Shikamoo, construir en positivo

Armonía y edificación

23.04.2016 | 00:58
Armonía y edificación

Les saludo en este día de San Jorge -día de los Comuneros, patrono de Castilla y León y de Aragón- con un artículo escrito desde el siempre imponente paraje de la Laguna Negra, en la provincia de Soria. Un sitio especial, como tantos en la geografía de la península Ibérica, donde la vista se recrea y los sentidos se sosiegan. Una belleza, no exenta de cierta sensación de misterio y, en estos días, soledad. Luego vendrá el verano, los muchos visitantes que poblarán una vez más estos caminos, y se perderá un poco -transitoriamente- esta paz... Ahora, cuando me lean, ya estaré de nuevo en casa. Visita fugaz...

El tema de hoy, que me dispongo a compartir con ustedes, no es el de este paisaje natural que tantas veces nos fascina y cautiva. No. Precisamente mi inquietud hoy es cómo vamos modificando el mismo, llegando a urbanizarlo y a convertirlo en parte de nuestro escenario natural. No pienso tanto en las soluciones, diseños y planeamientos urbanísticos como en algo mucho más de detalle, ligado a la armonía del conjunto. Algo que veo cuando estoy en los Pueblos Blancos de Cádiz, en tantos enclaves castellanos como desde el que escribí estas letras, en esa tierra de castillos que es la provincia de Zaragoza o en las tierras volcánicas de La Garrotxa, en plena provincia de Girona. Toneladas de armonía en piedra que, en nuestra querida Galicia, tantas veces falta.

Y es que, miren, de pequeño me enseñaron que Galicia era bella. Y si uno se refiere al entorno natural en el que se desenvuelve nuestra vida, es verdad. A Coruña está enclavada en una península verdaderamente bella. Y el entorno de la ría de Ferrol y sus alrededores es precioso, haciendo extensivo esto a todo el Golfo Ártabro. Los Cañones del Sil meten miedo de lo impresionantes que son, con colores nunca vistos. Y la montaña de Lugo (Ancares, Caurel...) o la de Ourense (Trevinca...) inspiran lo mejor de nosotros mismos. Ourense es una provincia maravillosa, con bosques llenos de luz y color, magia y luz tamizada. Y las Rías Baixas ofrecen una cantidad de vericuetos marinos únicos, que ven su extremo más superlativo en esas Cíes majestuosas que dominan la entrada a Vigo. Illas Atlánticas, con Ons y Sálvora además, es algo especial. Pero hay mucho más... Santiago de Compostela y su espiritual Camino, Pontevedra... Son muchos los lugares cuyo entorno y cuyo paisaje es de primera. En ese sentido sí, Galicia es bella.

Pero demos un paso más. Y aquí es donde, desde mi punto de vista, fallamos absolutamente. Se trata de ver qué hemos hecho de esos entornos cuando los urbanizamos para vivir nosotros. Y, en particular, estudiando la armonía del conjunto. En Galicia, quitando cuatro cosas de todos conocidas (Allariz, Tui, Redes, algo de Muros...) esto, literalmente, no existe. Tal lógica colectiva es inexistente, y tampoco parece muy añorada. Cada edificio, no me pregunten por qué, lo hemos hecho a nuestra imagen y semejanza, libre albedrío, o capricho. No hay una lógica de conjunto, y si uno busca tal estética en determinado pueblo o villa, normalmente no la encontrará. Las casas constituyen un amasijo de colores, materiales y estilos cuya suma es, cuando menos, neutra. Nada más. Y es una pena.

Si uno asoma la nariz más allá de Ribadeo, la cosa empieza a cambiar. Y en Asturias ya se notan signos evidentes de otra forma de concebir el conjunto y el entorno. Cantabria, Burgos o León también nos ofrecen algunas sabias lecciones en ese sentido. Y hay muchos ejemplos, de un lado a otro de la Península -incluyendo España y Portugal- que aprovechan un entorno natural muchas veces menos espectacular que el nuestro, pero infinitamente mejor tratado por las personas. Galicia tiene un potencial muy grande pero, en buena parte, nos lo hemos cargado.

Basta mirar nuestras ciudades. A Coruña es maravillosa en cuanto a su ubicación, su fachada al mar, su orografía y su enclave estratégico. Pero ¿se dan cuenta ustedes de en qué la hemos convertido, desde tiempo inmemorial? Faltan, y esto es una carencia de hace años y años, lógicas colectivas, que den una armonía a todo el entorno. Sus barrios son una jungla, donde cada edificio nada tiene que ver con el de al lado, con alturas, texturas, volúmenes y colores absolutamente dispares. Y todo ello hace un conjunto sin demasiado valor.

Estas cosas no solo han pasado en Galicia, pero en otros lugares han actuado con contundencia para poner remedio. Estas líneas están escritas también desde el pueblo de El Royo (Soria), donde, como en bastantes más sitios, las normas urbanísticas son férreas en cuanto a las posibilidades constructivas. Muchos otros lugares han intervenido para regenerar su feísmo en las últimas décadas, y los resultados son bien patentes. Miren Pontevedra, lo que ha sido y lo que hoy ha llegado a ser, después de una política al respecto exitosa. En Gijón, por ejemplo, se han acometido y se acometen programas de homogeneización, por ejemplo, de la fachada que mira al mar. Y en otros lugares se construye respetando la tradición y buscando la armonía. Pero, salvo excepciones, en el conjunto de Galicia ni sabemos ni contestamos... No cabe duda de que es un reto y un acicate, buscando en tal ámbito tiempos mejores...

Feliz Día de San Jorge. Feliz Día de los Comuneros. Feliz Sant Jordi, día del libro y de la rosa. Y feliz armonía urbanística, si algún día somos capaces de conseguirla...

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