La feliz gobernación

A Mafalda no le gusta la sopa, pero no tiene amnesia

10.05.2016 | 02:33
A Mafalda no le gusta la sopa, pero no tiene amnesia

-Sí ya sé, papá, tendría que estudiar este fin de semana; pero es una plasta la química y prefiero salir con la peña; total, no creo que sea tan importante, seguro que tampoco te sabes esa tontería de los sulfitos y los sulfatos ?

-Pero, chaval, ¿estás tonto?, ¿cómo vas a dejar tirado el bachillerato por no querer estudiar lo suficiente para aprobar la química? Siempre dices que quieres seguir estudiando, que entiendes que es necesario?

Ya suponen lo ficticia, pero verosímil, que puede ser la conversación anterior; también suponen que en el peor de los casos los chavales, ni éramos ni son tan sinceros como para confesar a lo bruto sus intenciones; presentábamos y siguen presentando hechos consumados; si había o hay mala suerte, no queda otra que apechugar con las consecuencias. A veces los negocios salían y siguen saliendo redondos, por lo tanto miel sobre hojuelas.

Algo de esto le puede estar pasando al señor Rajoy, que al ser solo presidente en funciones, le veo muy desinhibido, vaya, que estudia la prensa deportiva con más soltura.

Supongo que les habrá llegado noticia de la intervención que coronó su entrevista la semana pasada en un programa radiofónico matinal de máxima audiencia. La periodista estaba incisiva, pero sin mucha agresividad; incluso diría que el presidente tenía la guardia baja, pese a estar en territorio teóricamente hostil.

Era su obligación preguntar por los temas más conflictivos de los últimos meses, pendientes de explicación, y la cumplió; fue recordándoselos, desde la corrupción, cajas B, papeles de Panamá, dimisión del desmemoriado ministro Soria, la economía familiar del comisario europeo Arias Cañete, siendo ministro? En todos los casos el señor Rajoy se acogió al aforamiento por su pertenencia a la cofradía de la santa amnesia y la falta de constancia, en la que comparte hermandad con ilustres infantas, banqueros, mafiosos y demás ciudadanos ejemplares a los que nada les consta y todo se les olvida.

Ya acabando, le trae a colación el problema de los debates electorales, que siempre dan dolores de cabeza a periodistas y a candidatos, con los pactos, los horarios, los temas, las corbatas? El caso es que el presidente acaba confesando, como Mafalda, que no le gusta la sopa, ni los debates, que son pesados de preparar, que no le entusiasman, que entiende que ha de haberlos, pero si ese trabajo se lo hacen otros, él se queda viendo el fútbol, que a fin de cuentas es lo que le interesa a él y a la mayoría de los ciudadanos. Rendir cuentas y presentar proyectos ¿para qué? Siempre confundirá las cuentas con los cuentos. ¿Recuerdan tal ataque de sinceridad, así, al natural, en un personaje tan dado a los vericuetos, a las perífrasis y a envolvernos en la demagogia?

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