22 de enero de 2020
22.01.2020

Sentidos

21.01.2020 | 22:09

Leí hace poco un titular en la prensa nacional que advertía de la llegada del internet de los sentidos poco después de que se dé la presencia, ya inminente, del internet de las cosas. Parece en realidad que la Red de redes fue desde el principio un asunto de comunicación entre objetos ordenadores, teléfonos y así, pero, temiéndome que el asunto fuese incluso peor, me tragué la noticia entera para enterarme de que sí, que lo que viene debería preocuparnos aún más. Porque parecía que esa especie de conexión completa entre las máquinas iba a llevar a la situación perfecta, a que se ocupasen las cosas de las redes sociales y nos dejasen tranquilas a las personas. Un mundo en el que uno le diese cuatro instrucciones a su computadora y con eso fuera suficiente, que a partir de ahí el ordenador o la televisión inteligente se encargasen por sí solos de opinar, insultar, suplantar las personalidades, amenazar, chantajear y comentar los artículos de los periódicos, sería la panacea mejor para librarnos de la dependencia de las máquinas en la que andamos metidos. Pero resulta que el internet de los sentidos consiste en lo contrario, en digitalizar todos los sentidos humanos.

Hasta ahora solo dos, la vista y el oído, formaban parte del mundo virtual, con el tacto como complemento necesario para quienes no saben o no quieren dar órdenes verbales. Pero incorporar además el olfato, el gusto y el resto de las sensaciones táctiles por medio del acceso a las formas y texturas pueden llevarnos al infierno. Parece ser que se ha hecho una encuesta y el 60% de los participantes apunta al año 2030 como meta para poder percibir de manera digital los olores en las películas que estén viendo. No quiero ni pensar en lo que puede suponer eso no ya en El perfume, que aún justificaría semejante despliegue, sino al incorporarse la peste de las cloacas en que vive el Pingüino en Batman. O las sensaciones que tendríamos que aguantar en la escena de Los hermanos Sister en la que John C. Reilly se traga una araña mientras duerme.

El equivalente de las películas de terror actuales en las que, todo lo más, te llevas un susto multiplicado gracias a la banda sonora cuando aparece el vampiro de turno puede llegar a la náusea si añadimos guarradas asociadas al sabor y al olfato. Será una suerte que, para entonces, Tarantino esté ya jubilado, pero no faltarán candidatos a heredar su trono dentro de la barbarie filmando, por ejemplo, Los odiosos, „apestosos y repugnantes„ ocho. Pobres de los que tengan que limpiar la sala tras cada una de las sesiones. Pero hay un único aspecto en el que podemos confiar en que nos dejen cierto respiro. Al decir del director de banda ancha de la empresa Ericsson España, en 2030 se dispondrá ya de la tecnología necesaria para comunicar de manera digital el pensamiento. Bueno; digo yo que eso solo sucederá en el caso de que haya alguien en la súper Red de redes capaz de pensar algo.

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