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Entre la calma y la confusión

La Marina se convierte en una zona menos ruidosa con la restricción del tráfico mientras los coches se ven atascados al tener que desviarse del área de preferencia peatonal

09.04.2016 | 11:34
Entre la calma y la confusión

El día 1 de la Marina más peatonal causó confusión en numerosos conductores de coches privados que desde ayer ya no pueden circular entre la sede de la Autoridad Portuaria y el jardín de San Carlos, reservada a transporte público y residentes. Los policías situados en cada extremo informaron continuamente de alternativas de circulación a los coches que tuvieron que desviarse de sus rutas. Por la mañana, menos ruidosa tras la marcha de los vehículos de reparto, protestaban comerciantes y hosteleros por el horario de carga y descarga, hasta las 11.00; por la tarde hubo colas de coches a la salida de los túneles

El comienzo de la restricción del tráfico rodado en la Marina constató que, pese a que el proyecto de transformación de la zona se anunció hace tres años, los trabajos duraron casi dos y en este tiempo se explicó reiteradamente que los coches privados ya no podrían circular en superficie, sobre todo en los últimos días, la información no llegó con claridad -o simplemente no llegó- a buena parte de los ciudadanos. Al menos en las primeras dos horas de circulación reordenada entre la Autoridad Portuaria y el paseo de O Parrote a la altura del jardín de San Carlos, en las que fueron constantes las consultas de los conductores a los policías locales porque ignoraban qué ocurría o porque al ser desviados en cada extremo del tramo desconocían qué camino alternativo podían tomar para ir a sus destinos.

La confusión también asaltó a los peatones, que, sorprendidos por la presencia policial en la zona para ofrecer información y por la repentina desaparición de turismos poco después de las once de la mañana, se acercaron a los agentes para enterarse de otros aspectos del tráfico (velocidad máxima permitida, vehículos autorizados para circular, lugares de cruce para caminantes), datos que aparecen en las señales verticales que hasta ayer se estaban colocando.

Entre las 10.00 y las 11.00 horas las aceras estaban ocupadas por numerosos coches y furgonetas de reparto ante los comercios y locales de hostelería de la Marina. Una vez que los agentes recibieron la orden de impedir el paso a los vehículos privados esas aceras quedaron totalmente despejadas de automóviles, libres al paso de los peatones, ya que después de las once la carga y descarga no está permitida. Por la calzada, solo autobuses y taxis circulaban a 20 kilómetros por hora. Y algún esporádico turismo de un residente en la zona.

Al impacto del contraste entre una Marina activa y otra calmada en un par de minutos contribuyó la disminución notable de ruido, sin motores, prisas ni bocinazos. Todo "un antes y un después", que diría el exalcalde Carlos Negreira, impulsor de la reurbanización de la Marina cuando gobernaba.

Su sucesor se acercó a la avenida de la Marina para hablar con los agentes. "Recuperamos este espacio para crear otro más humanizado", comentó Xulio Ferreiro, que avanzó un registro de residentes y un sistema de control por cámara y planes "a medio plazo" para urbanizar la zona de la Dársena.

El PP optó por criticar el inicio de la restricción por la "insuficiente información" y la manera "improvisada" con la que actuó el Gobierno local. La anterior responsable de Movilidad, reprochó que no se contrataran cámaras y no se informase de los cambios a residentes, comerciantes o repartidores. Dispositivos policiales estarán situados en cada extremo estos días.

Un choque parecido de impresiones se advertía entre los vecinos. "Ya era hora de que dejaran esto para los peatones", decía un hombre. "Qué horror, lo complican todo", coincidían dos señoras. Por la tarde los túneles absorbieron más tráfico y hubo colas de vehículos.

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