Antón Lamazares: “Me hice pintor ante el Pórtico de la Gloria”

Una exposición en el Centro Galego de Arte Contemporáneo repasa los 50 años en la pintura del artista lalinense a través de 230 obras

Antón Lamazares ante obras de su exposición en el CGAC, abierta hasta el 5 de mayo. |   // ANTONIO HERNÁNDEZ

Antón Lamazares ante obras de su exposición en el CGAC, abierta hasta el 5 de mayo. | // ANTONIO HERNÁNDEZ / Xabi Sanmartín

Xabi Sanmartín

“Soy de los pintores que me hice pintor mirando el Pórtico de la Gloria... Compostela es una maravilla, paseas, sueñas con las cosas. Es la primera vez que hago una revisión de mis 50 años”, explicó ayer Antón Lamazares cuando, tras 100 minutos guiando a la prensa por el CGAC, se quedó a solas ante su obra, el comisario de la muestra, António Gonçalves, y la técnica del museo, Carmen Hermo. Ahí, Lamazares, sonreía, feliz de pasear comentando su arte, su vida, sin frontera entre el caballete de sus días y el de su taller.

Santalices, Olmo, Rodríguez, Lamazares y Gonçalves. |   // A. HERNÁNDEZ

Santalices, Olmo, Rodríguez, Lamazares y Gonçalves. | // A. HERNÁNDEZ / Xabi Sanmartín

Horas antes de inaugurarse ayer en el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) la exposición sobre Antón Lamazares (Maceira, Lalín, Pontevedra, 1954) y sus 50 años en la pintura, el protagonista viste abrigo de espiguilla fina y bolsillo cedido, solapa alta, chaqueta oscura con raya fina, boli al bolsillo, gafas ligeras, zapato gris de punta y verbo con humor. Sin prisa, Lamazares habla acompañado del director xeral de Cultura, Anxo M. Lorenzo; del director del CGAC, Santiago Olmo y del citado comisario luso.

Antón Lamazares. Aún es de día (1973-2023), muestra abierta hasta el 5 mayo, baña el CGAC entero, de arriba abajo. “En esta exposición las obras se cruzan y se relacionan. El gesto de Lamazares pasa a ser un gesto continuo, vemos como va evolucionando la presencia de la pintura con palabras que ayudan a recordar que la poesía está presente en la exposición”, aclara Gonçalves.

Maderas, cartones, telas, cuerdas, tamaños grandes, breves, medios, ríos, flores, arena, siluetas (nunca evidentes), palabras, poemas y hasta un alfabeto propio, el Delfín, “cristiano y labrador”, explica Lamazares, todo ello entrevera este viaje por el Lamazares persona, palabra escrita con p de pintor y poeta, incluso antes de que él mismo lo supiera.

“Siempre me gustó escribir y todavía lo hago pero ahora menos”, cuenta el artista lalinense en medio de una exposición que desanda la biografía de quien tuvo por confesos referentes iniciales a Laxeiro y Manuel Pesqueira, faros de su sueño.

“Hice la mili en Ferrol en 1976, lo pasé muy mal y gracias a la pintura pude salir adelante. Luego, en 1977 llego a Madrid, donde mantengo taller desde entonces. Tuve también en 1977 un taller en A Estrada, en una aldea, allí puede trabajar al aire libre”, relata, saltando en su vida según brinca la mirada de una obra suya a otra, de una hoja del calendario a otra. “En 1972 viajé en autostop a las afueras de Londres, a Rochester para recoger fresa, y el primer fin de semana fui a visitar la Tate Modern y me estalló la cabeza. Vi cuadros de Van Gogh que solo conocía por fotos de libros en blanco y negro, vi a Bacon y otros muchos; por entonces en España había muy pocas exposiciones y la pintura no se puede aprender en los libros... En 1977 decidí ser pintor... o morir”. Taxativo, decidido, aquel Lamazares de 23 años, se agarra a los lienzos y pinceles, crea su propio barco de vela, el arte como mar.

Visto aquel ayer desde hoy, tras pintar costas que otros anhelan, Antón no quiere dormirse en el canto de sirenas. “Hasta hace poco era imposible vivir de la pintura en Galicia y aún hoy es muy difícil”, asegura el que también ha vivido/creado en Vilagarcía (la muestra tiene una serie de piezas de entonces), Barcelona, Nueva York (dos años con una beca Fulbright), Salamanca, Berlín (2004-2016)... mapa con huella en la exposición. Antón contesta a lo que le preguntan y a sí mismo al verse interpelado por ese otro yo que son sus cuadros, y, a ratos, regala asertos, ambiguos, y no. “Miró decía que desde Altamira la pintura está en decadencia, y no es una tontería”, suelta.

La muestra, que incluye 230 obras, refleja también su conexión con poetas como Carlos Oroza y Uxío Novoneyra, y hasta una emotiva reivindicación de las raíces familiares en un cuadro sobre un 24 de diciembre, Nochebuena y San Deflín.

En la apertura oficial de esta retrospectiva, el conselleiro de Cultura, Román Rodríguez, definió a Lamazares como un autor “que no encaja en ninguna categoría porque es único e icónico”. Y añadió: “Tiene una trayectoria definida por alejarse de las obras cómodas y apoyarse en la singularidad.... Es un peregrino del arte con espíritu nómada y aventurero, que es un referente para los nuevos creadores gallegos” indicó durante un acto que también contó con la asistencia del presidente del Parlamento, Miguel Ángel Santalices; o del alcalde de Lalín, José Crespo, entre el centenar de personas que asistieron a abrigar al artista gallego, que durante la jornada de ayer dejó frases sueltas, como versos, que resumen (o no) su forma de ver el arte y la vida: “Las ciudades, las aldeas las casas, te obligan a mover la mente... y hay cuadros donde hay flores, agua, río, cosas simples que hablan mucho”, apostilló un pintor que tiene entre sus inquietudes “la búsqueda de la simplicidad”, según reseñó el comisario de la muestra.