19 de noviembre de 2019
19.11.2019
La Opinión de A Coruña
inventario de perplejidades

La Bolivia de Evo Morales

18.11.2019 | 22:32

En una amplia mayoría de la prensa que usted pueda consultar se alude al brutal golpe de Estado en Bolivia como un legítimo movimiento de reparación de la normalidad constitucional alterada por Evo Morales. Y al asilo político en México del hasta ahora presidente, como la escapada del pandillero que huye cobardemente de la acción de la Justicia al saberse descubiertos sus turbios manejos. Pero tendrá usted que espigar en la letra pequeña de informaciones y comentarios, e incluso hacerse auxiliar por una lente de aumento, para que aparezcan los datos económicos de Bolivia avalados por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entidades no sospechosas de izquierdismo. Porque en los trece años de mandato democrático de Evo Morales (el primer presidente indio electo en América del Sur ) Bolivia redujo a más de la mitad la pobreza severa, y la malnutrición, que eran endémicas, nacionalizó las inmensas riquezas naturales del país consiguiendo unos precios razonables por parte de las empresas concesionarias que antes pagaban cantidades ridículas, contuvo la inflación, y puso en marcha un ambicioso programa de recuperación de lo que él llamaba la "soberanía energética". Una recuperación necesaria para la mayoría de la población indígena que subsistía malamente en la pobreza pese a vivir en un país abundante en gas, petróleo, oro, plata, cinc, coltán y otros minerales imprescindibles para el moderno desarrollo industrial. Y todo eso, lo consiguió Morales con la astucia y la paciencia proverbiales en los de su raza. En su libro El odio a Occidente, el sociólogo suizo Jean Ziegler, y miembro del comité consultivo del Consejo de Derechos del hombre de la ONU, dedica varios capítulos a glosar la historia de Bolivia y la extraordinaria habilidad de Evo Morales para llevar a buen puerto el siempre difícil camino de las nacionalizaciones. Un objetivo en el que colaboraron los gobiernos de Argelia, Noruega y Venezuela, que acabó pagando la carísima minuta de un bufete de Nueva York encargado de redactar los nuevos contratos con las empresas concesionarias. Por cierto, que Ziegler se explaya también en el peligro que representó para los planes del hasta ahora presidente boliviano, la existencia en el departamento de Santa Cruz de una extensa colonia de huidos del régimen nazi a partir de la certeza de la derrota militar. Una colonia que se trajo de Europa clandestinamente riquezas incontables que luego sirvieron para la adquisición de terrenos, negocios y todo tipo de transacciones financieras. Por allí pasaron personajes tan siniestros como Josef Mengele (médico en Auschwitz), Eduard Roschmann (el carnicero de Riga) Heinrich Müller (jefe de la Gestapo) y hasta Klaus Barbie y Eichmann que luego fueron localizados y expatriados. En Santa Cruz y en los departamentos de Beni y Pando reside la mayor oposición a Morales y allí se fraguó también un movimiento secesionista para separarse de Bolivia. Un movimiento que disfruta de la propiedad de todos los medios de comunicación y hasta de la simpatía de parte del clero católico. No sabemos en qué parará el golpe de Estado promovido por sectores ultraconservadores y altos mandos del Ejército, pero hay que desear que no degenere en una violencia extrema. El señor Trump, en la mejor tradición golpista para América del Sur, ya ha reconocido al autoproclamado nuevo gobierno.

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