Google manda sobre vidas y haciendas

El aluvión de visitas que recibió el diario 'La Nueva España' por tres noticias sobre unas jornadas gastronómicas, confundidas por el buscador con una página porno, resalta su monopolio

21.03.2017 | 00:46
Google manda sobre vidas y haciendas

"Internet is for porn", internet es para el porno, dice la canción del musical Avenue Q, que se hizo mundialmente famosa ya en los primeros años de este siglo gracias a YouTube. Por eso no extraña que cuando algo en la Red lleva delante las letras " XXX" suscite el inmediato apetito del carnívoro llamado homo sapiens.

Eso es lo que hay en la base del extraordinario y sorprendente interés internacional que levantaron, especialmente en Latinoamérica, las tres noticias publicadas el 10 y el 14 de este mes de marzo en la edición digital del periódico asturiano La Nueva España, sobre las XXX Jornadas del cabritu de Laviana. Que no eran XXX por ser porno, que eran las trigésimas jornadas; numeración romana. Cualquier portador un cerebro humano, que trabaja siempre buscando contextos, se hubiera percatado al instante de qué iba la fiesta. Pero el algoritmo de Google que clasifica los resultados de búsqueda que luego muestra al usuario no es tan listo como un ser humano y colocó (indexó) esas informaciones en lugares de privilegio y junto a enlaces para acceder a otras páginas de contenido erótico.

Así comenzó a rodar una bola de nieve, un aluvión de visitas absolutamente imprevisto, que convirtió a estas tres informaciones en las más vistas de la historia de la edición digital del diario. Los datos, el pasado fin de semana, eran que esas tres noticias acumulaban 584.950 usuarios y 708.133 páginas vistas. Había lectores en Quito, la Guadalajara mexicana, Montevideo, Buenos Aires, Ciudad Juárez, Toluca?

Los expertos en técnicas de posicionamiento en buscadores digitales (SEO, de sus cifras en inglés Search Engine Optimization) no se explican del todo el petardazo que esta noticia dio en la Red. Pero una cosa quedó clara: la extraordinaria importancia que tiene el buscador en la vida y destino de personas y negocios. "¡Claro que se ha convertido en un monopolio!", apunta la consultora tecnológica Vanina Posada. "Hace nueve años podías aconsejar a los clientes sobre cómo estar posicionados en Bing o en otros buscadores, pero ahora el 99 por ciento es Google", sentencia. Por ello, lo que recomienda es "querer mucho a Google". Es decir, cualquiera que quiera posicionar su contenido en esa primera página de resultados que supone el valhalla de internet (casi nadie pasa a la segunda página) tiene que estar bien atento a las indicaciones que periódicamente "va soltando" en su blog la multinacional. Allí van apareciendo los criterios que aplica para seleccionar y privilegiar los contenidos: que sean originales y de calidad, que los textos tengan determinada extensión, que las páginas sean adaptables al móvil, que cumplan unos estándares de seguridad? Y además, para "querer mucho" a Google hay que utilizar sus plataformas y herramientas, aconseja Posada. No hay escapatoria, ellos marcan las reglas. Como un míster todopoderoso, Google decide quién sale a jugar y quién no.

Las consecuencias de este monopolio son reales, llegan a la vida cotidiana. Lean este caso: otro consultor tecnológico que prefiere no identificarse sugiere que tecleemos en el buscador el nombre un determinado restaurante de la región. La sugerencia que Google hace junto al nombre de ese negocio es "anisakis". Su apellido, a los ojos del mundo, es "anisakis", el parásito que hace incomestible el pescado. Lo mismo ocurre si se teclea en el cajetín de Google simplemente "anisakis". En la sugerencia aparece el nombre del restaurante. Todo partió de una denuncia que hizo en redes sociales un único cliente descontento. Sin entrar al fondo del asunto, lo cierto es que ese estigma queda ahí. En internet, un día matas un gato y ya te llaman matagatos.

