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La Opinión de A Coruña

Luis M. Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

Hace calor

Pongámonos en lo peor, puede que dentro de poco el eslogan acuñado sin fundamentos reales en tiempos de bonanza de que “no hay dinero” deje de convivir frívola y paradójicamente con el “no hay billetes” o “no hay mesa” de los restaurantes. Puede que por culpa de la inflación, el recibo de la luz, la guerra de Ucrania o el gobierno de turno, las cosas empiecen, el invierno que viene, a rodar francamente mal para casi todos, y el “no hay dinero” se convierta para la mayoría en un hecho de verdadera necesidad. Es posible que entonces perdamos también la oportunidad, no ya de vivir al día siguiente, sino de vivir al día. La pandemia ha influido lo suficiente en nuestro tiempo inestable para reforzar una mentalidad de inmediatez, materialista y desconfiada. Vivimos una especie de existencialismo mal digerido por el paso de los años que desemboca en una sociedad desenfocada con grandes lagunas de conocimiento y que tiene acceso a una información ingente, entre la que abunda la de mala calidad. Todo ayuda a explicarlo.

No sé si es demasiado pronto para plantearse la pregunta de qué vamos a hacer con la pobreza o, de una forma más optimista, empezar a preguntarse qué podemos intentar para evitar ser pobres, no solo en el sentido estricto de la riqueza. Evidentemente hay que tener los pies en el suelo. Como dice Philipp Bloom, el mundo no es justo, el sistema lo manejan otros, y a uno no lo ayuda nadie. Salvo que decida dedicarse a la política ayudándose a sí mismo. El éxito de nuestras sociedades depende de un crecimiento económico, que solo se mantiene consumiendo y utilizando de modo depredador los recursos naturales. No es racional por tanto confiar en un futuro mejor. De momento nos preocupa lo que nos espera a la vuelta de la esquina. Ni siquiera podemos pensar eso de que mañana será otro día. Por lo que tengo entendido, mañana volverá a hacer calor.

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