Catherine Merridale Historiadora y miembro de la Academia Británica, publica 'El tren de Lenin'

"Seguro que Rusia está detrás del 'Brexit' y del independentismo catalán"

"Recibí insultos por decir que Alemania financió a Lenin, pero tengo una carta que lo prueba" - "La sucesión de Putin es una de las debilidades del sistema"

05.11.2017 | 03:17
Catherine Merridale.

Justo un siglo después del alzamiento popular que acabó con el zar Nicolás II, los rusos de hoy sienten cierta añoranza de aquella gran potencia comunista, rival de los Estados Unidos, impulsada por Lenin en medio de un baño de sangre que cambió el mundo pero que tras soportar la crueldad y el culto a la personalidad de Stalin alcanzó una corrupción endémica y llegó tan exhausta a finales de los 80 que Gorbachov no tuvo más remedio que echar el cierre, decisión hoy con escaso predicamento.

"Mis amigos no le perdonan a Gorbachov haber destruido la Unión Soviética", afirma en la Fundación Ramón Areces Catherine Merridale, escritora, historiadora experta en la Rusia contemporánea, miembro de la Academia Británica y autora de El tren de Lenin (Crítica, 2017), libro que desvela el respaldo financiero dado por la Alemania del káiser a los soviets. Merridale expresa sin dudarlo en exclusiva para Epipress sus sospechas de que Rusia está detrás del Brexit y de los independentistas de Cataluña.

-¿Cuál fue en su opinión la principal aportación al mundo de la revolución rusa de 1917?

-La Unión Soviética le dió al mundo la Guerra Fría, un modelo de implantación del marxismo y mostró que el comunismo podía convertirse en un nuevo tipo de partido que fue el modelo para China y para casi todos los países comunistas de entonces.

-Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre si lo ocurrido en 1917 en Rusia fue una revolución del pueblo o un golpe de Estado dirigido por Lenin, en quien algunos veían una especie de nuevo zar aunque surgido del pueblo. ¿Cuál su opinión al respecto?

-Fue una revolución del pueblo en contra del gobierno provisional que trataba de introducir una contrarrevolución y acabar con la extrema izquierda de los soviets. En la primavera de 1917 hubo dos Ejecutivos en Rusia: el provisional y el de los soviets. Al principio del verano, comenzaron las tiranteces y en otoño, el jefe del gobierno provisional, Kerensky, intentó acabar con esa extrema izquierda y el pueblo se opuso. En agosto y septiembre, el pueblo de Petrogrado estableció comités revolucionarios militares que eran organizaciones del pueblo. Lenin quiso dirigir esa revolución pero fue el pueblo el que dio el primer paso.

-Pero Lenin se llevó la gloria de esa revolución?

-Los bolcheviques actuaron en nombre del pueblo y representaban al más poderoso partido de los soviets que lideraba Lenin, así que podía hablar en nombre del pueblo. La revolución bolchevique generó mucho entusiasmo hasta que se convirtió en una dictadura del proletariado. Por cierto, Lenin no quería ser zar porque los odiaba y dedicó toda su vida a la revolución.

-¿Fue la I Guerra Mundial en su opinión el definitivo detonante de la revolución?

-Sin lugar a dudas la guerra desencadenó la revolución porque con ella todos los problemas rusos empeoraron. Hubo primero una corriente patriótica que duró seis meses pero acabaron pesando más los soldados muertos, los heridos, las humillaciones y las derrotas del ejército, la contratación de mujeres en las fábricas y la escasez de comida. A todo eso se sumó el escándalo de un zar inepto que se puso al frente de los ejércitos mientras que su mujer, una alemana, se quedó en la capital para ocuparse de la corte e intensificar su dependencia de Rasputín.

-¿Por qué triunfó la revolución en Rusia y no en otros países europeos como Alemania?

-Lo intentaron en Alemania y casi lo consiguieron, pero es que en Rusia se había producido un colapso total del Estado.

-¿Qué influyó más en el levantamiento del pueblo: la desolación por la ruptura de su imperio o el hambre y la desesperación producida por la muerte inútil de tantos soldados rusos en la guerra?

-Todo tuvo algo que ver y como todas las revoluciones comenzó accidentalmente. El Partido Socialista, porque no se llamaba comunista, no creía que se iba a producir una revolución tan pronto pero las mujeres de Petrogrado querían organizar una marcha el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo según nuestro calendario y 23 de febrero, según el ruso, y los hombres se opusieron. Las mujeres se echaron a la calle para protestar por la escasez de alimentos, la desigualdad y la dureza de la vida. Esa marcha se convirtió en una manifestación masiva que se unió a diversos errores del gobierno del zar que trató de frenarla.

