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La Opinión de A Coruña

Juan Soto Ivars

Rusia y la propaganda posmoderna

La censura a las emisiones de Russian Today y Sputnik en Europa fue un movimiento ingenuo por parte de nuestras autoridades, como lo ha sido la decisión de YouTube de cerrar los canales de estos órganos de propaganda. El Kremlin utilizará todos los medios a su disposición para infiltrar propaganda por aquí. No es difícil tropezar en las mismas redes sociales que están vetadas en Rusia con mensajes característicos de esa propaganda rusa, tan posmoderna. Su objetivo no es vender un relato o una información falsa concreta, sino de sembrar la duda y provocar la discordia.

De la misma forma que los misiles indiscriminados tratan de blandear el ánimo resistente de los ucranianos, una suerte de misiles simbólicos se emplea para hacer lo mismo con el de las democracias occidentales. No hay nada nuevo: es la práctica de intoxicación en pequeñas dosis de la que el Kremlin se valió para alimentar movimientos populistas extremos de izquierda y derecha. Los medios para lograr el objetivo son demasiado variados como para poder controlarlo. De entrada, en la propaganda posmoderna no sabes si la mano negra está ahí, o alguien simplemente dice lo que piensa. No se trata de hacer creer mentiras a nadie, sino de sembrar la duda sobre las verdades aceptadas. Hay ejemplos burdos, como el intento de convertir a una víctima embarazada del bombardeo del hospital infantil de Mariúpol en una actriz, o el de hacer creer a los conspiranoicos que Estados Unidos creó el coronavirus en laboratorios de Ucrania. Pero también otros más sutiles, relacionados con debates sociales para los que ya nos sobran actitudes de crispación y polarización.

Baudelaire dijo que la mejor treta del demonio ha sido persuadirnos de que no existe, y la propaganda posmoderna emplea precisamente esta receta. Rusia juega con la ventaja estratégica de enfrentarse a democracias donde existe la libertad de expresión. Mientras Putin persigue a todo disidente, mientras prohíbe que se escriba la palabra guerra en los medios de comunicación rusos, aquí no sabemos si alguien sitúa a la OTAN como responsable de la agresión por convencimiento o intereses espurios. Esta clase de propaganda posmoderna irá a más en las próximas semanas, redoblada por el cierre progresivo de los cauces oficiales del Kremlin en Europa. Veremos sombras y no sabremos si es un monstruo o un abrigo en un perchero.

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