16 de octubre de 2011
16.10.2011

Crecen los indignados y la indignación

16.10.2011 | 02:00

Los indignados de la Puerta del Sol han creado escuela en los cinco continentes pero sus imitadores de Nueva York han sido más precisos que los de aquí. Han ido directamente a Wall Street y a las puertas de las casas del magnate de la comunicación, Rupert Murdoch, del banquero de JP Morgan, Jamie Dimon, y del mecenas y defensor del movimiento ultraconsevador Tea Party, David Koch. Tres oligarcas de la poderosa trinidad, banca, prensa y política, que está en el origen de la crisis porque han corrompido aquello que el capitalismo tiene de saludable, que lo tiene. Su protesta tiene un destinatario bien definido, los oligarcas, y no ese confuso sistema sobre el que los indignados de aquí discursean con eslóganes y frases lapidarias espigadas de aquí y de allá. Llevan razón los de Occupy Wall Street al identificar a los altos directivos de la trinidad como los causantes últimos de la crisis que soportamos. Desde que empezó, esos sujetos, los ricos como no les gusta que les llamen, han culpabilizado a los trabajadores, a los PIGS del sur europeo, a los Estados del bienestar de Europa y a todo bicho viviente. Todos somos responsables es el eslogan que propagan a los cuatro vientos como si su imponente poder económico estuviese sujeto a reglas democráticas. Como si esas oligarquías financieras corruptas estuviesen, como un gobierno, sometidas a las exigencias democráticas de pluralidad, transparencia, debate, competencia y control social, político y electoral. Al cabo de cuatro años de crisis pocos son los que dudan ya de las responsabilidades de la banca propia y ajena por lo sucedido. Las pruebas de solvencia de los bancos fallan y hay que repetirlas; también hay que seguir inyectándoles capital porque lo recibido dicen que no es suficiente. Y para colmo hay que aguantarse con sus remuneraciones de escándalo. Son contratos de alta dirección, dicen. Contratos que merecen por ser los mejores, porque no necesitan controles políticos ni tienen por qué someter sus decisiones a la opinión de los ignorantes ciudadanos que al final pagan con sus impuestos sus tremendos agujeros. Lo de siempre, socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias. Confío en que los especialistas en derecho penal encuentren el modo de castigar a esos listos y los gobiernos democráticos el modo de someter a controles eficaces la delictiva gestión de sus negocios. ¡Cuánta desfachatez la de estos altos directivos!

A diferencia de los neoyorquinos, nuestros indignados, guiados por una opinión interesada, han protestado principalmente contra los políticos. Aquí también hemos tenido corrupciones importantes perpetradas por altos directivos de las finanzas con la cobertura de algunos políticos locales, autonómicos y nacionales, y con la tapadera informativa de medios relevantes, pero nuestros indignados se centran en la política porque ahí vale todo, ya se sabe. El eslogan más repetido fue el de no nos representan; en él apoyaban la exigencia de cambios en la ley electoral y en respuesta a tanta sugerencia Rajoy ha salido con la ocurrencia, disparate o broma, de reducir en cincuenta los diputados del Congreso cuando todos los expertos, el Consejo de Estado y el sentido común piden el aumento de cincuenta escaños para cumplir mejor con el principio de proporcionalidad, tan maltratado en muchas circunscripciones por su escasa población. Reducir cincuenta escaños no tiene justificación alguna. Y además no es creíble que lo haga porque supondría un perjuicio importante para su propio partido tanto si los resta en las grandes circunscripciones donde ganará el PP como si los resta en las pequeñas donde también suele ganar. Un absurdo o una broma. Por sintonizar también con una opinión que dispara contra todo lo que se mueve Rubalcaba ha dicho que se lo pensará. Y que además quiere permitir cierto desbloqueo de listas al modo alemán y hacer incompatibles los escaños del Congreso y las alcaldías. Por cada una de sus propuestas, y lleva un rosario de ellas, Rubalcaba merece un reproche. También por estas: ¿por qué no antes, cuando gobernaba y tenía decenas de alcaldes? La campaña ya está siendo insoportable.

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