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¿Fin del sueño americano?

Las encuestas muestran que el pesimismo entre los estadounidenses está en sus niveles más altos desde 2011 y ese miedo al futuro empuja a los republicanos en las elecciones clave del martes

Cuando Trump fue elegido presidente recordé una frase que el profesor Manuel Jiménez de Parga, entonces notorio antifranquista y luego presidente conservador del Constitucional, repetía en sus clases de derecho político: las elecciones presidenciales estadounidenses son tan relevantes para el mundo que los estadounidenses no deberían ser los únicos en votar, todos los países deberían poder hacerlo.

¿Fin del sueño americano?

Era poco más que un absurdo deseo, pero es cierto que el presidente estadounidense es un político superpoderoso y que sus aciertos (o errores) nos afectan a todos. El martes, Estados Unidos vota en las elecciones llamadas de “medio mandato”. No se elige presidente (quedan dos años de Biden), pero sí los 435 miembros de la Cámara de Representantes y la tercera parte de los senadores y los gobernadores de los 50 estados. Y la posibilidad de que los republicanos ganen en la poderosa Cámara de Representantes es bastante alta. En tal caso, los poderes de Biden se verían muy recortados, incluso si los demócratas siguen dominando el Senado.

En circunstancias normales no sería traumático. Según Gallup, Biden tiene ahora un 40% de aprobación, porcentaje cercano al de Reagan o Clinton cuando perdieron estas elecciones y luego fueron reelegidos. Pero esta vez es diferente. Mucho mucho, porque la mayoría de los candidatos republicanos afirman que Trump fue el ganador de las pasadas presidenciales y que Biden es un presidente ilegítimo. Y Trump está calentando motores para volver a presentarse y ser presidente por segunda vez. Sería una catástrofe para EE UU y para el mundo. Aunque solo fuera porque es un acérrimo negacionista del cambio climático.

Parece extraño que Trump —que intentó un golpe anticonstitucional— tenga una gran parte de la opinión a su favor y al Partido Republicano sometido. Y ello pese a que Liz Cheney —hija del vicepresidente ultra de Bush hijo— y el influyente columnista neoconservador Bill Kristol estén apoyando a los demócratas. Pero es así. ¿Por qué? Hay algo de nostalgia mundial, y reaccionaria, del nacionalismo. Lo acabamos de ver en Brasil e Italia.

Pero en EEUU sorprende más porque en el mandato de Biden se han creado casi 10 millones de empleos y la tasa de paro, del 3,7%, está muy cerca de la más baja de la historia. Pero simplificando (y ojo porque podría tener traducción española), los estadounidenses están más preocupados por una tasa de inflación superior al 8%, las más alta en 40 años, que por el empleo. La inflación descontrolada —que afecta a todos— tiene fuertes efectos sociales.

EEUU era siempre un país optimista. En la serie de encuestas, desde 1996, del New York Times y de Gallup siempre ha habido más estadounidenses que creían que las nuevas generaciones vivirían mejor que sus padres que lo contrario. Con dos excepciones. La gran crisis de 2008-2011, en la que algunos ven la raíz del triunfo de Trump con su “Hagamos América grande otra vez”, y este año con el gran disparo de la inflación.

Ahora, según Gallup, el 57% de los estadounidenses, contra el 42%, ya no creen que los jóvenes vivirán mejor que sus padres. Son 18 puntos más que en 2019 y es el mayor grado de pesimismo desde 2011, en medio de la gran crisis económica. Quizá no es el fin del “gran sueño americano” en el progreso material, pero tendrá consecuencias. Para combatir la inflación, el banco central de EEUU practica una agresiva subida de tipos de interés que hace temer una recesión. La bolsa no es la economía, pero refleja algo el clima económico y el Nasdaq, el índice de las tan emblemáticas grandes tecnológicas, acumulaba el jueves una caída del 52% desde el 1 de enero, mientras que el Dax alemán —muy castigado por el cese del suministro del gas ruso— caía solo un 17%.

¿La crisis del sueño americano y el miedo al futuro pueden llevar el martes a una derrota demócrata y al triunfo de los amigos de Trump? Es muy posible. Pero, interesante, los estadounidenses que ganan menos de 40.000 dólares anuales (casi lo mismo en euros) son más optimistas que los que ganan más de 100.000. El 52% de los menos favorecidos creen que los jóvenes vivirán mejor. Entre los ricos, solo el 39%.

Los pobres son muchos más, pero no es seguro que vayan a votar más. Ni que lo hagan por Biden.

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