16 de febrero de 2020
16.02.2020
Opinión

Hospital, personas y ciudad

Los autores reflexionan sobre la ampliación en su ubicación actual. Analizan seis aspectos para debatir sobre el emplazamiento adecuado para la infraestructura, cuya magnitud va a condicionar el uso y la imagen de la ciudad en los próximos 50 años

15.02.2020 | 22:14
Recreación virtual del hospital facilitada por la Xunta.

En el siglo XIX los higienistas se plantearon la creación de entornos verdes para mejorar la salud física y mental de los ciudadanos. Tanto proyectaron nuevos parques urbanos, como incorporaron la vegetación al contexto edificado existente.

Una actitud que, en el primer tercio del siglo XX, fomentó que se construyesen dos hospitales cuyos planteamientos hacen hincapié en ella. Ambos organizados mediante pabellones exentos, destinados a pacientes y servicios médicos. El Grange-Blanche (actual Édouard Herriot) de Lyon, proyectado por Tony Garnier. Y el hospital de Sant Pau y la Santa Creu de Barcelona, ideado por Lluís Domènench i Montaner.

Desde que fueron construidos, se han aplicado a las intervenciones urbanas diversos enfoques teóricos, como el taylorismo o la economía de escala, en una búsqueda de la eficiencia en el ámbito social. Incluso en las infraestructuras sanitarias. La concentración de estas últimas se ha venido justificando por el alto coste de las instalaciones y de los equipos médico-quirúrgicos.

Atendiendo a esta consideración se inaugura a principios de los años 70 el actual Hospital Universitario de A Coruña en Eirís. Su ubicación semeja obedecer a circunstancias sobrevenidas. Algo que también ha sucedido con las Escuelas de Aparejadores y de Arquitectura en el lugar de Elviña. Y el sitio elegido no era entonces, ni parece ser ahora, el más adecuado para una instalación de este tipo, tanto por sus condiciones topográficas y parcelarias, como por la conexión viaria con la ciudad y el área metropolitana.

En los últimos meses se ha hablado de construir un nuevo hospital, o un nuevo complejo hospitalario. Se han barajado, o al menos así ha trascendido a la opinión pública, dos posibles emplazamientos: el entorno del actual hospital, en la zona de Eirís, y el recinto de la fábrica de armas en Pedralonga. Finalmente, los responsables políticos han optado por plantear la ampliación del hospital existente en el primero de ellos, justificando la decisión ante la dificultad de acceso a los terrenos de la fábrica de armas, la inconveniencia de realizar una modificación puntual del plan general vigente y, en última instancia, alegando que, consultada la comunidad sanitaria, esta prefería la primera opción. Una elección acompañada del anuncio de una inversión de 395 millones de euros.

Hagamos un inciso en este discurso, y observemos el nuevo hospital de Sant Pau y la Santa Creu. En su día „hace más de cien años„ se destinó a esa infraestructura una parcela „hoy en el interior del tejido urbano„ de nueve manzanas del Ensanche Cerdá, con una extensión de 13,2 hectáreas. Para entendernos, una superficie ligeramente mayor a la ocupada por la Ciudad Jardín de A Coruña, cercana a las 12,8 hectáreas. Entrado el siglo XXI, el lugar acoge un nuevo hospital, que se ha levantado en los terrenos no ocupados por entonces, respetando el proyecto inicial, e incorporando pequeñas instalaciones como el pabellón Kalida, una sala de estar para pacientes oncológicos y sus familiares. La propuesta construida mantiene el espíritu original, valorando la amplitud de la zona libre, que se extiende por el 40% de la superficie de la parcela.

Pero volvamos a la ampliación de nuestro hospital en Eirís, recordando la recreación virtual de la propuesta hecha pública. Se percibe una sobreocupación del terreno, con un residual espacio libre, tangencial al hospital. Un magma edificado de considerable volumen, en un ámbito situado en una cota elevada, que insiste en el error inicial. Tampoco la imagen proyectada responde a la realidad topográfica. Si usted ha acudido al centro hospitalario, seguramente se sorprenda por el plano casi horizontal en el que este parece asentarse, cuando la topografía real es abrupta y no facilita la accesibilidad.

La inconveniencia de esta propuesta no es una cuestión perceptiva, sino que se fundamenta en un análisis de mayor alcance. Veamos a continuación una serie de consideraciones que pueden ser de utilidad para aproximarse a una diagnosis.

1ª. El hospital, como infraestructura para la vida cotidiana, debería enfocarse hacia las personas-pacientes/familiares de pacientes, y hacia el personal sanitario. No hacia los números de cama/visitantes, ni hacia los trabajadores-números. ¿Qué enfoque se aporta? Es difícil que se oiga hablar de personas en lugar de eficiencia, de coste. El caso del paritorio de Verín, en Ourense, es

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