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Juan José Millás

el trasluz

Juan José Millás

Inocencia

El final de El Quijote será siempre el mismo, igual que el de Madame Bovary, el de Guerra y paz o el de las tragedias clásicas. La ficción es fiel a su lógica interna, no así la realidad. Cuando se desclasifican los documentos relacionados con un suceso histórico, vemos con sorpresa que su final fue muy distinto a como lo habíamos imaginado. Emitimos opiniones sobre la actualidad porque somos muy dados a cerrar expedientes, pero dentro de veinte o treinta años nos explicarán que las cosas no fueron como nos las contaron (o como nos las contamos). Aquí todos estábamos convencidos del papel definitivo jugado por el rey emérito en la larga jornada del 23 F. Hay ya sin embargo agentes del CNI que están empezando a modificar el final de la historia (o del cuento, según). No conoceremos la verdad de lo ocurrido hasta que salgan a la luz los documentos relacionados con el golpe. La resistencia a hacerlos públicos nos lleva a sospechar que quizá hemos sido un poco ingenuos al aceptar a ciegas la versión oficial.

Nos pasamos la vida, en fin, contándonos cuentos tranquilizadores. Cada uno de nosotros oficia de Scheherezade de sí. Nos inventamos historias que nos mantienen con vida. Yo mismo, esta mañana, he pasado por una administración de lotería y he comprado un décimo de Navidad. Luego he continuado mi camino (iba a la psicóloga) imaginando lo que haré cando me toque. Me lo he relatado tan bien que a medio camino he dado la vuelta para adquirir nueve décimos más del mismo número. He llegado tarde a la sesión y mi psicoanalista se ha reído al conocer la causa. Pero cuando le he contado con detalle lo que pensaba hacer con todo ese dinero (unos 3 millones, si me tocara el Gordo) creo que ha sentido un poco de envidia, de modo que he decidido regalarle un décimo. Al principio se resistía a aceptarlo, pero enseguida se ha rendido con la condición de pagármelo, pues la lotería regalada, según ella, no toca.

Supongo que, después de que yo abandonara la consulta, ella se habrá montado una historia imaginaria sobre el fin que le daría a ese dinero que nos va a tocar el 22 de diciembre. Ese día se desclasificarán los documentos de hoy y nos asombraremos de nuestra inocencia (lo normal es que la lotería no toque). Pero ahí estará la Sheherezade que llevamos dentro dispuesta a contarnos otra historia.

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