19 de junio de 2020
19.06.2020
La Opinión de A Coruña
Belén Iglesias
Médica de familia en la Casa do Mar y coordinadora del albergue de Riazor

"El mejor momento fue volver a ver a los usuarios; el peor, cuando había demasiados"

19.06.2020 | 00:54
La doctora Belén Iglesias, en la Casa do Mar.

Si hay un rebrote en invierno, ¿qué cosas se pueden repetir y cuáles ya no?

El problema del invierno es que va a haber virus estacionales que nos van a generar dudas. Lo más importante es que la gente se vacune masivamente de la gripe para que haya menos casos dudosos. Tenemos que seguir con la precaución. Tenemos que seguir manteniendo la distancia y abrazar con los ojos a la gente para no tocarnos e incorporar la higiene de manos a nuestro día a día. Esto también nos ha enseñado la importancia de la comunicación telefónica y tenemos muchos medios para comunicarnos y para no sentirnos solos. En este confinamiento ha habido mucha soledad, tanto de la gente que no ha podido ver a su familia como de los sanitarios que llegábamos a casa y nos teníamos que aislar en nuestra habitación.

¿Y volverían el albergue o la teleasistencia en caso de rebrote?

Las habilidades que hayamos adquirido las podemos utilizar. Esto es todo aprendizaje. No hay que ser alarmista, pero sí prudente. Es un momento para el autocuidado. Nuestra acción individual repercute en los demás.

¿Cómo nota a sus pacientes de la Casa do Mar?

Emocionados y yo también, que los echaba de menos. Son muchos años, desde 2006, pero hay que estar donde corresponde y esta vez tocó el albergue. Llevo viendo enfermos desde 1978, antes de empezar la carrera.

A la doctora Belén Iglesias le estaba esperando el dibujo de un niño en su consulta, cuando volvió a la Casa do Mar, después de más de dos meses de trabajo sin descanso contra el avance del coronavirus. "Gracias por cuidarnos", le ponía. Los pasillos del centro sanitario están huérfanos de pacientes ya que, si la dolencia se lo permite, son atendidos por teléfono, así que, el trabajo va volviendo a una normalidad que no es la que conocían. A la doctora Iglesias no le gusta el protagonismo porque considera que, todo lo que se ha conseguido, tanto en el albergue de Riazor, que se encargó de coordinar, como la puesta en marcha de la atención telefónica con médicos jubilados, es "un trabajo de equipo".

¿Cuánto descansó en estos casi tres meses de lucha contra el avance del coronavirus en la ciudad?

Casi nada, pero estoy cansadamente satisfecha. Fue un partido muy largo y la Liga todavía no se ha acabado, ha sido satisfactorio y la ventaja, como en todo, es no jugar sola, hacerlo en equipo.

¿Cómo fue la respuesta de los sanitarios que tenían que enfrentarse al coronavirus lejos del hospital, a los que no vimos?

Tengo muchísimo que agradecer. Todos los médicos eméritos que han trabajado tanto en el dispositivo de atención telefónica, como los voluntarios que fueron al albergue lo hicieron de manera voluntaria. Los médicos que ya habían colgado la bata cogieron el teléfono y dieron atención de una altísima calidad y los voluntarios del albergue se pusieron a trabajar fuera de sus horas, después de sus guardias o antes de entrar. La gente se fue apuntando sin tener que pedírselo. Para mí, lo más bonito del albergue fue la interacción con los técnicos de Servicios Sociales del Concello, con Cruz Roja y con todos los voluntarios sanitarios del área. Fue una experiencia inolvidable.

Se apuntaron tanto los más jóvenes como los más experimentados.

Sí, teníamos el entusiasmo de los residentes. He descubierto que no solo profesionalmente sino también humanamente son increíbles. No son solo buenos médicos sino que son médicos buenos. Creo que algo importante que hemos logrado es que la gente que estaba un poquito excluida de la sociedad convencional confíe en los sanitarios. Hemos hecho todo lo posible por cuidarlos al máximo. Hubo un día que vi que había urgencias odontológicas y hablé con René Beiro, la dentista de mi centro de salud, e inmediatamente se puso en contacto con nosotros el Colexio de Odontólogos, tuvimos la ayuda de psiquiatras asesores al teléfono, por ejemplo, el doctor Pereiro, que está en Aclad [Asociación Ciudadana de Lucha contra la Droga], para temas de dependencias, y la doctora Anabel González, que se incorporó de manera presencial.

Se fueron adaptando...