-¿Vivía tan fuera de la realidad de su país el zar Nicolás II?

-Vivía fuera de la realidad. El embajador británico le fue a visitar en enero de 1917 e intentó avisarle pero no le hizo caso.

-Hábleme del apoyo prestado por Alemania a los revolucionarios rusos con Lenin a la cabeza que se encontraban en Suiza para que volvieran a Rusia con la pretensión de apartar a su país de la I Guerra Mundial, desencadenada en 1914.

-Rusia estuvo desde el principio en la guerra, antes incluso que Gran Bretaña. Efectivamente Alemania quería que Rusia se saliera y fomentó un movimiento de paz, escribió a la mujer del zar para que se apiadase de los soldados rusos e hizo todo tipo de tretas para lograr su objetivo.

-¿Cómo eran en aquel momento las relaciones del gobierno alemán con el zar Nicolás II?

-Alemania estaba encantada con Nicolás II y por eso instaban a su mujer a que organizase un movimiento de paz. Existieron rumores de que había un complot para sacar a Rusia de la guerra e imponer un gobierno germanófilo, pero prefirieron que se quedase el zar porque era un completo inútil. Luego Alemania dio el apoyo financiero a Lenin.

-¿Quiere decir que los alemanes financiaron a los bolcheviques?

-Hace tiempo que dije que el diplomático alemán Kurt Riezler fue uno de los intermediarios de esta financiación y me lanzaron todo tipo de insultos por afirmar que el káiser apoyó a los comunistas pero hace dos semanas recibí la carta con la que llevaba soñando años de un hombre que trabajó con Riezler.

-¿Qué le decía?

-Que Riezler lamentó al final de sus días haber financiado a los comunistas para que llegasen al poder.

-De la revolución de febrero que provocó la caída del zar se pasó a la de octubre, momento en que el partido bolchevique de Lenin derrocó al gobierno provisional e instauró el primer gobierno socialista del mundo. ¿Qué motivó ese cambio?

-Lo hizo el comité militar revolucionario, no solo los bolcheviques. Luego Lenin tomó el control de ese comité. La noche del 25 de octubre llegó disfrazado al edificio donde estaba el comité para instaurar ese primer gobierno socialista del mundo.

-Total que la Rusia bajo la dictadura de los zares se convirtió en la URSS, dominada por una dictadura de masas que tiene algunas semejanzas con las dictaduras fascistas europeas de la época. ¿Es así?

-Yo no lo creo porque en 1918 no había aún fascismo, un movimiento que fue hasta cierto punto una reacción contra el comunismo. El sentido inicial del comunismo se basa en sueños, esperanzas y en la creencia de que todos somos buenos, pero el fascismo no busca eso precisamente.

-¿Por qué se mantiene el comunismo en China y en Cuba?

-¿Acaso se mantiene o tan solo se hacen llamar comunistas? ¿Hay educación y sanidad libres y gratuitas? ¿Hay igualdad en esos países?

-¿Se puede decir que Lenin y Stalin eran el bueno y el malo de la revolución o más bien el segundo fue un continuador del primero incorporando el culto a la personalidad?

-Ninguno era el chico bueno de la película. Es cierto que Lenin no tenía un interés enfermizo por la violencia, no asistía a las ejecuciones y no iba montado en un caballo blanco pero carecía de escrúpulos y fue el responsable de la muerte de cientos de miles de personas. Stalin era aún más sanguinario.

-Que uno quisiera aplicar la revolución solo en Rusia y que el otro pretendiera exportarla para redimir a todos los pueblos, ¿fue la causa que determinó la orden de Stalin de asesinar a Trotsky cuando ya estaba huido en México?

-Lenin nunca dejó de creer en la revolución mundial y uno de los aspectos más siniestros de sus escritos es que en medio de la I Guerra Mundial seguía pidiendo más muerte. Trotsky también defendía una revolución mundial. Stalin creía en el socialismo en un país y difería de Trotsky en eso. Pero Stalin decidió que Trotsky tenía que morir, lo mismo que todos los que representaban esa primera revolución, los héroes de 1918.

