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La Opinión de A Coruña

Juan Tapia

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Juan Tapia

Sánchez tras Ucrania

¿Con qué apoyos parlamentarios serán respaldadas las nuevas políticas económicas y de defensa?

La invasión de Ucrania está cambiando toda la política europea. Primero, la relación con Rusia y el papel de la OTAN. Desde el fin de la URSS había confianza en que Rusia, pese a su complejidad, sería un país bastante normal. Solo así se entiende la política de Merkel y el SPD, que les dejaba dependientes del gas ruso. Ahora Alemania quiere diversificar su suministro y sube sustancialmente su presupuesto de Defensa. Y Macron, cada vez más favorito en las presidenciales de abril, ha dicho que su programa “está enmarcado en el retorno de lo trágico en la historia”. Josep Borrell, el español que como alto representante de la UE está en primera fila, lo concreta: “Europa debe despertar de un dulce sueño, nos habíamos olvidado tanto de la guerra que creíamos que no volvería, pero lo ha hecho y tiene un precio”.

Por eso Pedro Sánchez, tras haber declarado a TVE que no enviaría armas a Ucrania, rectificó al día siguiente y dicen que tras una larga conversación con Josep Borrell. Y luego ha dicho en La Sexta que incrementará hasta el 2% del PIB el gasto de Defensa. El pasado viernes se conoció una carta a Mohamed VI en la que admite que la propuesta marroquí de autonomía del Sáhara es la solución más realista. Un cambio revolucionario en la política con Marruecos.

La cumbre de la OTAN tendrá lugar en Madrid dentro de pocas semanas y España estará alineada con una Europa preocupada por su seguridad y que sabe que la reacción ante la invasión de Ucrania no habría sido posible sin los Estados Unidos de Biden.

Y el cambio no será solo en política de defensa o energética —el súbito interés por el gasoducto Midcat de enlace con Francia que estaba muerto— sino también en política económica. Ahora las prioridades serán combatir la aceleración de la inflación por el alza del gas y otras materias primas, y proteger al tejido productivo y a las familias, controlando el precio de la electricidad y bajando los impuestos a los combustibles. ¿Son compatibles en un contexto menos permisivo con el déficit público, porque el BCE irá dejando de ser una fuente de financiación segura y barata?

Sánchez va con retraso respecto a la inquietud por el precio de los combustibles, como ha demostrado esta semana la huelga salvaje de camioneros. Y el retraso se debe en parte a que cree que lo fundamental —desacoplar el precio de la electricidad de la gran subida del gas natural— necesita el aval europeo. Por eso sus reuniones del pasado viernes tanto con Draghi, el portugués Costa y el griego Mitsotakis (conservador), como con el canciller Scholz. Si Sánchez logra el aval europeo al desacople, el decreto de medidas económicas contra la crisis que prepara para el próximo día 29 será más fácil de avalar —o tolerar— por sus aliados, por los interlocutores sociales y quizás incluso por el PP. En caso contrario, sin el aval europeo, la cuestión se complica. ¿Quién y cómo compensa a las centrales de ciclo combinado por las pérdidas en las que pueden incurrir al fijar un máximo al precio del gas? Todavía estamos pagando el llamado déficit tarifario de épocas pasadas.

Y el clima social va a sufrir si los salarios deben tener como referencia más la inflación subyacente (sin energía) que el IPC. El complicado giro de la política económica -priorizar la inflación sin abandonar a las familias y a las empresas- no va a ser nada fácil. Y la conflictividad será mayor si se hace sin el aval europeo. Sánchez sabe que se la juega en la cumbre europea de los próximos jueves y viernes y por eso ha puesto toda la carne en el asador.

Otro problema es si las nuevas políticas, y el cambio respecto a Marruecos, pueden y deben hacerse solo con la mayoría progresista de los últimos presupuestos. Podría ser conveniente el apoyo —o la no hostilidad— del PP (e incluso Cs), que tienen un papel relevante en Europa. ¿Estarán dispuestos los principales socios de Sánchez Podemos y ERC— a admitir que el bloque progresista no es suficiente para afrontar la tempestad que ha desencadenado la invasión de Ucrania? Y mucho dependerá también de la actitud de Núñez Feijóo, que llega a la presidencia del PP tras una crisis seria y con Vox pisándole los talones. Como Podemos al PSOE en 2015 y 2016.

Vienen semanas conflictivas. Y decisivas.

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