08 de septiembre de 2019
08.09.2019
editorial

Urge corregir la falta de plazas para mayores en Galicia

07.09.2019 | 21:35
Urge corregir la falta de plazas para mayores en Galicia

Los geriátricos privados acaban de advertir a la Xunta de que renunciarán a los conciertos establecidos si no les aumentan un 25% la tarifa y argumentan que les resulta inviable seguir con los 44 euros que les paga el Gobierno gallego por plaza al día. El aviso es una seria amenaza para una comunidad como Galicia, la tercera más envejecida de España.

Galicia tiene un déficit de plazas en residencias de mayores, pero pese a ello hay un 7% de vacantes en los geriátricos privados. Son aquellas camas que no tienen financiación pública y que debido a su elevado coste no son asequibles para los jubilados gallegos, que tienen las pensiones más bajas del Estado. Esta restringida oferta de plazas sufragadas con fondos públicos podría llegar a reducirse todavía más si no se resuelve el conflicto entre el sector y la Xunta.

Las residencias privadas han lanzado su órdago en vísperas de una reunión prevista con la Xunta para renegociar las tarifas de las plazas concertadas. Sus representantes mantienen que el sector ya no aguanta más y apuntan, como advertencia de lo que puede llegar, que al menos dos geriátricos han abandonado ya los conciertos con la Xunta.

Según la patronal de las residencias privadas, la Consellería de Política Social les está ofreciendo una tarifa de 50 euros por plaza durante cinco años. Los geriátricos privados afirman que este aumento no es suficiente y apuntan que los convenios laborales pactados en su sector le obligan a actualizar las nóminas de sus trabajadores conforme al IPC de manera que no pueden admitir un precio fijo sin actualizaciones durante cinco años. El sector pide 55 euros por plaza, lo que supondrá incrementar las tarifas en hasta un 25%.

La patronal advierte que si la situación no se solventa puede haber más centros que abandonen los conciertos. La Consellería de Política Social reconoce que hay renuncias, pero mantiene que no son generalizadas. Y aclara que esas bajas no se producen por la asfixia económica de las residencias debido a las cuantías que les paga la Xunta, sino porque en sitios con alta demanda de plazas les resulta más rentable no acogerse a los conciertos y cobrar tarifas más altas a los usuarios. En ciudades como A Coruña estos centros llenan igual sus camas, pese a no estar conveniadas, mientras que en otras localidades dependen de los conciertos para cubrir sus plazas y tener ingresos.

Como decíamos en el arranque de este editorial, Galicia tiene un importante déficit de plazas en residencias para mayores. Y esta situación irá en aumento en una comunidad en la que una de cada cuatro personas supera ya los 65 años.

Y en este primordial reto para la calidad de vida de los gallegos en el futuro inmediato, hay un gran hándicap que resalta en las estadísticas: Galicia se encuentra en el furgón de cola en cuanto a plazas en geriátricos.

En la comunidad gallega hay únicamente tres camas por cada cien personas mayores, cuando la ratio recomendada por la Organización Mundial de la Salud es de 5,2. Esto significa que para dar una buena cobertura a la población gallega se precisarían 35.000 plazas en centros de mayores mientras que se cuenta solo con 20.285. Es decir, que se deberían crear más de 14.000 para cumplir con los estándares de la OMS.

La Xunta tiene ahora mismo sobre la mesa un puntual pulso por resolver con el sector de los geriátricos privados, pero eso no basta para hacer frente al colosal desafío que se le avecina a la tercera comunidad más envejecida del país.

El Gobierno gallego reclama con toda justicia que en el pendiente reparto de la financiación autonómica se tenga en cuenta el factor del envejecimiento y también que se facilite cuanto antes por el Gobierno el pago de partidas atrasadas a las comunidades a causa del bloqueo en la composición de un nuevo Ejecutivo. Pero hay también deberes propios por hacer. Urge corregir el déficit de plazas para mayores que padece Galicia para poder afrontar el horizonte de una comunidad cada vez más envejecida.

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