26 de mayo de 2018
26.05.2018
Estallido mortal en el Baixo Miño El procedimiento judicial

El juez imputa al dueño del 'almacén bomba' riesgo catastrófico, dos homicidios y estragos

Decreta libertad para Francisco González a pesar de la oposición de la Fiscalía - El investigado dijo que guardaba en la nave una tonelada de potasio que compró en Israel

26.05.2018 | 10:35
Francisco González, a su salida ayer de los juzgados.

Dos delitos de homicidio por imprudencia por la muerte de Abdlalak y Sora Hailas, daños y lesiones imprudentes a los que se suman el ilícito de riesgo catastrófico en la modalidad de provocado por explosivos y otros agentes. Estos son los delitos por los que el Juzgado de Instrucción nº1 de Tui decidió continuar el procedimiento penal contra Francisco González Lameiro, el empresario pirotécnico y dueño del polvorín clandestino que causó la dantesca explosión en la parroquia de Paramos, en Tui, tras su paso a disposición judicial.

A pesar de atribuirle la presunta comisión de estos cinco ilícitos, que contemplan penas que oscilan entre los 3 y los 13 años de prisión, el juez no apreció riesgo de fuga o de destrucción de pruebas, fundamentos prioritarios para aplicar la medida privativa de libertad. Así, el titular de la sala instructora sí observó arraigo del detenido al municipio por lo que decretó para González Lameiro libertad provisional con la obligación de comparecer cada quince días en los tribunales.

El investigado se mostró "colaborativo", en palabras de su abogado, durante las cuatro horas de declaraciones. El hombres se puso a disposición de la Guardia Civil una vez se produjo el terrible estallido y participó con ellos en los primeros instantes de la investigación. Ésta se centra en averiguar si había o no explosivos en el almacén de Paramos. Y es que su declaración judicial, el hombre aseguró que guardaba nitrato de potasio y azufre -materias primas de la pólvora- así como cartuchos vacíos pendientes de rellenar pero que no había explosivos.

En concreto, Francisco González aclaró que contaba con 125 kilos de azufre frente a una tonelada de potasio. Esta elevada cantidad obecedería a una oferta del mineral que compraba directamente a una empresa de Israel. Mafiestó también que ambos materiales químicos no se manipulaban en la nave de Paramos pero que se encontraban allí de forma puntual porque no podía guardarlos en el almacén de Baldráns, donde tenía la empresa de pirotécnia La Gallega. La Guardia Civil tampoco descarta que en su interior se almacenasen grandes cantidades de combustible.

Tras su declaración, que se prolongó durante toda la mañana, la Fiscalía pidió para él la prisión provisional sin embargo el magistrado, dada la situación personal de arraigo y por lo tanto no apreciar riesgo de fuga, lo dejó en libertad preventiva bajo comparecencias quincenales.

Varios vecinos lo esperaban

Francisco González, que llegó esposado y cubierto con la capucha de una sudadera, reconoció sentirse "desolado", en palabras de su defensa, por la explosión mortal al lamentar que las casas destruidas son las de sus familiares -su sobrino José Luis residía en la casa colindante a la nave y fue trasladado a un centro médico aunque no estado no revestía gravedad- y vecinos.

En las inmediaciones del Juzgado le esperaba un grupo de aproximadamente medio centenar de vecinos en silencio, rotos por el dolor causado. A su salida, González Lameiro abandonó las inmediaciones del juzgado evitando hacer declaraciones; solo, cabizbajo, con la capucha puesta pero a cara descubierta.

Los delitos por homicidio imprudente, estragos y riesgo catastrófico que se le imputan al empresario pirotécnico provocaron dos muertos, Abdlalk y Sora Hailas, un matrimonio musulmán que deja a dos niños menores de edad huérfanos, 37 heridos, 33 familias en la calle, 120 viviendas con graves daños estructurales o completamente derruidas y más de 300 damnificados.

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