10 de junio de 2018
10.06.2018
El reto demográfico

Menos niños, futuro incierto

El director de la Fundación Renacimiento Demográfico, Alejandro Macarrón, apuesta por un profundo cambio social para alejar los peligros de la creciente despoblación

10.06.2018 | 00:53
Menos niños, futuro incierto

Desde la más remota antigüedad, los humanos han temido su fin como especie. Plagas, epidemias como la peste negra de la Edad Media o la gripe de 1918, hambrunas, guerras, el efecto climático por las emisiones contaminantes? La Historia de la Humanidad deja claro que son los propios hombres y mujeres los más capacitados para desencadenar tan temida destrucción. Sin embargo, ese final podría estar gestándose de forma lenta, sin violencia alguna y cobijada bajo el aparente manto de prosperidad del modelo de vida actual.

El descenso continuado de nacimientos, la bajísima tasa de fecundidad, aboca, a largo plazo, a un despoblamiento generalizado, algunos de cuyos síntomas empiezan a despuntar. Es una de las primeras conclusiones extraídas del último estudio publicado por Alejandro Macarrón, director de la Fundación Renacimiento Demográfico. El autor de Suicidio demográfico en Occidente y en medio mundo -disponible únicamente en Amazon- tira de estadísticas para apuntalar sus demoledoras predicciones: "Si la fecundidad en España y la Unión Europea se mantuviera indefinidamente en sus valores medios del periodo 2000-2015 (1,32 hijos por mujer en España y 1,53 en la Unión Europea), sin flujos migratorios del exterior", la reducción de personas con edades entre los 18 y los 35-40 años provocaría un declive demográfico capaz de conducirnos hasta la extinción, tras un proceso de empobrecimiento progresivo tanto "en el plano económico como en el familiar-afectivo".

La despoblación y el envejecimiento lastran gravemente a las naciones más desarrolladas, las de Europa, incluida España, y todo Occidente en general. También al extremo Oriente, con el caso de Japón como el más ilustrativo. Pero el fenómeno tiende a expandirse y ha contagiado a países en las antípodas culturales con alta renta per cápita, como Arabia Saudí, una cultura que niega derechos básicos a la mujer, al igual que Irán, donde también se aprecian esos mismos síntomas. La sociedad que se intuye para los decenios venideros no es fruto únicamente de un cambio de mentalidad de la mujer por su incorporación al mundo laboral y, sobre todo, por el control de su sexualidad mediante los distintos métodos anticonceptivos. El hombre tampoco se salva del desapego a la paternidad, según los datos que maneja el observatorio que dirige Alejandro Macarrón.

Por tanto, con arreglo a la exposición que hace en su informe el también ingeniero y consultor empresarial, estamos ante un fenómeno complejo que afecta a toda la estructura social, más allá del sexo e incluso de la condición económica, que debiera marcar las agendas de los políticos de cualquier país si éstos se comportaran "como líderes interesados en el futuro de las generaciones venideras y no como lo hacen habitualmente, con una visión cortoplacista centrada en las próximas elecciones".

En algunos territorios en los que ya son visibles las orejas del temible lobo de la despoblación, como Galicia, Asturias y Castilla y León, "algo parece estar cambiando y empieza a hablarse de ello". Porque al tratarse de una catástrofe de efectos letales pero dilatados en el tiempo, el declive demográfico tampoco figura como una de las principales preocupaciones entre la gente común. "Nunca la despoblación ha figurado entre las primeras preocupaciones del baremo del CIS, por ejemplo", apunta Macarrón. Aunque en el último informe del Centro de Informaciones Sociológicas sí lo hagan las pensiones, "esto sólo puede considerarse como un hecho lateral, aún no hay conciencia plena" sobre el frágil sendero por el que caminamos sobre el abismo.

Los avances económicos, sociales y sanitarios producidos, sobre todo, a partir del siglo XX influyeron para que disminuyeran los índices de mortalidad hasta multiplicarse la población por cuatro con respecto al siglo anterior. Surgió así el miedo a la superpoblación, en particular por el alto índice de natalidad en el conocido como Tercer Mundo, que, cuarenta años atrás, se duplicaba cada 25 o 30 años, "lo que implicaría multiplicarse por 10 a 16 cada siglo, por 100 a 256 cada dos siglos... Esos temores llevaron al Gobierno de los Estados Unidos a poner en marcha un plan" destinado a controlar la natalidad en el Tercer Mundo: el denominado informe Kissinger, de diciembre de 1974. La caída de la tasa de fecundidad en los últimos 50 años hasta llegar a niveles en los que apenas se cumple el reemplazo generacional dejó sin fundamento tanto dicho estudio como el pesimismo generado por el economista Thomas Malthus, puesto que, en términos macroeconómicos, durante los últimos decenios el PIB ha crecido mucho más que la población y se han reducido las tasas de pobreza.