Sí, al principio, fue un dispositivo solo de triaje para evitar que el coronavirus entrase y ese objetivo se cumplió. La verdad es que no puedo decir que no haya tenido miedo de que eso pudiese ocurrir, porque llegamos a límites que pasábamos del confinamiento al hacinamiento, porque había demasiada gente en el primer dispositivo pero enseguida se abrió el segundo y entonces fue un alivio

¿Hubo algún positivo?

Detectamos uno en triaje, que ya no entró en el albergue. Tuvo una buena evolución y en tres semanas se le repitió la PCR y, cuando fue negativo, se le pasó ya al albergue.

¿Fue solo cuestión de prevención o también jugó un factor determinante la suerte?

El buen hacer hace que corras menos riesgos. Ante la mínima duda hacíamos PCR y aislábamos, aunque tampoco hicimos muchas. Las medidas de higiene fueron muy importantes, desde el cursillo de lavado de manos que hizo Carmen García, la enfermera que trabaja conmigo, hasta la desinfección. Se buscó muy bien la zona de triaje con mucha ventilación, porque al coronavirus las corrientes le vienen muy mal, aunque nosotros pasábamos, a veces, un poco de frío. Fue todo rodado, intervinieron muchas cosas, también la suerte, sin lugar a dudas, pero lo único que podíamos hacer era trabajar con rigor y humanidad. Pedimos las historias de los pacientes para saber cuáles podían tener inmunosupresión y para intentar mejorársela por si se infectaban que pudiesen sobrevivir. Primero fue una fase de apertura, después de adaptación a las necesidades y finalmente, de cierre para gestionar las altas.

Y también de despedida y de búsqueda de alternativas, ¿no?

Sí, cinco personas están ya trabajando, otros están en otros dispositivos. También pudimos conocer los servicios que hay en el área, el trabajo de Padre Rubinos, de Sor Eusebia o Casco. Es un momento de solidaridad que no podemos olvidar y del que tenemos que aprender, sobre todo, a trabajar juntos.

¿Cuál fue el momento más complicado?

Cuando veíamos que había demasiados usuarios en el dispositivo y no se abría el segundo. A nivel personal, la verdad es que, cuando no podías más, siempre venía un compañero que te ayudaba. Yo un día me desmayé y hasta me hicieron una PCR, aunque ya sabía que era agotamiento, pero todos nos cuidábamos. La frase más repetida del chat de los sanitarios era: "tranquilos, que voy yo". Era lo que teníamos que hacer, tampoco creo que hiciésemos nada heroico. Igual que hubo gente que se tuvo que quedar en casa sin hacer nada, que puede resultar más frustrante. Por lo menos, podíamos ayudar, cada uno en su oficio. Nadie puede decir que el mérito fue suyo porque es de la sociedad.

¿Y qué momento recuerda con más cariño?

Cuando fui a llevar la medicación que nos sobraba a Padre Rubinos y, de repente, vi que estaban allí algunas de las personas que habían estado alojadas en el albergue. Algunos mandaban besos, a otros se les llenaban los ojos de lágrimas. Fue muy gratificante, porque hicimos un trabajo codo con codo con Servicios Sociales y con las instituciones para reubicarlos y para ver qué era lo mejor para ellos, fue un día muy intenso pero muy bueno, hubo mucha gente que ayudó, desde los que hacían la dieta, porque había diabéticos y personas que celebraban el ramadán hasta quien donó la máquina de café y té para que pasasen el confinamiento lo mejor posible. Yo creo que hemos aprendido mucho.

En el caso de los sanitarios tuvieron que aprender día a día, con los protocolos que se actualizaban cada poco y con lo aprendido de otros países como Italia o China.

En Medicina todo es adaptación. En Atención Primaria siempre vivimos en la incertidumbre porque no puedes esperar a que llegue un cultivo para tratar una infección. No hicimos más que aquello para lo que ya estamos entrenados. La ventaja fue que todos compartíamos información y muchos ya llevábamos tiempo estudiando porque sabíamos que esto podría ocurrir, por ejemplo, hablando con compañeros de Italia. Yo, con el estado de alarma, me quedé más tranquila porque así todo el mundo sabía que había un problema. Ahora necesitamos que no se olvide porque, seguramente, nosotros físicamente no podremos resistir otra oleada con semejante esfuerzo y eso que en A Coruña, yo creo que se hicieron bien las cosas, aunque todo se pueda mejorar. Desde la gerencia se no se nos negó nada.

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