Comercio
El negocio de la venta de segunda mano entre particulares por internet pierde fuelle en Galicia
En un año unos 35.000 gallegos menos ofertan sus productos en la web para complementar ingresos o deshacerse de pertenencias que ya no utilizan por una cuestión de pérdida de confianza y por la coyuntura económica

Una persona consulta una página web de compras en un teléfono móvil. / Xoán Álvarez
Carmen Villar
La pandemia, unida a la progresiva digitalización y acceso a internet de colectivos cada vez más amplios, animó a los gallegos a rebuscar en los cajones y trasteros de sus casas objetos en desuso para ofrecerles una segunda vida a través de internet, aprovechando el contexto de una sociedad más crítica con prácticas como usar y tirar y más receptiva al reciclaje. De esa forma, en Galicia casi se duplicaron en un solo año la cifra de internautas que se apuntaron a la venta online, recurriendo a numerosos portales que posibilitan a los ciudadanos vender productos tecnológicos, ropa, muebles, accesorios, libros o discos, entre otros muchos ejemplos.
La venta de bienes (o servicios) a través de un sitio web o app por particulares alcanzó su máximo registrado en Galicia en 2024, cuando un 21,2 por ciento de usuarios habituales de la red declaró realizar esa práctica según la Encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías de información y comunicación en los hogares, del Instituto Nacional de Estadística (INE).
No obstante, un año después de alcanzar ese tope, que suponía alrededor de 390.000 personas —una cifra que equivale a casi uno de cada cinco gallegos de entre 16 y 74 años— obteniendo ingresos en muchas ocasiones de objetos en desuso, la encuesta más reciente del INE sobre las TIC revela que el fenómeno ha perdido fuerza y casi 36.000 gallegos han dejado de realizar ese tipo de transacciones.
En porcentaje, son un 18,9 por ciento de los usuarios de internet, un dato que sitúa a Galicia como la tercera autonomía por la cola en ese hábito, solo por delante de Navarra y Canarias. Aun así, en torno a 355.000 gallegos declaran haber realizado alguna operación de ese tipo.
Posibles causas del descenso
Fernando Suárez, presidente del Colexio Profesional de Enxeñaría en Informática de Galicia (CPEIG) y del Consejo General de Ingeniería Informática de España, considera que varios factores pueden estar detrás de ese retroceso. Por un lado, sostiene, «muchos particulares perdieron algo de confianza en la venta online por cuestiones como las estafas, los problemas con los pagos o las devoluciones complejas».
Al respecto, por ejemplo, el Banco de España publicaba en su blog el pasado mes de diciembre «recomendaciones» para la «venta segura» en plataformas de segunda mano. En ellas advertía que, si bien esta práctica podía suponer una vía para conseguir ingresos extra y dar una segunda vida a productos no utilizados, el momento del pago podría ser aprovechado por los delincuentes, por lo que instaba a la «precaución». Además, los vendedores pueden ser víctimas de reclamaciones falsas o devoluciones injustificadas.
Por otro lado, Suárez comenta que «también hay cierto cansancio con las plataformas». «Cada vez hay más competencia profesional y no sensación de 'mercadillo entre particulares'».
Inflación y contexto económico
La inflación y el contexto económico también influyen. «Mucha gente sigue comprando online, pero se vende menos porque hay más prudencia con el consumo y porque muchos usuarios prefieren plataformas más consolidadas o directamente tiendas profesionales que les den más garantías», aduce.
Suárez apunta que, en paralelo, «la mayor regulación y control fiscal sobre determinadas operaciones en plataformas digitales también pudo haber hecho que algunas personas dejen de vender de forma habitual».
Asimismo, Suárez alude a un factor «generacional y de hábitos»: «Las nuevas generaciones usan más las redes sociales o apps concretas para compraventa rápida, mientras que parte de los usuarios ocasionales abandonaron esas prácticas». Desde el lado de la compra, y respecto a los más jóvenes, hay estudios, como los realizados por Fad Juventud, que muestran que «el comercio tradicional sigue siendo el espacio de referencia para la adolescencia en España».
De hecho, otros análisis, como el realizado por el Observatorio Cetelem, reflejan un incremento de los jóvenes que prefieren comprar en tiendas de barrio, dejando la modalidad online como última opción. Entre los argumentos que citan como desventajas a la hora de comprar en internet figuran el tiempo de espera hasta recibir el producto y la dificultad para hacer devoluciones o contactar con el servicio de atención al cliente. Además, el sondeo revela que sienten una mayor desconfianza hacia los medios de pago que en generaciones de mayor edad.
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