El problema ahora es, justamente, el contrario. La tendencia es a producirse más muertes que nacimientos, de forma que vamos hacia una sociedad compuesta mayoritariamente por personas de edad avanzada, lo que significa la multiplicación del gasto en bienes y servicios destinados a dichas generaciones, como sanidad o ayuda a la dependencia. Ello se traduce en un aumento significativo del gasto público que no podrá ser compensado si no existen efectivos suficientes que generen riqueza e ingresen impuestos para mantener el equilibrio presupuestario de los estados. Paralelamente, la influencia de esa capa de población tendría también su traducción política, con un peso decisivo en las decisiones electorales, aunque ello no signifique, por ende, el surgimiento de una gerontocracia en el sentido más positivo de tal acepción: el gobierno de los sabios. También hará oscilar el peso de las decisiones con carácter global en favor de los países emergentes, con población más joven.

Una mayor longevidad, sin compensación en los tramos de edades sobre los que recae la mayor parte del peso de la producción, tendría otra consecuencia social más allá del Estado de bienestar menguante, que podría facilitar unas pensiones cada vez más exiguas: muchos mayores se verían abocados al vacío, a la soledad. Un millón de ancianos ya viven solos en España. Resulta estremecedora una de las observaciones del estudio: la mitad de los que ahora tienen 50 años o menos no tendrá nietos. No es de extrañar que aumenten los casos de quienes acaban muriendo sin que nadie les eche de menos en meses e incluso años. Ésa es la cara amarga de la mayor longevidad que, sin embargo, influye en el balance demográfico desfavorable, pero no tanto como la caída del índice de fecundidad.

Más que a causas económicas, porque las estadísticas demuestran que la baja natalidad va ligada a una mejora de la calidad de vida, el director de la Fundación Renacimiento Demográfico apuesta por la construcción de una nueva sociedad que sea capaz de valorar e incentivar los nacimientos, entendiendo esto como una cultura global y no como una sobreprotección al niño centrada, básicamente, en el plano material y capaz, incluso, de desarrollar políticas bienintencionadas que acaban por darse la vuelta: "Una cosa es el maltrato y otra la disciplina necesaria. No pueden confundirse. Siempre cuento una anécdota real sucedida a un conocido mío. Su hija se cayó de un columpio y se golpeó la cabeza. Rápidamente la llevaron a urgencias, donde, además de la lógica preocupación por el daño sufrido por la niña, intuyeron cómo sobrevolaba en el ambiente un prejuicio por si se estuviera ante un caso de maltrato. En los países nórdicos como Dinamarca o Noruega casos similares significan poder quedarse sin la custodia del menor". Lo que propone Macarrón, el renacimiento demográfico, supone un cambio estructural de modelo de sociedad y de valores, todo un vuelco sociocultural destinado a paliar un proceso aún reversible pero urgente en las zonas en las que el envejecimiento es ya una realidad peligrosa en el presente de provincias españolas como Ourense y Zamora, por ejemplo, "donde ya no hay tiempo" que perder.

La situación de territorios donde se juega la supervivencia obliga, en opinión del experto, a que uno de los primeros retos a afrontar sea salvar el ámbito rural. Porque los pueblos y ciudades de esas provincias con mayor índice de despoblación ofrecen ya un escenario muy semejante al que ofrecerá, en unas décadas, el conjunto de España. Y unas décadas más tarde, la mayoría de los países del mundo. No es sólo el paisaje desolador de la ausencia de vida que representan los niños y los jóvenes tras el cierre de las escuelas. Es el progresivo empobrecimiento de esas zonas por la contracción del consumo de bienes y servicios por parte del sector de edad activo laboralmente, que termina por emigrar. Los habitantes de esos pueblos en situación crítica verán menguar su patrimonio, aunque sigan percibiendo la pensión todos los meses. Por ejemplo, el valor de sus inmuebles decaerá inevitablemente en medio del abandono generalizado.

El segundo reto afectaría a la tasa de fecundidad en los países occidentales para que se rebajara la media de edad de las futuras madres. "Los cambios en las sociedades se pueden realizar de arriba abajo, desde las élites, pero también de abajo arriba, por imitación", explica. "Resulta urgente que, por ejemplo, desde el plano educativo, se defienda la necesidad de incentivar la natalidad como relevo generacional. Un esfuerzo social y político que mejorara, siquiera, esa tasa de reposición. Lo fundamental, sobre todo, es elevar la tasa de fecundidad y tener mucho antes el primer hijo, porque las estadísticas indican que ahora se tiene demasiado tarde. Tardamos mucho en hacernos adultos".

Para Macarrón también debería trabajarse en mejorar los índices de nupcialidad, otorgando el estatus que merece la familia y enseñando desde la escuela a no trivializar las relaciones de pareja para reducir las rupturas matrimoniales. "Se necesitan estudios serios sobre las repercusiones del divorcio y su influencia en los hijos de los divorciados para poner el foco en aquellas rupturas que tengan efectos devastadores sobre la descendencia porque resulten traumáticas. Al igual que existe el divorcio exprés, tal vez debieran ponerse en marcha medidas de mediación que permitieran reconciliaciones exprés".

