Entrevista | Humorista, actúa hoy en A Coruña

David Suárez: “Que no se pueda hacer un chiste no es bueno para nadie, ni de izquierdas ni de derechas”

“El humor negro es como el heavy metal, un poco está bien, pero mucho es un tralla”

David Suárez, en una de sus actuaciones.   | // LA OPINIÓN

David Suárez, en una de sus actuaciones. | // LA OPINIÓN / Marta Otero Mayán

David Suárez, el humorista gallego para el que pedían cárcel por escribir en Twitter un chiste sobre las personas con Síndrome de Down, regresa hoy a los escenarios coruñeses con el monólogo La misma mierda por última vez, en el que promete llevar al público “al límite”. Será en la sede de Afundación, en dos sesiones que se celebrarán a las 18.00 y a las 20.00 horas.

Primero, darle la enhorabuena por la vuelta. Tras todo lo ocurrido estos dos años, pensó que se le cerrarían para siempre todas las puertas profesionales.

Sí, parece increíble pero sí, al final después de todo el revuelo mediático, siempre cesa la tormenta, así que estupendo.

¿Cuánto ha durado cancelado? ¿Un año y medio?

Realmente no se puede hablar de que no esté cancelado. Ahora tú me estás haciendo una entrevista, pero no es que haya una lluvia de ofertas laborales para tele o radio gigantesca. Lo que sí es verdad que, después de este tiempo de cancelación, he podido montármelo por mi cuenta.

¿Qué ha encontrado en este tiempo, fuera de los circuitos de la industria del humor?

Lo que he hecho principalmente ha sido centrarme en Twitch, que es una plataforma que te permite hacer directos desde tu casa. Lo he aprovechado para hacer el programa Directos en directo, con público en vivo, y lo hemos adaptado para que parezca casi un programa. Lo que he hecho ha sido actuar en teatros, que tengo la suerte de que eso sí que no está ligado a grandes marcas y demás, y luego he estado preparando proyectos paralelos que iré sacando dentro de poco. Tengo algún formato como No haber venido, parecido al antiguo Famosos y una vieja. Con el lado negativo de que no tienes la exposición que te da tener un Movistar o un Vodafone detrás de tu nombre, claro, pero también con la libertad de no rendir cuentas.

Ahora vuelve con un monólogo en el que afirma sin tapujos que llevará al público al límite. ¿Le han quedado ganas de seguir haciendo humor negro?

Sí, porque, al final, lo que valoro es pasármelo bien yo. No debería ser así, debería buscar que se lo pasase bien la gente antes que yo, pero necesito que sea así para que me apetezca seguir haciendo esto. El motivo por el que empecé aquí es para hacer la comedia que a mí me gusta, algo que sea una comedia que, sin ser una cosa con una densidad tremenda, no sea tampoco una cosa plana que no te deje absolutamente nada y que te vayas tal y como estabas. Lo que me atrae es lo que me gusta producir en la gente.

En lo relativo al espectáculo que trae a A Coruña, ¿qué le queda a la gente por ver? ¿con qué la va a sorprender?

Al que me haya ido a ver le sorprenderán pocas cosas, al que no, le sorprenderá todo, si no está familiarizado con el género con el que más trabajo. Es un show de humor negro de una hora. No todo es humor negro, porque sería imposible, y creo que hasta negativo, toda una hora de chistes incómodos. El humor negro es como el heavy metal: un poco está bien y es energético, pero constantemente sería una tralla que dejaría de tener sentido. Es una hora que se va construyendo para que, de alguna forma, gravite la incomodidad, con chistes negros que van in crescendo. Es un repaso a estos años de carrera, explicar quién soy, por qué hago lo que hago y por qué me han echado de los sitios. Es un experimento de a ver hasta dónde está dispuesta la gente que la lleve.

Todo lo que ha ocurrido con usted, ¿es un buen reclamo publicitario, o uno malo?

Al final, eso que dicen de que no hay mala publicidad, es verdad. Por mucho que a veces parezca que, como todo son marcas y todo es una gran red de capitalismo salvaje donde no hay hueco para hacer nada alternativo, porque ese espacio va a ser comprado por otro más grande de un modo u otro, siempre va a haber un underground, un outsider. Que eso no es garantía de que sea bueno o mejor, claro, pero sí es cierto que, aunque exista ese entramado, sigue siendo atractivo para el público que exista alguien a quien hayan desterrado de ahí o que no cuenten con él en plataformas convencionales. Entiendo que eso pueda resultar llamativo, porque el concepto es “no podemos ir a ver a este tío a ningún sitio, tendremos que ir a verlo al teatro”.

Le pedían dos años de cárcel por un chiste y salió absuelto, a la espera de recurso de la Fiscalía. ¿Qué nos dice sobre la justicia española?

No sé si la justicia está mejorando, porque el que hayan recurrido no dice nada bueno, pero el juicio mediático y de la gente ha cambiado bastante. Para las personas a las que les llegó el tuit yo he pasado de ser la persona odiada que se ha metido con el colectivo más vulnerable de todos. Cuando salió lo de la cárcel, esto se convirtió en una especie de lucha por la libertad de expresión, y el malo ya no era el tío que hizo un chiste sobre el Síndrome de Down, sino el que prohibía hacerlos. Creo que, por suerte, se le ha dado la vuelta, y creo que luego he sabido defenderlo con un discurso que hizo ver que no era solo un chaval que hacía bromas. No deja de ser un problema del primer mundo defender un tuit, pero para mí es importante. Creo que el ciudadano de a pie está entendiendo que el que no se pueda hacer un chiste es es una pérdida para todos. No es bueno para nadie, seas de derechas o de izquierdas, dentro de un marco de ficción, sin incitar al odio, claro.

Suscríbete para seguir leyendo