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La Opinión de A Coruña

Juan José Millás

el trasluz

Juan José Millás

Mi mujer también

En el metro, un hombre lee el periódico y escupe en cada una de sus páginas antes de pasar a la siguiente. Lo hace sin disimular, a la vista de todos, que intercambiamos gestos de incredulidad y miradas de circunstancias. Finalmente, el hombre levanta la cabeza y grita:

Mi mujer también

—Ustedes disculpen, pero esta es mi manera de escupir a la realidad.

Los demás asentimos porque todos estamos de acuerdo en que la realidad merece ser escupida, aunque evitamos hacerlo por higiene.

—¿Escupe usted sobre la televisión cuando ponen el telediario? —pregunta uno de los viajeros.

—Sobre la televisión, no, porque no puedo tirarla luego a la basura, como el periódico.

Imagino por un momento a todo el mundo escupiendo sobre las pantallas de sus televisores y sonrío para mis adentros. Entre tanto, el hombre ha metido el periódico en una bolsa de plástico y se ha bajado en la siguiente estación dejándonos a los que continuamos el viaje una sensación rara. Creo que nos solidarizamos con su fondo, pero no con su forma.

Por la tarde, le cuento la historia a mi psicoanalista, que carraspea al escucharla.

—En los bares de mi infancia —añado— estaba prohibido cantar y escupir. Lo ponía en un cartel: “Se prohíbe cantar y escupir en el suelo”.

—Son asuntos de distinta naturaleza —dice ella.

—Es lo mismo que pensaba yo. También pensaba que quizá se podía escupir en cualquier sitio que no fuera el suelo, de otro modo no se entiende esa precisión.

Mi terapeuta suspira, yo suspiro, y pasamos a otro asunto sin interés. Hay sesiones absurdas que tienen sin embargo el mismo precio que las que no lo son. Esa noche, en casa, viendo el telediario me cago en la realidad.

—¿Qué dices? —pregunta mi mujer.

—Digo que me cago en la realidad.

—Ah, yo también —concluye ella.

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