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Joaquín Rábago

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Joaquín Rábago

El ‘Magnificat’, ¿texto revolucionario?

Ahora que con la muerte del papa alemán Joseph Ratzinger vuelven a tomar fuerza las voces que critican a su actual sucesor, el argentino Jorge Mario Bergoglio, tachándolo de “comunista”, no está de más recordar algunos textos bíblicos.

Por ejemplo, el Magnificat, que reproduce las palabras que, según el relato del evangelista Lucas, María, embarazada ya de Jesús, dirigió al Creador cuando visitó a su prima Isabel, que llevaba también en aquel momento en su seno al futuro Juan el Bautista.

Muchos se limitan a las primeras palabras de esa oración, las que rezan: “Proclama mi alma/la grandeza del Señor/ se alegra mi espíritu en Dios/mi salvador/porque ha mirado la humillación/ de su esclava”.

Pero el Magnificat dice muchas más cosas, y así proclama del Dios de la Biblia: “Él hace proezas con su brazo/dispersa a los soberbios de corazón/derriba del trono a los poderosos/y enaltece a los humildes/a los hambrientos los colma e bienes/ y a los ricos los despide vacíos”.

¿No son en cierto modo revolucionarias esas palabras que la leyenda cristiana pone en boca de la madre de Dios? ¿No son fundamento de la llamada “teología de la liberación”, que, sin embargo, condenó un papa polaco, con la consecuencia indeseada del avance de las iglesias evangélicas en toda América Latina?

Doctrina teológica según la cual la salvación cristiana no podía darse sin la liberación económica, política y social de la persona, signos visibles de su dignidad, lo que exigía un fuerte compromiso de la Iglesia en la lucha contra la opresión y la injusticia reinantes.

La escritora e intelectual feminista italiana Michaela Murgia considera el Magnificat “uno de los textos más comunistas que conocemos” (1).

En el fondo, en él María “habla ya entonces de la lucha de clases y la revolución”, afirma la autora sarda, que es junto al periodista y experto en la Mafia Roberto Saviano una de las voces extraparlamentarias más destacadas de su país.

Murgia, que se declara creyente católica y es autora de novelas como Accabadora y obras de no ficción feministas como Cállate y otras nueve frases que no queremos volver a oír, escandalizó las pasadas Navidades al sector más conservador de la Iglesia con un texto publicado en el diario La Stampa en el que acusaba al catolicismo de ser “la única denominación cristiana que infantiliza a su Dios”.

Para Murgia, autora también de una guía titulada con sarcasmo Instrucciones para convertirse en fascista con motivo de la llegada a la jefatura del Gobierno italiano de Giorgia Meloni, considera a la madre de Jesús una auténtica “rebelde”.

Y si se la representa siempre como obediente y devota, ello tiene sólo que ver con la realidad del tiempo en que vivió: “Una adolescente era entonces propiedad de la familia y cuando se casaba, propiedad del marido”.

Las imágenes de la madre de Dios que conocemos de la historia de la pintura europea han estado siempre al servicio del patriarcado, explica Murgia, según la cual María arriesgó mucho en la sociedad en que vivía al quedar encinta estando soltera.

También los hombres de hoy tienen mucho que aprender del “coraje y responsabilidad” de José, que la desposó para salvarla, afirma Murgia, según la cual no es fortuito que el papa Francisco convocase para el 2020 “el año de San José”, tal vez como “señal al patriarcado”.

La propia Murgia ha publicado bajo el significativo título de Dios salve a los queer, catecismo feminista (Ed. Einaudi), un ensayo que intenta derribar los estereotipos de una cultura patriarcal.

En él rechaza también la autora la simplificación del binarismo en la concepción que los cristianos tienen de Dios porque “la naturaleza trascendente de lo divino no puede entenderse dentro de los límites humanos”.

(1) Declaraciones al semanario Der Spiegel.

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