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Gemma Martínez

Respeten a los mayores, Biden incluido

Joe Biden se convirtió este domingo en el primer presidente octogenario de Estados Unidos. El cumpleaños, celebrado con un brunch familiar 24 horas después de la boda de su nieta Naomi, evitó dar visibilidad al 8 y al 0 que lo convierten en la persona de más edad de todas las que han ocupado la Casa Blanca en la historia. El ocultismo no es baladí y llega después de que el país haya celebrado las elecciones de mitad del mandato —que dieron a los demócratas un resultado mejor del esperado— y de que Donald Trump haya anunciado que competirá por la presidencia en 2024.

Biden todavía no ha confirmado si buscará o no la reelección dentro de dos años, aunque sí ha avanzado que le gustaría pese al asfixiante escrutinio al que es sometido por su estado físico y mental. El edadismo, la discriminación por la fecha del DNI, subleva a Biden, que, si compitiera y venciese en 2024, tendría 82 años al tomar posesión y 86 al despedirse tras su segundo y último mandato.

El debate no es nuevo. Ya lo avanzó Barack Obama en sus memorias, A promised land, publicadas después haber dejado la Casa Blanca tras ocho años y con Biden de número dos. “Conforme conocí a Joe, descubrí que sus errores ocasionales son triviales comparados con sus fortalezas”. Lo que sucede es que ahora se ha enconado mucho más el enfrentamiento entre los que creen que Biden no debería repetir, amparándose en sus errores dialécticos y en sus caídas accidentales, y los que opinan que sí.

Cuestionar al demócrata por su edad puede ser un ejercicio legítimo, dado lo exigente que es física y mentalmente estar al frente de la primera potencia del mundo. Pero hacerlo también resulta cruel, sobre todo cuando él no ha dado signo alguno de incapacidad.

Las sociedades avanzadas son las que respetan a los mayores que siguen activos y buscan su buen juicio, su experiencia y su orientación. Todo ello, a la vez que preparan con mimo la sucesión de sus líderes. Es, por tanto, hora de dejar de usar la edad como un arma arrojadiza, sobre todo ante octogenarios como Biden, que gozan de buena salud y, al menos por ahora, ejercen su cargo con destreza. La edad biológica no siempre coincide con la marcada por las hojas del calendario.

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