21 de agosto de 2017
21.08.2017
Consejos sanitarios

Calor y medicamentos

21.08.2017 | 01:20
Calor y medicamentos

Las altas temperaturas durante el periodo estival constituyen un factor a tener en cuenta en terapias farmacológicas prolongadas y en pacientes polimedicados, principalmente en los de edad avanzada. Los grupos de población más afectados en situaciones de calor extremo son los ancianos, los lactantes, los niños, las personas con una afección crónica que requieran medicamentos y las personas dependientes. El aislamiento social aumenta su fragilidad, siendo los ancianos particularmente vulnerables. También destacarían los pacientes en situaciones clínicas especiales como son:

-Quienes sufren trastornos mentales y/o utilizan psicótropos. La enfermedad mental y el consumo de ciertos medicamentos (neurolépticos, sales de litio y algunos antidepresivos) constituyen un factor de riesgo.

-Personas con problemas cardiovasculares. Los pacientes que presentan una patología cardiovascular conocida son susceptibles de desestabilizarse en caso de deshidratación o de temperaturas extremas. Además, los pacientes con patologías cardiovasculares, en general son polimedicados, ancianos y con patologías asociadas (como la diabetes o la insuficiencia renal) que requieren una atención especial.

-Personas con patología endocrina. Las enfermedades endocrinas y metabólicas (incluso tratadas) pueden desestabilizarse en caso de deshidratación y conforman un factor de riesgo de complicaciones asociadas al calor.

-Personas con patología uronefrológica. El riesgo de aparición de patologías como las infecciones urinarias o el cólico nefrítico aumenta con la deshidratación.

Cuando se produce una ola de calor, la administración de algunos medicamentos puede agravar el síndrome de agotamiento-deshidratación o de golpe de calor. Destacarían: los que provocan alteraciones en la hidratación y/o trastornos electrolíticos, los que afectan la función renal, aquellos cuyo perfil farmacocinético puede ser afectado por la deshidratación, los que pueden alterar la termorregulación central o periférica, los que pueden inducir hipertermia y los que indirectamente pueden exacerbar los efectos del calor.

La adaptación del tratamiento debe realizarla el médico y personalmente. No está justificado considerar desde el principio, y sistemáticamente, una reducción o interrupción de los fármacos que pueden interactuar con la adaptación al calor del propio organismo. Antes de tomar cualquier decisión terapéutica, es necesario evaluar el estado de hidratación (evaluación clínica, evaluación de la ingesta de líquidos, medición del peso, de la frecuencia cardiaca, de la presión arterial y del balance electrolítico completo). En caso de persistencia de la ola de calor, debe ser revisado periódicamente el estado de hidratación.

Aunque no se ha establecido una relación causal entre el consumo de medicamentos y la aparición de un golpe de calor, se ha comprobado que algunos interaccionan con los mecanismos adaptativos del organismo y pueden contribuir al empeoramiento de estados patológicos graves inducidos por una muy larga o una muy intensa exposición al calor. Las recomendaciones serían:

-La adaptación de un tratamiento en curso debe ser considerada caso por caso.

-Cualquier disminución de posología o suspensión de un medicamento debe estar razonada y debe tener en cuenta la patología tratada, el riesgo de síndrome de retirada y el riesgo de efectos adversos.

-No se puede establecer ninguna regla general y/o sistemática para la modificación de la posología.

Las medidas preventivas más importantes e inmediatas serían:

-Acudir a la consulta médica para valorar la situación concreta del paciente y decidir la pauta específica que precisa.

-Vigilar el estado general en el aspecto clínico y biológico teniendo en cuenta el conjunto de factores de riesgo y el control de las medidas higiénico-dietéticas (especialmente ambiente fresco, aireación e hidratación).

-Revisar la lista de medicamentos que toma el paciente, bien sean de prescripción o de automedicación.

Identificar los medicamentos que pueden alterar la adaptación del organismo al calor, consultando los documentos legales de los medicamentos (fichas técnicas y prospectos).

-Reevaluar la necesidad de cada uno de los medicamentos en términos de beneficio-riesgo individual y suprimir los inadecuados y no indispensables, teniendo en cuenta la patología tratada, el estado del enfermo, el riesgo de síndrome de retirada y los efectos indeseables; especialmente prestar mucha atención, en las personas de edad avanzada, a la asociación de medicamentos neurotóxicos.

Cualquier decisión debe ser tomada por el médico como en todos los casos, pero en este momento especialmente pues la situación es delicada. Es importante recordar que no debe tomarse ningún medicamento sin prescripción médica, incluidos los de dispensación sin receta.

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