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La Opinión de A Coruña

Pedro de Silva.

Tempestad en vaso de agua

Las ganas de echar al Gobierno de la oposición política y mediática son legítimas, pero si se vuelven ansiosas se pierde compostura, como pasa con el griterío sobre las escuchas telefónicas. La cosa, de lo que se sabe, no da para tanto. Que se hicieran en un tiempo posterior al intento de golpe separatista, bajo procedimientos al parecer legales, resultaba obligado. Que, al margen de ello, haya sido espiado el teléfono del presidente sin enterarse la seguridad del Estado es inadmisible. Que se destituya a la persona responsable de esos servicios está dentro de lo normal. Que con ese cese justificado se haga a la vez un guiño al separatismo en vía (lenta) de posible reinserción entra en el fango pestilente de la política, pero nada más. Que con todo ello una horda de políticos y medios levante una pira en la que asar al Gobierno denota una impaciencia más propia del pirómano.

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