-¿Qué decidió a Kruschev en el XX congreso del PCUS a denunciar en el famoso discurso secreto que luego filtró para que se conociera el culto a la personalidad en la etapa de Stalin?

-Intentó introducir un cambio cultural en el régimen comunista, similar a lo que luego hizo Gorbachov con la glásnost. Kruschev creía que aireando los crímenes de Stalin podía recuperar el fuego revolucionario del comunismo.

-¿Le quedaba otro camino a Gorbachov que poner fin a la URSS cuando el Imperio soviético estaba a punto de derrumbarse?

-A Putin le encantaría conocer la respuesta a esta pregunta. Mis amigos rusos culpan a Gorbachov de eso más que de otra cosa. No le pueden perdonar por haber destruido la Unión Soviética.

-¿Fueron el igualitarismo y la falta de incentivos las causas del desplome del sistema comunista?

-Hubo un cúmulo de varias razones, pero el retraso tecnológico, informático y militar de Rusia fue determinante. Eso es lo que preocupaba a las elites comunistas. Necesitaban innovación, alentaron el debate y el espíritu salió de la botella. El comunismo dejó de ser creativo a finales de los 80.

-¿Qué balance hace usted del realismo soviético en las artes, cuyos inspiradores eran el propio Lenin y sobre todo Stalin, quienes defendían que el arte tenía que estar al servicio de la revolución?

-Stalin quería atraer a las masas, a las personas que no entienden a Hegel. Daba a la gente historias de héroes. Era un arte muy atractivo para el pueblo mientras que los teóricos que creían haber hecho la revolución acabaron en el gulag.

-¿En qué ha quedado el hombre nuevo que predicaba la revolución?

-Svetlana Aleksiévich lo ha dicho claramente. Los rusos están desilusionados porque creen que se perdió algo bueno cuando cayó la URSS. Se trata de una generación muy triste, poseída por la nostalgia.

-¿Cómo ha sido posible que después de setenta años de educación comunista lo primero que hicieron los mejor situados en el aparato estatal fuera arramplar con todo lo que tenían a mano para hacerse riquísimos dejando al pueblo de nuevo en la miseria?

-Antes del colapso del comunismo ya había gente entre las elites comunistas que hacían eso. Siempre hubo corrupción después de Stalin y cuando llegó Brezhnev ya era endémica. La primera generación de oligarcas que conocemos ya eran jóvenes comunistas bien conectados entonces.

-Una de las primeras cosas que hicieron los revolucionarios fue destruir iglesias, pero ahora han sido reconstruidas y el patriarca ortodoxo ha llegado a decir que su religión nunca se ha visto tan bien tratada por el Estado como ahora con Putin. ¿Es Putin un nuevo zar?

-No. Putin, que tiene una relación con la Iglesia muy interesante, no tiene como los zares la sucesión garantizada. Precisamente la sucesión de Putin es una de las grandes debilidades del sistema.

-¿Cómo pudo la revolución rusa despertar tanta admiración entre los intelectuales progresistas del mundo libre durante tantos años?

-En parte por lo que estaba ocurriendo en el mundo libre en aquel momento: la depresión de los años 30 y el resurgir del fascismo. Además no sabíamos lo que sucedía en la Unión Soviética. La izquierda negó los gulags. Es muy difícil renunciar a la idea de que puede haber un mundo mejor.

-Un reputado politólogo español relacionaba hace días la técnica del aniquilamiento del adversario ideológico aplicada cada uno a su manera por Lenin y Stalin con algunos movimientos populistas como los de Venezuela e incluso con Podemos y con nacionalismos como el catalán. ¿Está usted de acuerdo con esta valoración?

-Se trata de momentos muy diferentes. Tenemos por un lado la experiencia de la revolución rusa, vivimos en un mundo globalizado y en una revolución tecnológica vertiginosa. ¿Usted cree que Rusia está detrás de lo de Cataluña?

-Usted tiene mucha más autoridad para responder. ¿Está Rusia detrás del independentismo catalán?

-Seguro que sí, como estuvo detrás del Brexit. Rusia quiere desestabilizar a Occidente porque se siente amenazada tanto por la OTAN como por China.

-¿Ve usted a Podemos por el camino de Lenin?

-Una de las cosas que me llama la atención de la obra de Lenin es la frescura con la que analiza la globalización y el capitalismo global. Es un análisis muy atractivo con respuestas equivocadas pero con preguntas que todos nos deberíamos formular.

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