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La Opinión de A Coruña

Matías Vallés

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Matías Vallés

El cine de los ochenta no se limita a ‘Blade runner’

No se puede desmentir alegremente que Blade Runner sea la película más importante de todos los tiempos. En su cuarenta aniversario, el duelo entre Rick Deckard encarnado por Harrison Ford y Roy Batty espiritualizado por Rutger Hauer define desde luego la década cinematográfica de los ochenta. El encuadre temporal es significativo, por tratarse del último periodo en que la pantalla grande preserva su supremacía. Por si no se entiende, las tres películas españolas preseleccionadas este año para el Oscar a la mejor producción en lengua extranjera han sido vistas conjuntamente por menos de uno de cada cien habitantes del país citado. Y sí, pese a ello, leerá que un miembro del trío fue un éxito sorpresa de taquilla.

La película de Ridley Scott define los ochenta, pero no los agota. La selecta Time Out simboliza el elitismo cinematográfico, y relega a Blade Runner a segunda mejor película de la década, superada por Blue Velvet. Es una tesis defendible estéticamente, pero la inquietante evocación surrealista de David Lynch no puede competir en impacto social con la odisea de los replicantes. En el podio pese a la proscripción actual de su autor, Hannah y sus hermanas es la cumbre de la filmografía de Woody Allen. La ventaja de incorporar un homenaje impagable a los hermanos Marx se compensa con la necesidad de sobreponerse a la presencia en pantalla de Mia Farrow.

Los ochenta son también la década cinematográfica estelar de los baby boomers, ahora acusados con razón de la extinción del planeta. De ahí el auge de las películas de codicia, en la versión legalizada de Wall Street o en el salvajismo del Scarface inmortalizado por Al Pacino. El dicharachero Tony Manero ha degenerado en Tony Montana, la película de Brian de Palma impuso los códigos estéticos que serían adoptados como dogmas por los traficantes colombianos o la mafia rusa. Y el mismo director confeccionó el antídoto en Los Intocables, donde el auténtico protagonista es el vestuario de Giorgio Armani.

Ha llegado la hora del sacrilegio, incluir entre las joyas de los ochenta a Aterriza como puedas, porque abrió las compuertas del humor descerebrado posterior. Sin olvidar Las amistades peligrosas, inspiradoras de la última revolución sexual antes de la contrarreforma vigente. En cambio, decepciona la pomposa La chaqueta metálica, y Top Gun no llega a despegar a diferencia de la memorable Maverick.

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