Consejos sanitarios

¿Te comes las uñas?

11.07.2016 | 00:33
¿Te comes las uñas?

Y no eres tan especial, raro o distinto, porque más del 15% de los españoles lo hacen. Tampoco es una cuestión de edad porque se presenta en cualquier momento, aunque sea más frecuente en edades tempranas. Calculando, nos damos cuenta de que supone muchos millones de personas, especialmente mujeres, porque son las más numerosas entre los que siguen ese ritual. Las causas son diversas, pero fundamentalmente un tema psicológico que acaba transformándose en hábito y puede ocultar o ser la manifestación de un problema a ese nivel que debe ser tratado por un especialista. Consulta a tu médico y sigue sus indicaciones.

La onicofagia (comerse las uñas) constituye un problema a varios niveles: estético (porque afecta a la forma de la uña que se va alterando hasta límites insospechados pudiendo llegar a perderse y también de los dedos, que aparecen inflamados y deformados), infeccioso (porque pueden producirse infecciones por hongos, virus o bacterias que habitan en las uñas y, al dañarse la estructura o simplemente metiéndolas en la boca, pueden penetrar en el organismo y provocar infecciones sistémicas), dental (afecta a los dientes deformándolos y favoreciendo la aparición de caries y de daños en la articulación de la mandíbula que puede resultar muy doloroso) y psicológico (porque altera tu propia imagen y autoestima perjudicando tus relaciones sociales).

El comienzo puede producirse en el momento en que un niño de corta edad se mete los dedos en la boca, algo muy habitual entre los pequeños. Puede ser una costumbre puntual o convertirse en una verdadera "adicción" que debe ser tratada por un especialista y puede ocultar un trastorno de mayor envergadura (ansiedad, agresividad, autoagresión, etc.). Se considera inicialmente un gesto asociado a una emoción negativa que nos afecta (el estrés, la ira, la tristeza, etc.), al aburrimiento o a la excesiva actividad. Podría describirse como una alteración del control de los impulsos, realizada de manera consciente o inconsciente que no somos capaces de eliminar de nuestros hábitos.

El tratamiento más generalizado consiste en la utilización de productos que no son tóxicos en sí mismos, que penetran en la uña y generan una mal sabor, por lo que no apetece ingerirlos. Se aplican con facilidad, no tienen brillo y nutren y favorecen el crecimiento normal de las uñas. Consulta a tu farmacéutico porque es un profesional que conoce los productos existentes en el mercado, puede darte las pautas adecuadas para su utilización y ayudarte a alcanzar el objetivo planteado: dejar de comerte las uñas. Ten en cuenta que los expertos señalan que conviene ir más allá porque la ansiedad por comerse las uñas provoca la adaptación a estos compuestos y dejan de ser eficaces.

Algunos consejos pueden ayudarte a eliminar el problema o, al menos, minimizarlo. En función de la edad, te proponemos:

-Masticar chicle sin azúcar o cualquier otra sustancia (regaliz, zanahoria cruda, apio, etc.) que mantenga tu boca ocupada.

-Aplicar aloe vera natural directamente a las uñas porque su sabor te hará repelerlas.

-Colocar uñas postizas que cubren las propias y te impiden morderlas logrando que crezcan sanas. Existen muchas opciones en el mercado. Acude a un buen profesional y sigue sus indicaciones.

-Utilizar guantes habitualmente (de látex, algodón, lana, etc.) en función del momento. No pueden perjudicar tu actividad normal porque, si lo hacen, dejarás de utilizarlos. Tampoco utilices materiales que te produzcan alergias o aumenten el sudor, porque alteran tu piel y tus uñas provocando reblandecimientos o dermatitis.

-Cubrir las uñas con apósitos hasta que alcancen una longitud adecuada. No resultan muy cómodos pero han demostrado ser eficaces.

-Mantener ocupadas tus manos para evitar tenerlas libres y asequibles. Puedes llevar una goma en el bolsillo o una bolita de pequeño tamaño y moverla entre los dedos cuando te sientas nervioso. También tejer, coser, jugar con el móvil, etc. puede ayudarte.

Es importante el ánimo y apoyo de quienes están alrededor del que padece el problema. En ningún caso deben reprochar su conducta o hacer que se sientan mal si deciden dejar de hacerlo y no lo consiguen. Ya se sienten bastante mal con su actitud y recordárselo negativizándolo no les ayudará a resolverlo; simplemente les desanimará y provocará que continúen con su actitud. En algunos casos puede ser necesario el apoyo psicológico profesional para resolver los problemas de base que generan ese hábito nocivo. Consulta a tu médico y acude a un psicólogo si el problema persiste.

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