27 de marzo de 2020
27.03.2020
La Opinión de A Coruña

La producción en la construcción cae un 40% y la jornada laboral se reduce a un 80%

Las empresas gallegas tienen por ahora garantizado el abastecimiento, pero advierten de que si se corta se verán obligadas a la paralización de la actividad

26.03.2020 | 20:56
Obras en el acceso del polígono de Morás, en Arteixo.

Con las "heridas" que dejó la crisis de 2008 "todavía vivas", el sector de la construcción afronta un nuevo golpe a sus cimientos por la pandemia del coronavirus. "El impacto será brutal, estamos ante una situación nunca antes vivida, nos tocará remontar de una situación terrible", advierte el presidente de la Federación Gallega de la Construcción, Diego Vázquez Reino, al frente de un sector que en la comunidad suma 75.000 puestos de trabajo directos „eran 150.000 antes del pinchazo de la burbuja inmobiliaria„ y que representa el 9% del PIB „llegó a alcanzar el 14%, aunque en los años más duros de la crisis se desplomó al 5%„.

Las empresas de la construcción, de las pocas a las que el Gobierno permite mantener su actividad en estado de alarma por el perjuicio económico que acarrearía su paralización, ya han empezado a sufrir los primeros efectos de la pandemia del Covid-19: la producción en Galicia ya ha caído entre un 30 y un 40% y la jornada laboral se ha reducido en una horquilla que va del 60% al 80%, con un horario casi generalizado de 08.00 a 15.00 horas.

El arranque del año para el sector en la comunidad estaba en cifras de comienzos de 2019, un ejercicio que había bajado poco más de un 20% en la adjudicación de obra pública respecto a 2018 pero que fue el segundo mejor balance desde que las grúas y excavadoras empezaron a remontar las negras estadísticas que dejó la crisis de 2008. Pero el estallido de la pandemia echará al traste los números de pequeñas y grandes empresas constructoras de todo el país. "Es difícil prever qué pasará mañana, cuanto más saber cómo se cerrará 2020", apunta Vázquez Reino. A día de hoy, detalla, el abastecimiento en el sector está garantizado. Pero la producción irá a menos a medida que falte suministro, una situación que se agravará con los actos administrativos paralizados (no se dan licencias ni permisos de obra, la licitación de obra pública está paralizada...). Ahora bien, mientras el abastecimiento esté asegurado el sector continuará a pie de obra, con las "medidas de protección y seguridad" para toda su plantilla.

"Desde el mismo lunes „primera jornada laboral tras haberse decretado el sábado 14 de marzo el estado de alarma„ se tomaron ya las primeras medidas. Se actuó con sentido común desde el primero momento", enfatiza el presidente de la patronal gallega ante las presiones de arquitectos, aparejadores e ingenieros al Gobierno central para que paralice toda la construcción con el objetivo, según defienden, de "frenar la propagación" del coronavirus.

Pero el sector argumenta que desde el minuto uno se tomaron todas las medidas para garantizar la seguridad de los trabajadores. "Buscamos evitar la aglomeración en los desplazamientos y a la hora de comer", explican desde la Federación Gallega de la Construcción.

Para evitar comidas en grupo que abriesen la puerta a contagios, las empresas apuestan por que los trabajadores lleven su propia comida de casa o vayan a comer a sus domicilios. Para ello se ha promovido un cambio horario en la jornada laborar. "En la mayoría de las empresas es de 08.00 a 15.00 horas; eso permite conciliar la vida laboral y familiar ya que de esta forma los trabajadores pueden comer en casa y pasar la tarde con sus familias", destaca Vázquez Reino.

Otro de los problemas que lograron solucionar es el desplazamiento de los operarios . "Una semana de negociaciones nos llevó, tras parar a los trabajadores en carretera bajo amenaza de sanción", cuestiona la patronal gallega. Pero finalmente, con la mediación de la Consellería de Infraestruturas, se logró corregir la instrucción del Ejecutivo de prohibir el desplazamiento de más de dos personas en un mismo automóvil.

Las conversaciones con la Xunta, exponen, han sido fundamentales no solo para despejar dudas, sino también para forzar un cambio en la orden del Ministerio de Transportes sobre los viajes por carretera. "No podemos tener treinta furgonetas para otros tantos trabajadores". De ahí la resolución emitida el pasado domingo por Vicepresidencia con las directrices del Centro de Coordinación Operativa (Cecop), constituido en Galicia durante el estado de emergencia sanitaria por el coronavirus. Se validó entonces que los vehículos puedan contar con más de un ocupante en aquellos desplazamientos por motivos de trabajo de los sectores que pueden mantener su actividad, pero "siempre que se garantice la seguridad laboral" de las personas. "Fue muy positivo porque tenía además el consenso del sector. Nosotros desde el primer momento ya habíamos adoptado la decisión de utilizar los vehículos a un tercio de su capacidad, lo fundamental „incide el presidente de la FGC„ es la seguridad de nuestros trabajadores". Y esta misma semana, el miércoles, el departamento que dirige José Luis Ábalos rectificó la instrucción sobre los desplazamientos por carretera al permitir que dos personas puedan viajar en un mismo vehículo „el pasajero en el asiento trasero, del lado contrario al conductor para garantizar una distancia de seguridad„.

Pequeñas empresas

Las excavadoras salen a diario a la calle en Galicia para continuar con las obras públicas licitadas y los proyectos privados en marcha. Pero las primeras quejas ya están llegando desde pequeñas empresas, que temen que en breve se queden sin trabajo. "Suelen tener obras que duran de un mes a mes y medio. Se ven amenazadas porque necesitan un flujo continuo de nuevos encargos", apuntan desde la patronal gallega.

De "brutal" califica Vázquez Reino el impacto de la crisis del coronavirus no solo en la construcción, sino en todos los sectores. "Se trata de un tema macroeconómico para el que „considera„ caben dos vías (para contener el impacto de la pandemia)". O bien que las distintas administraciones dediquen esfuerzos a gasto corriente, es decir sufragar ayudas, o bien que opten por "inversión productiva para intentar salvar todos los puestos de trabajo que se pueda" . Esta última es la vía por la que apuestan los constructores en Galicia: "Esa inversión por parte de España y de Europa garantizaría que se volviese a generar consumo y se salvase a los sectores clave de la economía".

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