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Juan Tallón

parece una tontería

Juan Tallón

¡Protesto!

La vida se hace insoportable sin protestar. La vida, por otra parte, siempre es en alguna de sus vertientes una mierda, así que no se puede, ni se debe, vivir sin quejas. Poseen la forma de un placer terco y salvaje. Cuando una situación te lleva al hartazgo, la protesta es tu salvación. Respiras por ella. Ni cuando parece que ya no existe ni en la imaginación de la gente, como la china, la iraní o la rusa, deja de aflojar como relámpago, o milagro. Sin reproches el mundo se volvería un lugar plácido, dulce, inhabitable. Yo me sentiría raro si desde por la mañana mi hija no recitase “tengo sueño”, “esa ropa no”, “el kiwi me pica”.

¡Protesto!

Asistir al triunfo de una manifestación o una crítica es un espectáculo reparador. Hace un par de días le serví a mi hija un poco de berenjena en el plato. La fue arrinconando con el tenedor, en silencio, a ver si no me daba cuenta. “¿Qué?”, pregunté, sin precisar más. “No me gusta”. Me pareció una aserción aventurada. Ni siquiera la había probado, así que se lo hice notar. “Estuve en el futuro y sé que no me gusta”, dijo. Me dejé doblegar por el puro aburrimiento que causan algunas protestas. Y después le di un bocado a mi parte de berenjena. Estaba dura, insípida, malísima. Hice unos huevos. Supongo que siempre hay que protestar.

Reclamar, negarse, refutar son actos que requieren autocontrol. Existe el riesgo de escalada, y que conduzca a situaciones irreparables. Hay un relato de Roberto Fontanarrosa que cuenta la historia de un sistema de arbitraje a distancia en la liga de fútbol alemana, que reduce los errores y las protestas, y que consiste en una torre de cemento de 65 metros de altura, en cuyo interior hay 127 pantallas, y frente a ellas el árbitro y dos jueces de línea, que actúan a distancia. A los pocos meses, sin embargo, hay un novedoso adelanto en la forma de protestar. En un partido de gran rivalidad, tras un fallo arbitral, un misil M-L7, de versión soviética, reduce a polvo la torre de control. Lo acciona un aficionado desde la grada. “Ellos también han progresado mucho”, admite el presidente del Consejo Arbitral.

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