05 de mayo de 2020
05.05.2020
La Opinión de A Coruña

50 años de apoyo a vidas sin sonidos

La Asociación de Personas Sordas de A Coruña, pionera en Galicia, se creó en 1970 como punto de encuentro del colectivo y para visibilizar y reivindicar sus derechos

05.05.2020 | 01:09
El primer presidente de la entidad, Gonzalo Parga, durante la inauguración.

En 1970 no había un servicio de intérpretes de lengua de signos que ayudasen a comunicarse a los sordos gallegos cuando tenían que ir a médico, a hacer una gestión al banco o reunirse con el profesor de su hijo. Los niños no iban al colegio convencional sino a uno específico, sin alumnos oyentes, y el ocio era limitado ya que la tele no tenía subtítulos e internet no existía. En ese contexto, decenas de sordos se unieron para crear la primera asociación gallega, en A Coruña. Aunque nació con vocación de unir lazos y fomentar actividades de ocio, pronto jugó un papel clave en la lucha de los derechos del colectivo

Ser sordo hace 50 años equivalía a tener que formarse en un colegio especial, alejado de niños oyentes; a acudir acompañado a hacer cualquier recado ante la falta de intérpretes de lengua de signos que facilitasen la comunicación con otras personas o a quedar excluido de algunas formas de ocio como la televisión donde no existían los subtítulos. En este contexto es donde nació en 1970 la Asociación de Personas Sordas de A Coruña (Aspesor), la primera que se creó en Galicia y que tenía como objetivo "servir de encuentro a las personas sordas de toda la geografía gallega" y dar a conocer este colectivo, explica Manuel Andrade -presidente del comité organizador del 50 aniversario de la entidad- que reconoce que rápidamente la asociación también se convirtió en un referente en la lucha por los derechos de este colectivo.

La idea surgió en un bar de Cuatro Caminos. Allí se juntaban de forma habitual un grupo de sordos que, tras conocer la experiencia de otras comunidades, decidieron poner en marcha la asociación que partió con 69 socios fundadores y que ya cuenta con 150. Arrancaron en un local del Barrio de la Flores (para cambiarse con los años al actual de Pla y Cancela) y se centraron en actividades culturales, educativas y de ocio con el fin de "reforzar lazos y la unión entre personas sordas". Y aunque continúan hoy en día con un gran número de actividades dirigidas al tiempo libre de sus socios así como talleres, charlas o diferentes servicios, con el paso del tiempo vieron que tenían que jugar un papel clave en luchar contra las barreras de comunicación que limitaban el quehacer diario de muchos de sus socios y enfocaron sus tareas diarias también a visibilizar al colectivo y reivindicar sus derechos.

Unos de los principales problemas en sus inicios era que no existían los intérpretes de signos. "Había muchas barreras porque dependían siempre de un familiar para gestiones de la vida diaria como ir al médico, acudir a una reunión del colegio de los hijos o consultar con un abogado", explica la actual presidenta de la entidad, Susana Castelo, quien tiene claro que la vida de miles de sordos gallegos dio un giro de 180 grados hace 26 años cuando la Xunta habilitó un servicio de intérpretes. Eso sí, desde Aspesor reconocen que esta prestación podría mejorarse. "Son solo 25 intérpretes para toda la comunidad y el servicio es gratuito pero no si lo quieres el fin de semana. Estamos intentando que estén disponibles los siete días de la semana porque hay muchas solicitudes ya que aunque ahora hay opción también de videointérprete gracias a las nuevas tecnologías, hay quien prefiere el intérprete", añade. Más allá de ampliar el número de profesionales de este tipo que sirvan de enlace comunicativo, desde la entidad "luchamos porque haya una asignatura de lengua de signos en los colegios" y así sería más sencilla la comunicación.

Otro de los grandes cambios en este medio siglo de vida de la entidad es la formación de las personas sordas. Si hace décadas había que acudir a colegios específicos en donde solo había alumnado con discapacidad auditiva, ahora la gran mayoría está matriculado en centros ordinarios y cuentan con el apoyo de una red de intérpretes de la Xunta que les ayuda en todo lo que necesiten ya que las clases son principalmente de carácter oral. Tanto Andrade como Castelo tienen claro que "el desarrollo de la lectura" u otras habilidades "es mejor" en la enseñanza convencional, pero lamentan que se haya perdido "cierto sentimiento de identidad sorda que había en los otros colegios".

Pese a que desde Aspesor reconocen que se "ha avanzado mucho" en diferentes ámbitos, todavía queda para lograr "la igualdad en la accesibilidad" del colectivo. "Falta por concienciar, tenemos que seguir visibilizando nuestros derechos", dice Castelo, quien añade: "Es importante que en los hospitales o en la administración haya intérpretes para garantizar la igualdad con el resto de la población". Prueba de que hay camino por andar es que ni siquiera el ocio es igual de accesible para quien oye y quien no. "Hay poca programación en lengua de signos y cadenas que no tienen subtítulos, hay que romper con las barreras a la comunicación", indica Andrade. Aspesor contaba con una agenda de actos para el aniversario que ahora habrá que adaptar a la pandemia.

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