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José Manuel Ponte

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José Manuel Ponte

De cómo ‘topar’ con la Iglesia

Antes de que la guerra de Ucrania desaparezca de las pantallas de la televisión mundial para ser sustituida por otra guerra de parecidas características, analicemos el significado de las palabras y de las expresiones más utilizadas durante ese periodo de tiempo.

En unos casos para comprobar si en la “nueva normalidad” —que diría Sánchez el Atrevido— se les atribuye un sentido muy alejado de la interpretación que le otorgaron sus primeros hablantes. Y en otros, la palabra no tiene relación de parentesco etimológico con el concepto que se quiere expresar por mucho que se repita cada poco. Pasados muchos años, muy pocos (si es que queda alguno) entenderán que la expresión “a buenas horas mangas verdes” tiene causa en la Hermandad (policía) creada por la reina Isabel la Católica, cuyos miembros vestían unos ropajes con las mangas de color verde. Dado que esa policía se ganó fama de llegar tarde a los sucesos en los que se requería su presencia, la calle, que es la que crea el lenguaje antes de que los académicos le den curso legal, consagró la frase para la eternidad.

Por ejemplo, la palabra “topar”, en estos momentos, de uso universal en el mundo hispano que la utiliza para todo. En el lenguaje cervantino era equivalente al llamado “bálsamo de Fierabrás”, un remedio eficaz para desarreglos intestinales. En la “nueva normalidad” sanchista “topar” puede entenderse como la acción de detener, o poner límites, a alguna cosa que puede acabar siendo perjudicial para quien la maneja. Los gobiernos intentaron topar el precio de la luz eléctrica, el petróleo y el gas, pero fracasaron en el intento. Y ahora nos topamos de bruces con la desagradable realidad de una guerra y de una crisis financiera ingobernable.

Nota. Confío en que alguno de los filólogos de guardia en la RAE nos aclare si el “topar” que ahora nos abruma con su presencia en los medios tiene alguna relación con la conocida frase del Quijote: “Con la Iglesia hemos topado, Sancho”.

Amenaza nuclear. Un retroceso inesperado a tiempos de la Guerra fría, cuando se estimó que un ataque nuclear pudiese acabar con la humanidad. Curiosamente, la estabilidad política estaba basada en el “equilibrio del terror”, que es lo más terrorífico que pueda darse.

Porque una sociedad cuyos cimientos se apoyan en el miedo al semejante está expuesta a la destrucción, incluso por accidente.

Oligarcas. Ciudadanos rusos que se han hecho inmensamente ricos a la desaparición de la Unión Soviética apropiándose de sus inmensas riquezas. Muchos de ellos dejaron de dirigir empresas estatales un día para hacer lo propio en las empresas privatizadas al siguiente.

Oligarcas, es decir, multimillonarios con buenas conexiones con el poder político, los hay en todas partes, pero el término se aplica, no sabemos por qué, solo a los rusos y especialmente a los relacionados con Putin, el “hombre malo” que sustituye en ese mismo papel a Bin Laden y a Sadam Husein.

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