20 de mayo de 2011
20.05.2011
La Opinión de A Coruña
Delegado en Galicia de la Asociación de Amputados de España (Andade)

El 'quejido' del miembro fantasma

Tres de cada cuatro pacientes amputados aseguran percibir hormigueo, picor extremo o quemazón que parecen originarse en el brazo o la pierna ausente

20.05.2011 | 02:00
José Cougil muestra su prótesis de última generación. / tucho valdés

Hormigueo, frío intenso, calor, quemazón, picor extremo o compresión son sólo algunas de las manifestaciones del síndrome del miembro fantasma, que aseguran sufrir tres de cada cuatro pacientes amputados. La Asociación de Amputados de España ha puesto en marcha un estudio pionero para analizar las causas de este trastorno y mejorar su tratamiento, en el que participan medio centenar de voluntarios que desde hoy, y hasta el próximo lunes, se someterán a varias pruebas en Santiago

Alrededor del 75% de las personas que han sufrido una amputación asegura percibir sensaciones que parecen originarse en el brazo o en la pierna ausente, un trastorno que los especialistas han bautizado como el síndrome del miembro fantasma. En ocasiones, ese "efecto fantasma" no es doloroso y se percibe como un hormigueo, frío o calor. Sin embargo, en muchos otros casos puede ocasionar un dolor intenso y constante en forma de quemazón, picor extremo o compresión, similar al que se puede sentir en un miembro sano. Esas sensaciones suelen disminuir con el paso de los años, pero también es posible que nunca desaparezcan por completo y que los pacientes necesiten medicarse de por vida para lograr sobrellevarlas.

"El síndrome del miembro fantasma se produce porque los nervios amputados siguen mandando impulsos al cerebro, casi siempre muy dolorosos. De hecho, hay pacientes a los que se les han implantado bombas de analgésico para paliar ese trastorno, que todavía es un tema tabú", explica el delegado en Galicia de la Asociación de Amputados de España (Andade), José Cougil, quien sufrió la amputación parcial de su pierna derecha hace seis años y también ha tenido que hacer frente a esos dolores. "Durante los tres primeros años posteriores a la amputación los sentí de forma continuada. Ahora, igual me pasó uno o dos meses sin notar nada, y de repente, un día, me vuelven", señala.

Un amplio abanico de terapias ayudan a aliviar esas sensaciones dolorosas que provoca el síndrome del miembro fantasma, aunque su efectividad varía de unos pacientes a otros, tal y como reconoce el delegado en Galicia de Andade. "Entre los tratamientos disponibles se encuentran fármacos analgésicos, anestésicos locales, anticonvulsivos y antidepresivos; y también otras técnicas más novedosas, como el bloqueo nervioso de la zona afectada o la estimulación eléctrica", señala José Cougil, y añade: "El dolor en el miembro ausente puede desencadenarse algunas veces por la micción o la defecación, o cuando se toca una parte detonante en el cuerpo del paciente, como la extremidad contralateral", destaca.

Precisamente, para analizar las causas que provocan el síndrome del miembro fantasma y mejorar su tratamiento, se ha puesto en marcha un estudio pionero en España, promovido por Andade, en el que participan más de medio centenar de personas que han sufrido alguna amputación, y que arrancó hace pocos días con los primeros voluntarios en Sevilla, continuará hoy en Santiago y, posteriormente, se trasladará a Valladolid. "A los participantes en el estudio se les realizarán pruebas biológicas, psicológicas y sensoriales, como una termografía, para evaluar la temperatura superficial e interna de las piernas o de los brazos y tórax -según hayan sido amputados miembros inferiores o superiores-, o una evaluación de la variabilidad y frecuencia cardiaca", explica el delegado en Galicia de Andade, asociación que, para este proyecto, cuenta con la colaboración de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, y la Universidad del Estado de Santa Catalina, de Brasil, además del patrocinio de la Fundación Mapfre, que aporta 15.000 euros.

José Cougil: "Las prótesis que subvenciona el Sergas son muy inseguras"

El delegado en Galicia de la Asociación de Amputados de España (Andade), José Cougil, perdió parte de su pierna derecha en 2005, al ser atropellado cuando trataba de socorrer a la víctima de un accidente de tráfico. "Fue muy traumático. Tuve que dejar de trabajar y, los meses posteriores a la amputación, me los pasé yendo a rehabilitación y al psiquiatra", reconoce José, quien, sin embargo, decidió sacar fuerzas de flaqueza y afrontar la situación desde el optimismo porque "la vida sigue" y hay que "intentar disfrutarla al máximo".


-¿Cuántos amputados hay en Galicia?

-Según las estadísticas oficiales del Sergas, entre 10.000 y 12.000, aunque ahí no se incluye a los pacientes a los que la amputación se les ha practicado en hospitales o clínicas privadas, por lo que la cifra real es aún mayor.

-¿Cuáles son las principales causas de amputación en la comunidad gallega?

-Los accidentes de tráfico, aunque también se producen por siniestros laborales y, en menor medida, deportivos. Por otro lado, están las amputaciones relacionadas con patologías de tipo vascular, que son más comunes en personas adultas, por mala circulación sanguínea, y las provocadas por sarcomas y enfermedades metabólicas, como la diabetes.

-Al margen del enorme trauma que genera siempre una amputación y del síndrome del miembro fantasma, ¿a qué problemas se enfrentan los pacientes tras perder un brazo o una pierna?

-A la hora de reincorporarnos a nuestra vida, tanto laboral como socialmente, las personas que hemos sufrido amputaciones sentimos que hay muchas carencias. No hay equipos multidisciplinares para atender nuestras necesidades, ni psicólogos y fisioterapeutas especializados. Además, el Sergas no tiene un protocolo para seguir el proceso de recuperación y la asistencia de los amputados.

-¿Y en cuestión de prótesis?

-El Sergas subvenciona las prótesis mecánicas, que son bastante inseguras, porque la rodilla se desbloquea fácilmente y no tienen control, con el consiguiente riesgo de caídas. En otros países europeos se utilizan las prótesis hidráulicas, cuyo precio oscila entre los 10.000 y los 15.000 euros, o las de última generación, como la mía, que me la pusieron en Alemania y me costó unos 40.000 euros.

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