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Elena Fernández-Pello

La madre de la vecina

Si alguien tuviera alguna curiosidad por saber cómo y por qué se eligen los temas a tratar en cada uno de estos artículos semanales —es de suponer que nadie y ninguna, pero nos viene bien para el arranque de hoy— se le podría explicar que se hace sin ningún criterio fijo, unas veces al dictado de la actualidad, otros por mero capricho, y casi siempre, a la trágala. El de hoy es uno de esos artículos caprichosos, surgido de una conversación intrascendental con un compañero que podría resolverlo con más conocimiento e incluso con brillantez, pero, desafortunadamente para los lectores, anda enredado en sus propios quehaceres, que no son pocos, y tendrán que conformarse con estas líneas, o pasarlas de largo.

Después de tanto preámbulo, al grano. Andábamos un día de estos charlando sobre el arranque de la cuarta temporada de Stranger Things. El 1 de julio, no lo habrán olvidado porque fue hace un par de días, se estrenó la segunda parte en Netflix. Y no es desvelar gran cosa contar que en esta nueva trama tiene un papel trascendental el club Fuego infernal, del que forman parte varios de los personajes de la serie, enganchados a uno de los primeros y más populares juegos de rol, Dragones y mazmorras, y que Vecna, el malvado de esta entrega, está sacado de ese universo imaginario y es un brujo poderosísimo y malvado que una vez fue humano.

Pues todo eso, ese mundo de fantasía que inspira e impulsa la serie es fruto de la imaginación de una mujer. Y por fin llegamos, ahora sí, al meollo de este artículo y a la protagonista de este artículo: Margaret Weis, que en la Universidad de Musuri, donde estudiaba a mediados de los 60, se convirtió en una lectora apasionada de Tolkien y que años después, junto a su amigo Tracy Hickman, creó el universo Dragonlance, el mundo en el que se desarrolla el juego de rol y ahora también en cierta manera el que alienta los nuevos capítulos de Stranger Things.

A Margaret Weis y Tracy Hickman los contrató una editorial especializada en juegos y les encargó coordinar una novela y tres módulos del juego, que serían el germen de todo lo que vino después. Weis y Hickman idearon los escenarios y el argumento y contrataron a un escritor para desarrollarlo, pero no les convenció el resultado, así que asumieron toda la responsabilidad del proyecto y se sentaron escribir ellos mismos. Lo demás, como se suele decir, es historia.

Aquello creció y creció, a la novela le sucedió una trilogía y así, a lo tonto, Margaret Weis ha acabado por publicar cientos de libros y ha creado no uno sino varios universos de fantasía, habitados por hechiceros, druidas, arqueros y guerreros, elfos, gnomos y hadas. Weis y su compañero literario se ha convertido en una de las escritoras de literatura fantástica más prolíficas y exitosas de la historia.

Por cierto, Weis y Tracy Hickman, que sigue trabajando juntos, han anunciado la salida el 2 de agosto de su primera novela desde hace una década, Dragons of Deceit, algo así como Dragones del engaño, y se supone que es la primera de una nueva trilogía. Así que, en las páginas de los libros y en las pantallas, el universo Dragonlance sigue en expansión.

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