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Galicia perderá hasta el año 2030 el doble de población en edad laboral que la media de la UE

La franja entre 20 y 64 años se reducirá en 133.200 personas al final de esta década, según un estudio elaborado por la Comisión Europea. Los habitantes disminuirán un 8,4%

Uno de cada tres europeos vive ya en un territorio que ha perdido población entre 2010 y 2020. Si nada lo remedia, la mitad de los habitantes de la UE residirá en 2040 en una colectividad cada vez más pequeña y se perderá el 5% de los jóvenes menores de 20 años, y el 4% de la fuerza de trabajo entre los 20 y los 64, y prácticamente todas los territorios verán aumentar la franja dependiente de los mayores de 65. Invade Europa el eco de unas amenazas que Galicia escucha desde hace mucho tiempo. El peligro por decrecimiento demográfico se adueña poco a poco de la estadística comunitaria y cada actualización asesta a la comunidad un golpe que recuerda que todo esto que la Unión casi empieza a descubrir lleva unas cuantas décadas cocinándose a fuego lento en el norte de España y en sentido amplio en toda la franja sur del continente.

Si la dinámica empieza a ser grave a escala europea, en Galicia mucho más. Esta autonomía sale escaldada de cada vistazo a las proyecciones del futuro y una de las más recientes cae sobre el tejado gallego con el peso de una muy seria advertencia de insostenibilidad económica a medio plazo. Ese 4% de población en edad de trabajar que Europa perderá de media entre 2020 y 2030 se multiplica por dos en Galicia.

Lo dice un estudio reciente de la Comisión Europea, que, como todas las predicciones estadísticas, está confeccionado proyectando hacia el futuro las últimas tendencias demográficas. Quiere eso decir que, si todo sigue como hasta ahora, Galicia terminaría esta década sin el 8,4% de su ya menguada población de entre 20 y 64 años. Cambiaría los poco más de 1.578.700 gallegos en edad laboralmente activa de 2021 por unos 1.445.541 en 2030. Serían 133.160 menos en 10 años, a un ritmo medio de resta de 52 al día. Sería más o menos el 50% de la población el que estaría en disposición de trabajar (o más bien en edad de hacerlo, no necesariamente trabajando) para compensar la teórica inactividad del otro cincuenta. Con esa crudeza se asoma Galicia en el nivel más grave de la previsión de pérdida de la fuerza de trabajo en Europa, el que está por encima del 12,5% y se expande poco a poco por el mapa regional de la Unión, con particular intensidad por las demarcaciones del interior de la Península Ibérica, por Bulgaria y Rumanía en el extremo sudoriental de la UE y al norte por amplias zonas de Alemania y las repúblicas bálticas.

Más o menos por los mismos lugares, pero curiosamente menos en Alemania y con más intensidad en Francia, Italia, España y Portugal, se expande la mancha del decrecimiento proyectado de los menores de 20 años. La franja en la que se concentra el relevo natural de los trabajadores activos decrecerá muchísimo más en Galicia, dice la estadística, que el sector de entre 20 y 65: en un 14,3% que más que triplica el preocupante 4,8% de la media continental y que nuevamente tiene a la comunidad en el nivel más elevado del descenso, con el paso de los casi 427.919 jóvenes de 2020 a una cifra que rebasaría por poco los 352.000.

Incremento de jubilados

En justa consecuencia, ya prácticamente todas las regiones de Europa, constata el estudio de la Comisión, van a ver crecer su franja de población con más de 65 años. El número de jubilados únicamente bajará, de aquí al final de la década, en un puñado de provincias sueltas y desperdigadas de Bulgaria, Grecia, Portugal y Rumanía. Todo el resto sufre ya como Galicia, que arrastra el lastre de años y años de incremento sostenido en este grupo para el que se prevé hasta 2030 un ascenso del 9%. Eso sí, para entonces el envejecimiento se habrá cebado ya tanto con la provincia de Ourense, por ejemplo, que en este caso ni siquiera sumará jubilados; avanzarán unas escasas ocho décimas. “Aumentará —concluye el análisis— la demanda de asistencia sanitaria en estas regiones que tendrán que adaptar sus infraestructuras y servicios para hacerlos más accesibles a las personas con movilidad reducida y aumentar su capacidad”.

Detrás de la merma progresiva de los sectores menores de 65 y la hinchazón paralela de las franjas de la jubilación asoma la peculiaridad principal de la crisis demográfica gallega, su extraordinario y prolongado déficit de nacimientos y la insuficiencia de la capacidad atractiva de la economía para cubrirlo con inmigrantes. Galicia lleva varios decenios sin encontrar apósitos para la hemorragia que la ha llevado a encabezar los peores registros de natalidad y mortalidad de España desde mediados de los años ochenta del siglo pasado. De resultas de esa lacra, y de su condición de avanzadilla de un problema que ahora coloniza el continente, las proyecciones sobre el decrecimiento de la fuerza laboral de la pirámide demográfica se completan con las que constatan que, si nada es capaz de remediarlo, Galicia también será al final de esta década uno de los territorios europeos con la población más envejecida.

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