18 de octubre de 2014
18.10.2014
La Opinión de A Coruña
Juan José Sanz Donaire Catedrático de Geografía Física de la Universidad Complutense de Madrid

"El cambio climático por influencia humana no se ha producido"

"No está demostrado que las emisiones de CO2 sean las responsables de lo que llaman calentamiento" n "Lo que me preocupa es la vida, el hambre, la pobreza, la salud o la falta de cultura"

18.10.2014 | 01:38
El profesor Sanz Donaire. la opinión

Días después de que 120 jefes de Estado se proclamaran solemnemente en la cumbre celebrada en Nueva York convencidos activistas contra el cambio climático y de que Obama se mostrara firme partidario de que Estados Unidos y China, los principales países contaminantes, encabecen el esfuerzo mundial para reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, Juan José Sanz Donaire, catedrático de Geografía Física de la Complutense de Madrid, no se siente impresionado por el dictamen de tantos y tan altos dignatarios y responde categórico: "No está demostrado que las emisiones de CO2 sean responsables de lo que llaman calentamiento". Al meticuloso profesor Sanz, un hombre que adorna su discurso con chistes y metáforas, le han amenazado varias veces por ir a la contra del pensamiento políticamente correcto pero no cede en sus conclusiones sobre las que lleva trabajando 17 años: "El cambio climático por influencia humana no se ha producido". En su opinión, cumbres como la de Nueva York tienen mucha política pero poca ciencia y denuncia que haya personas que carezcan de libertad para expresar sus teorías, conscientes de que ponen riesgo sus carreras.

-Profesor Sanz, ¿existe el cambio climático o es más bien ciencia ficción?

-El problema básico del cambio climático es que no está definido ni lo que es el clima y cuánto cambio requiere. Por lo tanto, resulta difícil asegurar que éste cambie.

-¿Cómo que no está definido el clima?

-Estamos sacando conclusiones de algo que no está bien definido. El clima son las condiciones atmosféricas habituales de un lugar y pueden cambiar, pero si lo hacen en tiempos cortos hablamos de meteorología, no de clima. Para analizar esas condiciones se tienen que observar datos como la temperatura, la precipitación, la presión, la nubosidad o el viento. Para argumentar el llamado cambio climático solo se valoran algunos de esos datos, sobre todo, los de la temperatura. Además, no está claro cuánto tiene que cambiar esa temperatura para que ese cambio sea significativo estadísticamente hablando. Se han mezclado además las nociones de tiempo atmosférico y de clima. Pero es que además, para analizar los cambios climáticos se estudian períodos de tiempo de 30 años, los llamados climatológicos normales, que van, por ejemplo, de 1931 al 1960, del 1961 a 1990 y de 1991 al 2020. Como este último período aún no ha terminado, no podemos sacar conclusiones de lo que ha pasado. Finalmente, para saber si el clima cambia debemos comparar al menos tres treintenos sucesivos y 90 años de observaciones no están disponibles para muchos lugares de la Tierra.

-Así que el denominado cambio climático no es, según usted, la principal amenaza de la humanidad.

-No. Por cierto, no puede haber ningún experto, en el sentido estricto de la palabra, en cambio climático porque el cambio climático por influencia humana no se ha producido. Me preocupan más otras cosas que el cambio climático.

-¿Qué cosas?

-La vida, el hambre, la pobreza, la salud o la falta de cultura.

-¿Cómo lleva el que tachen de "agitadores" a los que se oponen como usted a la tesis oficial del cambio climático?

-Con paciencia. Lo cierto es que hay un gran activismo bienintencionado en la sociedad actual que le lleva sin pensar a defender el cambio climático.

-¿Cómo está hoy ese movimiento crítico con la tesis oficial?

-Ahí está. Poco se puede hacer porque en lo que denominan cambio climático cabe todo. Insisto en que para que se produzca ese cambio climático tienen que analizarse períodos de 30 años, que ese cambio sea significativo y que además sea irreversible. Algunos de los mal llamados datos que manejan los defensores del cambio climático son solo estimaciones.

-¿Se requiere ser valiente para llevar la contraria al movimiento ecologista?

-No es una cuestión de valentía. Yo defiendo lo científico que se basa en la búsqueda de la verdad con argumentación comprobada sin ningún tipo de intención. Me remito a los hechos y los hechos que analizo no me llevan a pensar que exista ese cambio climático.

-Según usted, hoy no se puede hablar con libertad de lo que ocurre con el clima porque hay una censura implacable que actúa contra el pensamiento políticamente incorrecto.

-Es cierto. Existen atisbos que demuestran esa lamentable censura que va en contra de la libertad. Es una pena que se apele más a lo visceral que a lo racional al defender esa tesis.

-¿Se ha sentido usted alguna vez amenazado?

-He recibido amenazas por oponerme a la tesis del cambio climático. Son cosas que pasan.

