El Cheché futbolista, el Cheché represaliado, el Cheché hombre de mundo y el Cheché artista. Todos son uno, pero algunos más desconocidos que otros. A tres años del centenario de su nacimiento y con la vista puesta en realizar una exposición retrospectiva en su ciudad, la familia de José María Martín Rodríguez (A Coruña, 1924-2006), nieto de Médico Rodríguez, ha querido abrir una ventana en Instagram para reivindicar y difundir ese legado suyo más apegado a los pinceles, a los lápices y al objetivo de una cámara.

“Se conoce menos su aspecto artístico. Su obra merece ser vista, que se dé a conocer”, avanza su hija Marita Carmona, que siguió sus pasos en el mundo del arte y que se encarga de la iniciativa en redes y de dar los primeros pasos hacia una futura muestra. “No hay muchos futbolistas con una carrera pictórica y sería bonito reconocerlo”, asegura quien anhela el tercer regreso de Cheché a su ciudad tras el de 1949, para jugar en el Dépor después del exilio en Argentina y de que el padre del futbolista fuese asesinado tras el golpe militar, y el de 1968, para sentarse como técnico en el banquillo de Riazor y ser mentor de Arsenio.

Óleos y retratos de Cheché Martín

Antes y por el medio de esas dos fechas vio mundo, dejó huella en Argentina, Venezuela, Francia y México, y le calaron muy dentro esas experiencias. El hombre Cheché y el artista Cheché, que supuraba y expresaba todo lo vivido, no solo con su fútbol (jugó en Dépor, Barça, Atlético y Valencia y fue internacional español), también con su trazo.

“Es un autor prácticamente figurativo, un gran dibujante”, apunta antes de desgranarlo. “Abarcaba incluso un aspecto social, hacía retratos de personas desfavorecidas. En México uno maravilloso a una mujer que le ayudaba en casa y que era soldadera y en A Coruña a un famoso loco. Me recuerda a Tolousse-Lautrec y a esas primeras vanguardias. En dibujo se ve mucho esa etapa francesa (jugó en el Angers y visitaba París con frecuencia) y para mí son los mejores. La mexicana tiene fuerza y en el colorido me remite a un pintor argelino, a Atlan”, cuenta al tiempo que se centra también en su trabajo con la paleta: “En los óleos era más experimental con muchas referencias, eran mundos más abstractos, pero sin alejarse demasiado de la figuración”.

Una ventana virtual abierta al artista Cheché

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Marita Carmona, la más joven de sus hijos, lo recuerda siempre “pintando por la mañana y dibujando por la tarde”, ya alejado de los banquillos. Solo hizo tres exposiciones y en los últimos años de su vida, pero su obra es ingente, alguna ubicada en México o en diferentes puntos del globo. “Tenemos mucho trabajo ordenando y catalogando todo. A veces abres una carpeta perdida en casa y encuentras dibujos buenísimos”, relata. Compradores ilustres que conservan piezas suyas son, en otros, Arsenio Iglesias o Augusto César Lendoiro.

Ese escaso recorrido expositivo vino dado en parte por su perfeccionismo, aunque no le limitaba. “Era un trabajador contumaz. No lo bloqueaba, lo disfrutaba, se relamía”. Tenía tan interiorizado el método y el oficio que “cuando era mayor hacía dibujos mentales en el sofá sin tener el lápiz en la mano. Era un gesto muy suyo”, cuenta su hija.

Una ventana virtual abierta al artista Cheché

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Ese afán por el detalle y el análisis era con su obra y también con el resto. Ávido lector y vinculado en A Coruña en su juventud al grupo Amanecer y a la librería Lino, fue en 1952 uno de los primeros mecenas de Tàpies, al que compró un par de cuadros en Barcelona cuando era un desconocido.

Una ventana virtual abierta al artista Cheché

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