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La Opinión de A Coruña

La reactivación del mercado inmobiliario tras la crisis dispara las pujas en las subastas públicas

Los profesionales de las subastas vuelven a operar y eligen, sobre todo, las propiedades en las ciudades y en los ayuntamientos medianos | El primer semestre de 2022 registra 11.000 operaciones de compra-venta en Galicia

Cartel en una ventana, de venta de un piso en tres días. | // VÍCTOR ECHAVE

La reactivación del mercado inmobiliario tras el confinamiento derivado de la pandemia del coronavirus ha hecho que se disparen las pujas en las subastas públicas, bien sean de propiedades de empresas que entraron en suspensión de pagos o de embargos. Prueba de ello es que las subastas que se han cerrado en la ciudad durante el último año han concluido, casi en su totalidad, con pujas.

El presidente de la Federación Galega de Empresas Inmobiliarias (Fegein), Benito Iglesias, explica que, desde 2011 hasta aproximadamente 2018, la actividad de los subasteros —que son las personas que se dedican a adquirir propiedades en pujas para después volver a ponerlas a disposición del mercado inmobiliario, ya fuese en alquiler o en venta— “prácticamente desapareció”, ya que no existía demanda.

“No compraban para quedárselas sino para hacer negocio con ellas. Como hasta 2018, que fue cuando empezó a remontar el mercado, no había a quién vendérselas, gran parte de las subastas quedaban desiertas”, relata Iglesias, que hace hincapié en que, a partir del confinamiento, fue cuando el mercado inmobiliario empezó a moverse con más energía y que, por eso, no se quedan tantas ofertas desiertas como antes. “El año 2021 fue muy bueno y se cerró con más de 20.000 operaciones de compra-venta en toda Galicia. En el primer semestre de 2022, ya hemos llegado a las 11.000, por lo que, si sigue así, será un ejercicio mejor que el anterior, que ya fue extraordinario. Esto provoca que a los subasteros se les abra el apetito de buscar oportunidades, porque en las pujas te puedes encontrar de todo”, relata Iglesias. A pesar de que cualquier persona física puede participar en una subasta pública, tanto Iglesias, como el presidente del Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de A Coruña, Herminio Carballido, destacan que suelen ser los profesionales de las subastas los que se hacen con las propiedades que salen a puja.

Estos profesionales tienen también sus estrategias, como ofrecer cantidades inferiores a las mínimas exigidas en la subasta para que quede desierta y que, de ese modo, el juzgado —o la autoridad gestora correspondiente— tenga que volver a sacarla a concurso por un precio más bajo, incluso, dependiendo de las circunstancias, con un precio libre, para que se lleve la propiedad quien más dinero ofrezca por ella, sin poner una cantidad mínima y con el ánimo de cerrar un procedimiento.

Iglesias comenta también que es más fácil que se queden desiertas propiedades en ayuntamientos pequeños o fincas rústicas que naves industriales en polígonos con gran actividad, solares o viviendas en grandes o medianos municipios, ya que estos tienen más posibilidades de ser vendidos después.

“Hay propiedades que, por su ubicación, se quedaban desiertas antes y se quedan desiertas ahora, porque una finca rústica, por ejemplo, en Chandrexa de Queixa, no tiene mucha salida, pero en A Coruña o Vigo, todas reciben ofertas”, comenta Iglesias. Se produce también ahora un fenómeno que no solía darse en los años en los que los profesionales de las subastas estaban con su actividad bajo mínimos, que es que las pujas superen ampliamente la cantidad mínima exigida, para efectuar la compra. En A Coruña se han dado dos casos últimamente: el de la subasta de una vivienda en el número 3 de la avenida Primo de Rivera, de 146,75 metros cuadrados, que salió a subasta sin precio mínimo y con una tasación de 275.359,71 euros, y cuya puja máxima fue de 308.000 euros; y el de una casa en la calle Vista Alegre, con un valor de subasta de 300.000 euros y sin puja mínima. La cantidad más alta ofrecida fue de 600.000 euros.

Tanto Iglesias como Carballido explican que esta situación puede darse por un interés especial de un particular en adquirir estas propiedades, ya que los subasteros van más “a la ganga”. Hay, por ejemplo, una finca en la calle Vizcaya, sin puja mínima y con un valor de subasta de 80.000 euros por la que la oferta máxima fue de 62.400 euros; o una puja de una vivienda en la calle Buenavista, con un valor de subasta de 781.000 euros, por la que la oferta máxima ascendió a menos de 500.000 euros.

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