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La Opinión de A Coruña

Ellas emprenden más

Las mujeres gallegas superan a los hombres en la constitución de nuevos proyectos, al contrario que en el conjunto de España

Galicia va a contracorriente en lo que se refiere al emprendimiento femenino. Si en el conjunto del Estado, las iniciativas emprendedoras estuvieron lideradas mayoritariamente por hombres, en la comunidad gallega son ellas las que despuntan en todas las etapas del emprendimiento. Así se desprende del Informe Ejecutivo Global Entrepreneurship Monitor (GEM) Galicia, elaborado por expertos de las tres universidades gallegas y del Instituto Galego de Promoción Económica (Igape).

El estudio trata de analizar el fenómeno en la comunidad, con datos de 2020, tomando como base las distintas etapas de la formación de una empresa: el emprendimiento potencial, es decir, la intención de poner en marcha un nuevo proyecto; el emprendimiento naciente, o sea, las iniciativas que tienen menos de tres meses de actividad económica; el emprendimiento nuevo, esto es, proyectos de entre tres meses y tres años y medio de actividad; la actividad emprendedora incipiente (TEA, por sus siglas en inglés), que es la suma del emprendimiento naciente y el nuevo, y el emprendimiento consolidado, es decir, las empresas que tienen más de tres años y medio.

Más mujeres

En Galicia, las mujeres superan a los hombres en todos estos indicadores. En concreto, representan un 51,8% del emprendimiento potencial, un 55,2% del naciente, un 60,7% del nuevo y un 56,5% del TEA. Además, ellas suponen el 56,5% de la población al frente de las empresas consolidadas. Por otra parte, también es el sexo femenino el que presenta una mayor tasa de abandono de iniciativas, con un 66,7%.

El estudio dibuja, entre otros resultados, el perfil de la población emprendedora de la comunidad. Así, además del sexo, también tiene en cuenta otras variables: la edad, el nivel de estudios, el nivel de renta y si el entorno es urbano o rural.

El rango de edad más prominente en proyectos en fase TEA es el de 45 a 54 años (un 28,2% del total), seguido del que va entre los 35 y los 44 años. Una tendencia sólida es la que se observa en las empresas consolidadas: cuanto mayor es el rango de edad, mayor es también el porcentaje de estas compañías.

En cuanto a la formación académica, son aquellos con un nivel de estudios superior (es decir, los que cuentan con ciclos superiores o grados universitarios) los que más presencia tienen tanto en las empresas nacientes como en las nuevas. No ocurre lo mismo entre el empresariado potencial y el consolidado, donde el nivel de estudios más frecuente es el secundario. En cualquier caso, aquellos con posgrado no son los primeros en ninguna de las etapas. El estudio destaca que “con independencia de la fase del proceso emprendedor considerada, los emprendedores sin estudios no tienen presencia”. Por niveles de renta, el estudio concluye que un 4,5% de la población con rentas inferiores muestra una actividad emprendedora incipiente, frente al 4,3% de la población con renta media y al 9,7% de la de renta superior. Precisamente este último tramo fue el que experimentó una mayor expansión con respecto al 2019, ejercicio en el que solo un 4,3% de este segmento de la población era empresario de proyectos en etapas TEA.

Donde este tipo de empresas tiene una mayor presencia es en el ámbito urbano. Y, además, de manera abrumadora. El 83,7% de las empresas con menos de tres años y medio de actividad económica está localizado en este tipo de poblaciones, frente al 16,3% que se ubica áreas rurales. El estudio muestra, además, que el emprendimiento rural no solo es muy minoritario, sino que está en caída, ya que en 2019 había representado el 28,3% del total.

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