Tampoco ayudan, en opinión de Alejandro Macarrón, la amplificación por los medios de comunicación de determinadas posturas, "respetables pero minoritarias", de mujeres que rechazan abiertamente la maternidad y que defienden tanto la soltería como la renuncia expresa a tener hijos.

Frente a esa postura, el director de Renacimiento Demográfico señala los casos contrarios de aquellas mujeres que se ven obligadas a renunciar a tener hijos. Porque, aunque no sea determinante como factor general, es obvio que la crianza de un niño supone un desembolso calculado entre "50.000 y 300.000 euros", según el poder adquisitivo de la familia, hasta que se emancipa del hogar paterno. Y por ello, propone una serie de incentivos, más allá de las políticas del cheque bebé. "Deben existir incentivos y la mujer debe ser la mayor beneficiaria, pero no la única: el padre también cuenta, y mucho. Son necesarios los incentivos fiscales. Por ejemplo, las empresas deberían ver reducidas las cotizaciones a la Seguridad Social de las mujeres con hijos. Es imprescindible una sensibilización aún mayor que permita a la mujer ejercer su profesión y ser madre.

Esos beneficios podrían llegar, en ciertos casos, hasta el final de la vida laboral. A igualdad de cotizaciones en su vida laboral, un jubilado o jubilada que haya tenido más hijos debería cobrar mayor pensión que otro u otra que haya tenido menos, porque se supone que ha tenido mayor oportunidad para ahorrar. Si la sociedad se volcara de verdad en este problema se notaría en el mundo de la empresa y en las leyes".

La solución mediante la inmigración es otra de las opciones contempladas para paliar el desierto demográfico. Según los datos del estudio, "si la fecundidad en España se mantuviera en los 1,33 hijos por mujer de 2015, la esperanza de vida siguiera creciendo como prevé el INE para las próximas décadas y no hubiera flujos migratorios positivos o negativos con el extranjero, según nuestras proyecciones, España perdería aproximadamente la mitad de su población desde ahora al final del presente siglo, y unas dos terceras partes de sus habitantes en edad laboral". En esas mismas condiciones, las previsiones de Eurostat para la Unión Europea (28 países) son la pérdida de 100 millones de habitantes hasta 2080. Los mayores de 65 años serían el 32% de la población. "Sin crecimiento demográfico se produciría una reducción del PIB potencial por haber menos población en edad laboral". Por contra, se produciría un encarecimiento de la mano de obra, como contemplan también analistas como George Friedman en su libro The next hundred years (Los próximos cien años), y se complicaría la competitividad de las empresas. La automatización, a través de la tecnología, podría paliar en parte esta situación, pero la pregunta que Alejandro Macarrón deja en el aire es si esta mecanización sería suficiente.

La inmigración es la tercera pata del triple reto que plantea ese Renacimiento Demográfico. África es el continente donde se calcula que la población pasará de 500 a 600 millones de personas en los próximos veinte años. En una situación de pobreza crónica, es lógico pensar que aumentarán los flujos migratorios, pero Alejandro Macarrón apunta a la necesidad de combinar la acogida humanitaria en los países más desarrollados con una verdadera política de cooperación: "Si es con fines humanitarios, rinde mucho más cada euro invertido en Senegal que si se da en subsidios contra la pobreza a un senegalés emigrado a un país europeo, huyendo de la miseria en su país. Las ayudas sociales para los inmigrantes tampoco son la panacea. Pueden ser lo contrario si no se produce su integración. Resulta vital conseguir la plena integración de las segundas generaciones de inmigrantes". Ésa es la piedra angular que, por ahora, ha resultado un fracaso estrepitoso en países de nuestro entorno como Francia y Bélgica. Y uno de los factores decisivos es la cualificación de los inmigrantes que lleguen a los países de acogida para que puedan incorporarse al mercado laboral en condiciones óptimas.

El SOS que lanza la Fundación Renacimiento Demográfico debería desatar las alarmas sobre la necesidad de un cambio cultural. "El déficit estructural europeo y español de nacimientos, de un 20% a un 40% respecto a lo necesario para el reemplazo de la población, superior incluso al 50% en algunas regiones, es un fallo del modelo de sociedad que no podemos seguir ignorando, o atendiendo con medidas claramente insuficientes, como hasta ahora". La supervivencia de una especie, la humana, a largo plazo depende de ello. "A un plazo más corto, peligra la supervivencia de su 'subespecie' española y europea". Y todavía antes, la de los territorios sobre los que pende una amenaza inmediata, como Ourense, Lugo, Zamora, León, Asturias, Soria, Palencia y Salamanca.

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