-Pero usted es un gran defensor de salvar la Tierra, ¿de qué manera quiere hacerlo?

-¿Salvar? Prefiero hablar de cuidar y de usar racionalmente sus recursos. La Tierra se puede cuidar y hay que cuidarla del posible abuso de sus recursos con independencia del cambio climático, que primero hay que demostrar que existe. Lo que sí puedo afirmar es que el cambio climático como eslogan ha calado fuerte, sobre todo, desde que se sumó Al Gore a la tesis.

-¿Habla de oportunismo?

-Sí. Hasta 1992 se hablaba de Atmósfera Cambiante, pero es que la atmósfera cambia continuamente, eso es una obviedad. A alguien se le debió ocurrir entonces lanzar el eslogan de Cambio Climático que ha arraigado profundamente en la sociedad.

-¿Por qué ha prendido de tal forma?

-Porque es lo que se nos quiere hacer creer y porque hay presiones, sobre todo desde el IPCC, organismo nacido del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Lo que trata es de poner a todos los gobiernos del mundo de acuerdo con sus tesis acerca de los efectos del cambio climático por la supuesta acción del hombre, pero le aseguro que luego no lo están. Todos los gobiernos creen en el cambio climático hasta que se les toca el bolsillo, por lo que hablan siempre con la boca pequeña.

-Pero no me negará que el clima está cambiando.

-El clima es imposible que no sufra cambios. Claro que cambia el clima, otra cosa es que sea por efecto del hombre. Además, si lo analizamos por esos treintenos, insisto, ¿son los cambios significativos?

-¿Lo son?

-Estadísticamente hablando no lo son. Pero existe una gran variabilidad según los observatorios.

-¿Por qué se mete usted en este barrizal de negar el cambio climático?

-No me gusta la expresión negar, pues es parte de la programación psicolingüística actual. Yo mantengo otra interpretación de los datos. Hay personas que no tienen mi misma libertad porque si contradicen estas teorías ponen en riesgo sus carreras. Hay gente que habla cuando está próxima a la jubilación o cuando ya está jubilada. Yo llevo manteniendo esta tesis por escrito desde hace 15 años, por respeto a la verdad.

-Profesor Sanz, el 70% de nuestra superficie terráquea son océanos. ¿Qué sabemos del cambio climático en los mares?

-Se sabe muy poco o casi nada porque hasta hace muy poco no había boyas ni satélites, que datan de 1979, para estudiar lo que sucedía en los océanos. El lugar continental más longevo con datos de este tipo está en Holanda y es de 1703. Esos datos y otros reflejan que en el siglo XVIII se produjo La Pequeña Edad de Hielo con una bajada importante de las temperaturas. Lo que ha ocurrido desde 1980 hasta ahora no es significativo como para hablar de un calentamiento del agua.

-Afirma usted que es más bien la temperatura la que induce el crecimiento del CO2. ¿Qué quiere decir?

-Todos admitimos que la causa debe preceder al efecto. Si aumenta la temperatura sin que haya aumentado el CO2 previamente, y según la teoría del cambio climático se cree que sube después, la relación causa-efecto puede invertirse. Por esta razón yo expongo que es más bien la temperatura la que induce el crecimiento del CO2, según datos avalados por el contenido de este gas en los hielos de los últimos 450.000 años. Por otra parte, el cambio climático se basa en que el CO2 es el gas invernadero por excelencia y se obvia el protagonismo del vapor de agua, también, entre otras causas, fruto de la combustión de carburantes fósiles, pero muy difícil de introducir en los modelos. Dar solución al cambio climático solo con el CO2 es como quien habiendo perdido una llave la busca a la luz de la única farola que solo ilumina una parte ínfima del recorrido. El clima es multicausal. Cualquier químico sabe que un aumento de temperatura del mar, por incremento de la insolación, libera el CO2 que contiene.

-¿Qué responsabilidad tiene el hombre en el cambio climático?

-Yo niego la mayor y no busco culpables. La ciencia no busca las causas sino cómo se producen las cosas. Lo que sí está claro es que tenemos que trabajar por conseguir un mundo menos contaminado.

-Usted afirma además que la temperatura no representa por completo al clima.

-Y es que es así. Ya decía Santo Tomás de Aquino que todo el mundo cree saber lo que es el tiempo (cronológico) hasta que le obligan a definirlo y lo mismo sucede con el tiempo meteorológico; más aún con el clima.

-Una investigación del Ministerio de Agricultura concluye que a finales del siglo XXI el cambio climático provocará que el nivel del mar en la costa española suba entre 60 y 72 centímetros. ¿Lo cree usted también?

