaba: ¿qué falló?

Es probable que alguno de los lectores piense que decir esto «a toro pasado» es muy fácil. Con todo mi respeto a esta posible opinión me gustaría clarificar que lo que he manifestado en este artículo, fundamentalmente relacionado con la logística, no es ciencia-ficción, ni algo sumamente complicado. Para cualquier experto en Logística o en planificación es algo absolutamente básico que no representa más que un problema fácil de resolver. Pero, para ello, hay que saber y querer€ y estar en lo que hay que estar.

¿Cómo contemplaban los planes de contingencia del Gobierno central y de cada comunidad autónoma –quiero pensar que existen, en ambos niveles– todos los aspectos logísticos que acabamos de mencionar y que tantos problemas han causado?

Tenemos derecho a saberlo, por eso debemos exigir que se publiquen. Tenemos derecho a ver los planes, que además en este caso no tienen en su contenido nada confidencial. Sería terrible descubrir que no los había; que los había, pero no estaban actualizados o eran insuficientes; o que habiéndolos y estando actualizados, no se pusieron en práctica por alguna razón que se nos escapa y que también queremos que nos expliquen.

Yo quiero ver los planes. ¿Y ustedes?

**Alfredo Cardona Torres. Teniente general (R) y licenciado en Derecho. Ha tomado parte en actividades de planificación operacional y estratégica durante los últimos 14 años.

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