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Protección a una réplica y no para un mural original

Los colectivos O Mural e In Nave Civitas alertan del deterioro de una obra de Lugrís mientras se evitan daños a una copia de otra

El mural del local de la calle Olmos durante el funcionamiento del restaurante. Carlos Pardellas

“Es el mundo al revés”, se lamenta el arquitecto Marcos Samaniego sobre la diferente actitud mostrada por el Concello con el mural pintado por Urbano Lugrís en la antigua Taberna Fornos, situada en el número 25-25 de la calle Olmos, y con la réplica de otro del mismo artista que la asociación que él preside, O Mural, y el colectivo In Nave Civitas, instalaron en la plaza Josep Sellier.

El mural del local de la calle Olmos durante el funcionamiento del restaurante. Carlos Pardellas

Las paredes y los arcos del techo del restaurante hoy desaparecido albergan una serie de pinturas en las que aparece la silueta de la ciudad y el mar bajo el lema Hic habitat felicitas (aquí vive la felicidad). La obra, realizada en 1951, aparece en el catálogo de patrimonio de la normativa urbanística del casco antiguo, pero el edificio en el que se encuentra sufre un importante deterioro a causa de su abandono, ya que el local comercial está cerrado desde el año pasado.

In Nave Civitas y O Mural reclamaron al Concello en junio de 2021 protección para el mural, ya que el inmueble tiene ventanas abiertas, pero desde entonces no han recibido contestación. La situación se ha agravado con el paso del tiempo, ya que los desprendimientos de fragmentos de la fachada han obligado a vallar parte de la calle para evitar daños a los transeúntes. “Se está deteriorando a marchas forzadas”, alerta Samaniego sobre el mural, ya que recuerda que las medianeras del edificio son de piedra y tierra y el agua de lluvia pasa por ellas fácilmente.

Mientras este mural se ve amenazado, la réplica de otro pintada en la plaza de Josep Sellier merece la protección municipal, según Samaniego, encargado del proyecto de reforma del local comercial del edificio, ya que el Concello obliga a alinear los huecos de la fachada con la obra y prohíbe dañar los agradecimientos escritos en la pared. El arquitecto acepta estas exigencias pero las contrasta con la desprotección del mural de Olmos y recuerda que el de la cafetería Vecchio en la calle Real tampoco se protegió hasta que la Xunta lo declaró Bien de Interés Cultural y se trasladó a la sede central de Abanca.

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