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La Opinión de A Coruña

Salvar el mundo en 15 minutos

La idea no es nueva. Aunque en su momento tuvo acogida y se hablaba mucho de ello en papeles, planes estratégicos y eventos de moqueta, ha ido cayendo en el olvido; paradójicamente, por falta de tiempo. Siempre hay una amenaza de recesión, una guerra, unas elecciones que atender antes de salvar el mundo. Y la revolución de los 15 minutos, lamentablemente, no se hace en 15 minutos.

Hace unos años, Anne Hidalgo, alcaldesa de París, rescató el concepto de la Ciudad del cuarto de hora y lo convirtió en una referencia aspiracional del debate sobre el futuro de las ciudades, la transformación de la movilidad y la sostenibilidad urbanas. Es una corriente de pensamiento centrada en recuperar los espacios de la ciudad, racionalizar la movilidad y acercar los servicios, evitando la necesidad de desplazamientos largos y, por tanto, facilitando la conciliación y reduciendo la contaminación. ¡Un combo perfecto!

El concepto, basado en trabajos de principios del siglo XX y desarrollados por figuras como Jane Jacobs y, posteriormente, Carlos Moreno, se basa en repensar y rediseñar las grandes urbes de manera que los ciudadanos puedan cubrir sus necesidades con desplazamientos de no más de 15 minutos, caminando o en bici. En definitiva, una vida de proximidad más sostenible, en todos los sentidos. La idea es insuperable, pero hay dos preguntas que surgen espontáneamente: la primera, cuáles son las necesidades esenciales de los habitantes de las ciudades; y la segunda, cómo se consigue un cambio tan profundo y radical. La respuesta a la primera pregunta admite discusión y matices, muchos matices. La respuesta a la segunda pregunta pasa, sí o sí, por una solución, la digitalización.

Según los expertos, las necesidades que deben garantizarse a los ciudadanos con esta visión de proximidad y eficiencia son vivir, trabajar, comprar, cuidarse, educarse y descansar. Hay realidades que ya están transformando las ciudades en esa dirección, como el teletrabajo y el comercio electrónico. Pero estos cambios se enfrentan a retos más profundos, urbanísticos y arquitectónicos, relacionados con las soluciones habitacionales, el tráfico, el acceso a internet y a los servicios públicos, que nos llevan necesariamente al mantra de la digitalización. Las viviendas actuales no están concebidas para trabajar en ellas; el tráfico y los espacios de aparcamiento no están preparados para las nuevas formas de movilidad y de reparto de mercancías; las administraciones públicas no están preparadas para que la mayoría de los ciudadanos hagan todos los trámites en línea, ni pueden garantizar la cercanía física de los servicios públicos para todos. Muchos de estos retos pasan por digitalizar la ciudad, los servicios y la vida en general.

Otros retos no tienen una solución tecnológica y son, por tanto, más difíciles de abordar, como el gran cambio de mentalidad necesario para vivir de acuerdo con el modelo de la Ciudad de los 15 minutos”.

Otros retos no tienen una solución tecnológica y son, por tanto, más difíciles de abordar, como el gran cambio de mentalidad necesario para vivir de acuerdo con el modelo de la Ciudad de los 15 minutos, que no sólo necesita cambios de infraestructuras, planificación y ordenación urbanística. Por ejemplo, la renuncia al coche particular, ¿estamos dispuestos? Por ejemplo, la renuncia a las dinámicas de trabajo, desempeño y liderazgo actuales, ¿seremos capaces?

Se calcula que en 2050 dos tercios de la población mundial vivirá en las ciudades. Hay tiempo, pero tal vez no tengamos nunca ni 15 minutos para pensar en salvarnos.

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