¿Hay derecho al olvido? Hay derecho a que el buscador deje de llamarte matagatos. Desde hace tres años, y por decisión judicial europea, Google pone a disposición de los usuarios un formulario para que la compañía retire los enlaces que pueden considerarse por los afectados como material censurable. "Pero en el noventa por ciento de los casos, Google nos contesta con una negativa", afirma el mismo consultor tecnológico que mostró el ejemplo del restaurante y el anisakis. "No hacen ni caso. Por ejemplo, pueden argumentarnos que esa noticia que pides retirar sigue de actualidad y, a lo mejor, es algo que tiene seis años de antigüedad".

En ese caso, el único camino es aprovecharse de la propia inercia del buscador: generar nuevos contenidos sobre la persona o empresa afectada para que el robot de Google vaya relegando a posiciones posteriores el enlace espinoso. Si lo coloca en la segunda página, salvados. "El 99% de los usuarios no pasa de la primera página", añade este experto. De todas maneras, aunque sea el camino a seguir eso no quiere decir que resulte rápido de recorrer. "Es un proceso largo y sostenido, hay que ir echando durante meses leña al fuego, generando contenidos y vigilando el posicionamiento", apunta el mismo especialista.

"Tú puedes creer que has extirpado un link, pero en cualquier momento puede resurgir", añade Miguel García, de la empresa especializada en internet Clean Cloud. "Lo que está claro es que nada se borra en la red", insiste. Por eso, su consejo es que las personas tomen conciencia de qué tipo de contenidos suben a internet y cuáles pueden ser las consecuencias. Es en el humano, no en la máquina, donde está el problema, subraya. "Nos hace falta mucha higiene 2.0. Falta concienciación. Los padres, por ejemplo, se preocupan por saber con quiénes salen sus hijos en la vida real, pero luego les permiten irse a la cama con el móvil y estar conectados hasta las dos o las tres de la mañana. ¿Con quién? Haga la prueba: ¿usted conoce a todas las personas que tiene en Facebook?".

Google es un artefacto memorioso, que ni olvida ni perdona. Es una máquina. Por eso los servicios de limpieza digital de reputaciones están a la orden del día. No solo de empresas o de empresarios. En los procesos de contratación, cuando se juegan unos buenos cuartos, el candidato es sometido a una "monitorización" exhaustiva. Aquella foto de una salvaje juerga universitaria que alguien etiquetó en Facebook hace ocho años puede costarle el empleo de su vida?

Pero hay veces que el míster Google te saca a jugar. Y entonces tocas la gloria. El buscador que todo lo ve también puede jugar a tu favor. Eso es lo que ha conseguido la sombrerería Albiñana. Basta teclear en Google la palabra "sombrerería" y la sugerencia que aparece como "apellido" de ese sustantivo es "Albiñana". Luis Bobes Cuesta, gerente y propietario, es el artífice de este éxito en las redes, que le ha permitido alcanzar una notoriedad virtual muchísimo mayor de la que correspondería al negocio real. Su imagen de marca en las redes se puede comparar con multinacionales que tienen a decenas de personas trabajando a destajo para posicionar sus productos en el buscador.

Bobes no está obsesionado con cada mínimo requerimiento de Google para engrasar su motor de búsqueda. Se ha convertido en una sombrerería de referencia a nivel internacional. Tiene una regla general que siempre funciona: si generas contenidos de calidad y de manera recurrente, te colocas en lo alto de la montaña. Tiene un blog que ha recibido ya más de un millón de visitas, con más de mil artículos publicados. En él habla sobre el oficio de la sombrerería y de todo lo que pueda estar relacionado con ello. Pese a que su experiencia lo acredita como un maestro en el posicionamiento digital de marca, admite que en ocasiones la reacción que encuentra en Internet roza el absurdo. "A veces haces una cosa con la que piensas: con esto lo voy a petar. Y luego es todo lo contrario". Pone un ejemplo. Hizo una sesión de fotos para sus sombreros en la suite de un conocido hotel. Estaba encantado con las imágenes. En una de éstas, dejaron un bombín encima de la cama y se le ocurrió fotografiarlo. La imagen le pareció encantadora. La subió. Inmediatamente empezó a recibir comentarios negativos. Muchos. Muchos. Al parecer, dejar un sombrero encima de la cama trae mala suerte.

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