En la actualidad las enfermedades no transmisibles (enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias…) son la principal causa de muerte en los seres humanos. Hasta el punto de que los datos de la Organización Mundial de la Salud demuestran que el 71% de todos los fallecimientos que ocurren a nivel mundial se debe a esta causa.

En nuestro país la importancia de este tipo de enfermedades es aún mayor, pues 9 de cada 10 fallecimientos lo son por culpa de enfermedades no transmisibles.

Hoy en día existe una evidencia científica muy rigurosa de que la baja calidad medioambiental es responsable de buena parte de estas enfermedades no transmisibles.

Nuestra salud depende de la salud del planeta

Desde que se celebró en Glasgow la Cumbre del Clima a la que relevantes científicos calificaron entonces como “la última oportunidad para salvarnos”.

Y más ahora, que termina la cumbre del clima de Sharm el-Sheikh Cumbre de Egipto crecen los enfoques que plantean que el deterioro producido por el hombre en la Tierra no es solamente un problema medioambiental, sino que es además el mayor problema de salud pública al que nos hemos enfrentado en nuestra historia.

  • Nuestra salud depende en gran medida de la salud del planeta.

Durante los últimos años la preocupación por los problemas derivados del cambio climático y del deterioro ambiental ha ido creciendo.

La catastrófica situación del medioambiente es un problema a escala planetaria en el que todos tenemos parte de responsabilidad. Y por eso cada vez más gente exige a los políticos que encuentren soluciones a dichos problemas.

Pero ellos y sus gobiernos, para eludir su enorme responsabilidad en la actual situación, culpan del desastre ambiental al comportamiento individual.

Es la razón por la que las administraciones lanzan mensajes como “la gente debería usar menos el coche” o “hay que ahorrar más agua”.

La contaminación no es solo un problema de chimeneas

Hacer cosas, pero que sean útiles... incluso con la comida

La reacción de las personas es buena en un alto porcentaje, y son muchos los que se comprometen en una serie de esfuerzos personales (desde reciclar la basura a comprar preferentemente productos sostenibles) encaminados a mitigar esta degradación ambiental.

Estamos llenos de esfuerzos bienintencionados, pero la realidad es que a menudo resultan muy poco efectivos.

El conocimiento es la clave para contribuir eficazmente a resolver el problema.

Y nosotros, cada uno, podemos cambiar algunas de nuestras costumbres de tal forma que al mismo tiempo que atenuamos el deterioro ambiental incrementamos considerablemente nuestra salud y calidad de vida.

Incluso en algo tan sencillo como la comida.

La alimentación es clave, en un doble sentido

La alimentación desempeña un vínculo clave entre la salud de la población y la sostenibilidad ambiental.

Durante los últimos 50 años los cambios en la dieta incrementaron enormemente el consumo de alimentos ultraprocesados, de gran contenido calórico, con un alto contenido en sal, azúcares y grasas saturadas.

Una larga serie de estudios han encontrado una asociación significativa entre estas dietas poco saludables, el deterioro ambiental y el incremento de las enfermedades no transmisibles.

  • Como es bastante sabido, las dietas poco saludables han contribuido a que las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes tipo 2 y la obesidad se hayan convertido en una crisis de salud pública mundial, aumentando en gran medida la mortalidad temprana.
  • Igual de cierto, aunque menos conocido, es que este cambio de dieta ha incrementado en gran medida el deterioro medioambiental, principalmente por la producción de gases de efecto invernadero, el deterioro y la eutrofización del agua y la contaminación del suelo.

A fin de cuentas, las prácticas agro-ganaderas e industriales necesarias para que la humanidad consuma estas dietas poco saludables tienen un enorme impacto ambiental.

Las cifras hablan por sí mismas:

  • Producir los productos de estas dietas emitió alrededor del 25% de todos los gases de efecto invernadero
  • Empleó el 70% del agua dulce que consume la humanidad
  • Fue la principal causa de la deforestación
  • Tuvo un fuerte impacto ambiental sobre un tercio de la superficie de la tierra.

Los alimentos, que pueden y deberían ser una herramienta esencial para optimizar la salud humana y la sostenibilidad ambiental, están hoy en día amenazando nuestra salud y la del planeta.

Un camino que hacemos todos... o nadie llegará a la meta

Concienciarse de la magnitud del problema.

Una serie de destacados científicos de 16 países constituyeron la Comisión EAT-Lancet, con el objetivo de “orientar sobre una transformación urgente en la manera que comemos y producimos los alimentos, a fin de crear un sistema alimentario saludable y sostenible para las personas y el planeta”.

Las conclusiones de su primer análisis resultan desoladoras.

  • En el conjunto de la humanidad, las dietas poco saludables tienen hoy en día efectos mucho peores para la salud (tanto a nivel de morbilidad como de mortalidad) que la suma total de las consecuencias negativos de las drogas, el alcohol y el tabaco juntos.