-Suponiendo que las cosas continúen como hasta ahora, eso no creo que vaya a suceder. Siempre hay lugares de la costa que se hunden y otras que se levantan, pero no se pueden dar por buenos todos los pronósticos del cambio climático amparados por el IPCC. Ya decían en 1990 que iban a desaparecer varias islas del Pacífico y ahí siguen. ¡Vaya usted a saber si todos estos pronósticos no son aprovechados como un reclamo turístico para esos lugares que se supone que desaparecen! Sería morboso visitar un lugar antes de su desaparición.

-¿Qué le parece la reciente cumbre celebrada en Nueva York con la asistencia de 120 jefes de Estado que se declararon convencidos activistas contra el cambio climático?

-Esas reuniones son mucha política y poca ciencia. Los intereses que defienden son gubernamentales.

-Rajoy pensaba en 2007 lo mismo que usted y negaba el cambio climático, ¿qué ha pasado para que ahora quiera luchar contra él?

-Habría que preguntárselo a Rajoy. La apuesta tan decidida por el cambio climático de Europa se la debemos a Durao Barroso, que como no pudo sacar adelante la Constitución Europea, enarboló la bandera ecológica a través de ese cambio climático. Eso con alta probabilidad puede cambiar a partir de ahora porque además Europa se tiene que mirar el bolsillo y ya no le conviene tanto esgrimir esa idea del calentamiento global, sus consecuencias las costosas medidas para afrontarlas. Esto no es ciencia, sino decisión entre varias opciones, en definitiva, política.

-Científicos de la Universidad de Yale han cuestionado estos días la bondad de reforestar y la maldad de deforestar, ¿qué valor da a estas conclusiones?

-Me parecen bien siempre y cuando se pongan todas las conclusiones en su sitio. No es lo mismo deforestar en la selva amazónica que en Canadá. Ellos argumentan que en lugares donde se deforesta, en áreas muy septentrionales, cae la nieve, y ésta refleja la luz de sol y se registraban, de hecho, temperaturas más bajas. La bondad vendría explicada por la reducción térmica.

-Los mismos científicos avisan de que las masas forestales absorben más calor y calientan el suelo y el aire.

-¡Por supuesto!, pero siempre que sean masas verdes y que la parte que esté al raso esté nevada.

-Advierten también de que los gases emitidos por los árboles producen compuestos contaminantes.

-Cuando yo respiro también expulso CO2 porque no me es útil. ¿Es nocivo para mí? ¡Pues claro!

-El oxígeno que surge de la fotosíntesis de la selva vuelve a la propia selva por la noche, dicen los mismos investigadores.

-En el bosque no es necesariamente así porque a poco viento que sople, ese oxígeno puede irse a otra parte.

-¿Qué le parece que en Nueva York más de 30 países hayan firmado un acuerdo para parar la deforestación y 230 ciudades con más de 400 millones de habitantes acordaran reducir sus emisiones de dióxido de carbono en un 12% anual?

-Eso cuesta mucho dinero. Hay veces que conviene deforestar. No creo que haya nadie tan suicida que tale los árboles por diversión.

-El rey Felipe VI acaba de intervenir en la Cumbre del Cambio Climático de Nueva York para animar a los países a "forjar un compromiso global y duradero" contra el cambio climático que considera una amenaza contra las condiciones que hacen posible la vida. ¿Qué opina de este discurso?

-En las monarquías parlamentarias el Rey reina pero no gobierna. Podrían haberle escrito el discurso desde el Gobierno.

-El presidente norteamericano Obama sí que gobierna y dijo en la misma cumbre que las señales de alarma siguen sonando por lo que se mostró firme partidario de que Estados Unidos y China, los principales países contaminantes, encabecen el esfuerzo para reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera.

-¿Lo va a hacer? ¿Cuánto le costaría esta reducción? Además mete en esta promesa a China cuando sabe que China no quiere ni oír hablar de reducir esas emisiones. ¿Se excusa, pues? Además, insisto en que no está demostrado que las emisiones de CO2 sean las responsables de lo que ahora llaman calentamiento. Le recuerdo a Obama que su Administración ha maquillado y oculta datos de temperatura que antes eran públicos. Igual lo hacen para no dar armas al adversario.

-El secretario general de la ONU Ban Ki-moon ha instado a esa cumbre a no quedarse en un "festival de la palabra". ¿Qué le parece?

-La ONU y el IPCC son lo mismo. El que habla, Ban Ki-moon, es el general de ese movimiento que defiende la alarma del cambio climático; son muchos intereses en juego.

-¿Cómo valora usted el resultado del Protocolo de Kioto de 1997 que será sustituido por el que se acuerde en París en 2015?

-No se ha hecho demasiado y poco creo que se haga a partir de 2015, aunque dependerá de lo pactado. Además, produce desazón esa fórmula que se han impuesto de comprar y vender cuotas de CO2. Lo que está claro es que la gente, sobre todo en los países emergentes, no quiere comprometer su desarrollo.

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