Para el medio ambiente, la obtención de los productos de nuestra dieta poco saludable es una de las principales razones que contribuyen al calentamiento global, a la deforestación, la contaminación de suelos, la eutrofización del agua y la pérdida de la biodiversidad.

En busca de una alternativa, la comisión consiguió establecer un grupo de dietas saludables, las dietas EAT-Lancet, que maximizarían a la vez la salud humana y la sostenibilidad de los sistemas alimentarios.

Mejorar nuestra salud y el ambiente a través de la dieta.

Un riguroso estudio de investigación prospectiva en diversos países europeos durante 14 años y con 400.000 participantes, demostró que hasta el 63% de las muertes y el 39% de los cánceres podrían prevenirse utilizando dietas saludables del tipo EAT- Lancet.

Y estas dietas, además, permitirían mantener a una población de diez mil millones de seres humanos de forma sostenible.

¿Cómo consiguieron llegar a estas conclusiones?

En primer lugar, para el desarrollo de estas dietas se tuvieron en cuenta nuestras características biológicas.

No podemos olvidar que evolutivamente comer carne fue una de las principales razones que nos convirtieron en seres humanos.

Las especies de Australopithecus (como A. afarensis) que consumieron proteínas de origen animal (carne, huevos) son nuestros ancestros, que evolucionaron hasta dar lugar a humanos (las especies del género Homo).

En cambio, las especies de Australopithecus (como A. boisei) que solo consumieron alimentos de origen vegetal, terminaron extintas.

Nuestro aparato digestivo es de carnívoros

Digerir vegetales resulta muy difícil, porque sus células tienen paredes de celulosa.

Por eso los sistemas digestivos de los animales que comen exclusivamente plantas se caracterizan por tener estómagos poli-cavitarios, que son los típicos de los rumiantes, (como las vacas, ovejas, cabras, antílopes, ciervos) o por tener grandes ciegos en el intestinos grueso (como los caballos).

En estos se digiere la celulosa con la ayuda un complejo grupo de microorganismos que allí viven.

Pero nuestro sistema digestivo es de carnívoros y no tenemos ninguna de esas adaptaciones típicas de los herbívoros.

Por eso necesitamos las proteínas de origen animal (leche, huevos y carne) especialmente en nuestra infancia.

  • Centenares de trabajos científicos han comprobado hasta la saciedad que los niños que comen carne son más altos, más inteligentes y más sanos que los que no lo hacen.

…Pero producir carne es un problema

Sin embargo, y aunque todo lo anterior es cierto y está demostrado, resulta que es una realidad incuestionable que producir carne es mucho más ineficaz energéticamente que producir cereal.

Durante la época de cebo, un ternero engordará alrededor de un kilo por cada 5 kilos de cereal que consuma. Y mientras tanto liberará CO2 y metano, y contaminará mucha agua.

Un kilo de trigo aporta una energía de 3.500 Kcal. Mientras que un kilo de carne de vaca solo aporta 1.200 Kcal. Así que por cada caloría que obtengo de la carne de vacuno he gastado casi 15 calorías de cereal en obtenerla.

Y con el pescado el balance energético es mucho peor.

Además de todo esto, una persona que se alimenta con alguna de las dietas poco saludables actuales obtendrá buena parte de las calorías que necesita de:

  • Productos ultraprocesados (como muchos tipos de salchichas, embutidos, hamburguesas, bollería industrial, etc.) con un alto contenido en grasas saturadas de origen animal, sal, azúcares…

Y esa es una alimentación que resulta nociva para nuestra salud a la vez que tiene un pésimo balance energético, generando un enorme impacto ambiental.

Dietas realistas: Maximizar la salud cuidando el medioambiente

Las dietas EAT-Lancet tienen en primer lugar el objetivo de maximizar la salud humana, y por eso contemplan que, aunque sea ambientalmente costoso, comamos todas las proteínas animales necesarias para maximizar nuestra salud y bienestar.

Pero estas dietas también intentan minimizar el impacto medioambiental, y por eso con ellas obtenemos buena parte de nuestra energía directamente de vegetales, que además nos aportan multitud de vitaminas y oligoelementos que nos son necesarios.

En realidad, el secreto de las dietas EAT-Lancet es que no hacen más que seguir la dieta a la que los humanos nos adaptamos durante milenios.

Así la dieta EAT-Lancet para un ser humano adulto indica que aproximadamente debemos comer (de mayor a menor cantidad):

  • Verduras y frutas
  • Cereales
  • Legumbres y frutos secos
  • Aceites vegetales insaturados (como el aceite de oliva)
  • Lácteos, huevos y carne
  • Vegetales con alto contenido en almidón (patatas, boniatos)
  • Azucares añadidos

En la siguiente tabla podemos encontrar la manera de seguir una dieta saludable a partir de sistemas alimentarios sostenibles.

Se muestran las cantidades para una dieta de 2.500 Kcal al día.

EAT-Lancet: dietas realistas para sumarse a la Cumbre del Clima y adelgazar cuidando la salud

Guarda esta tabla, porque por tu salud y por la salud del planeta vale la pena animarse a seguirla.